Una mina en el tobillo izquierdo
Silva, con dos goles y una gran actuación, le da el triunfo al Valencia ante un tímido Atlético
Silva tiene una mina en el tobillo izquierdo. Esa parte del cuerpo que le permite convertir en oro todo el fútbol que imagina su fascinante cabeza. Ayer, dos goles muy distintos: una sutileza en el primero; una explosión de potencia en el segundo, el tercero de su equipo, el que acabó por sepultar a un Atlético siempre a expensas de su rival. El mismo tobillo del que, ya casi al final del partido, salía humo cuando el masajista del Valencia trataba de calmarlo con un spray milagroso. El mismo que lo apartó del juego en los tres meses precedentes, convalenciente de una lesión. Su vuelta ayer a la titularidad transformó completamente al Valencia, que sin él había sido incapaz de marcar ante el Barça, el Sevilla y el Madrid. Y que, con él, se ve capaz de todo.
VALENCIA 3 - ATLÉTICO 1
Valencia: Renan; Miguel, Maduro, Albiol, Moretti; Joaquín, Albelda, Baraja (Fernandes, m. 66), Mata (Vicente, m. 81); Silva (Edu, m. 83) y Villa. No utilizados: Guaita; Del Horno, Angulo y Morientes.
Atlético: Leo Franco; Perea, Heitinga, Ujfalusi, Pernía; Assunçao; Luis García (Sinama, m. 63), Raúl García, Simão; Forlán y Kun Agüero. No utilizados: Coupet; Seitaridis, Antonio López, Pablo, Camacho, Miguel.
Goles: 1-0. M. 33. Villa, de penalti. 2-0. M. 38. Silva, con la puntera izquierda, bate a Leo Franco por abajo. 2-1. M. 45. Forlán, de penalti. 3-1. M. 68. Silva, de un zurdazo desde fuera del área.
Árbitro: Rodríguez Santiago. Amonestó a Raúl García, Baraja, Albelda, Perea, Heitinga.
Unos 25.000 espectadores en Mestalla.
El Atlético pagó la ausencia de uno de sus cuatro magníficos, Maxi, cuyo sustituto, Luis García, no dio la talla. Los cuatro magníficos fueron ayer los del Valencia: Joaquín, Silva, Mata y Villa. Sobre todo en una brillante primera parte tan sólo empañada por un último minuto de despiste. Albiol llegó tarde al corte, se internó Simão y, mientras, en el interior del área, Baraja derribó a Agüero. El penalti fue casi la única decisión en la que acertó el árbitro, que vivió una noche calamitosa. El potente disparo de Forlán dobló la mano derecha de Renan, que había adivinado la trayectoria.
El Valencia se marchó al descanso con cara de haber desaprovechado un fútbol directo, atrevido y veloz en el que el regreso desde el inicio de Silva cobró una importancia capital. Apenas era el segundo encuentro como titular del mediapunta canario -el primero había sido ante el Mallorca (3-0)- y su influencia resultó atronadora.
Emery apostó por Maduro como central en perjuicio de Del Horno, cuyo crédito quedó agotado ante Messi y ante Robben en partidos precedentes. Y el mediocentro holandés rindió como central a la perfección, muy encima tanto de Forlán como de Agüero, impidiendo que éstos desplegaran su destreza.
Leo Franco le señaló con la manopla su costado derecho. Villa, en cambio, le disparó el penalti al lado contrario. Los trucos psicológicos apenas sirven cuando se trata de Villa, un verdadero especialista. El penalti se lo había inventado el árbitro tras un piscinazo de Baraja. Claro que antes, en los cinco primeros minutos, el árbitro privó al Valencia de dos goles: el primero por un soplido de Villa a Heitinga; el segundo por un supuesto fuera de juego de Silva.
Miguel aprovechó la inercia para robarle la cartera a Pernía y entregarle el balón a Silva, que se encargaría de todo lo demás: adentrarse en el área y, con la puntera izquierda, batir a Leo Franco al segundo palo. Assunçao sólo sabía frenar a Silva en una falta tras otra.
El Atlético se desatascó tras el descanso. Avanzó sus líneas. Simão mantuvo el duelo más intenso con Miguel, su compatriota y amigo. Forlán empezó a soltarse tanto a las bandas como al centro del campo. Y Aguirre contribuyó al pretendido asalto con el cambio más esperado: Sinama entró por Luis García. El Valencia emitió síntomas de cansancio, lo que se escenificó en que Baraja bajara notablemente su ritmo. De ahí que Emery recurriera a Fernandes para oxigenar al equipo. Con un efecto inmediato. Joaquín aprovechó el receso para montar el ataque valencianista. Bueno, en realidad le dio el balón a Silva para que intentara jugarlo a unos 25 metros de Leo Franco. El grancanario no dudó. Avanzó con potencia y conectó un obús desde fuera del área que superó por un costado a un Leo Franco muy avanzado. Mestalla lo celebró con gran alborozo, consciente de haber asistido a uno de los goles de la temporada. Y a la mejor actuación de su equipo hasta la fecha. Gracias a Silva, claro.

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