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Reportaje:

Preparadas para cambiar el mundo

Las delegadas de la Marcha Mundial de las Mujeres diseñan el feminismo del futuro

Un suspiro hondo. Eso es lo primero que hace la coordinadora del Secretariado Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM), la brasileña Miriam Nobre, antes de hacer balance de los diez años transcurridos desde la movilización fundacional, en Quebec, de la red feminista más importante del mundo.

Este movimiento en el que se integran organizaciones sociales y culturales, partidos de izquierda, sindicatos y ciudadanos a título individual, tiene unos objetivos inmensos, recogidos en su lema: cambiar el mundo para cambiar la vida de las mujeres, cambiar la vida de las mujeres para cambiar el mundo. Evaluar el cumplimiento de tamañas intenciones es una tarea que las delegadas de la MMM hacen cada dos años. El encuentro que comenzó el pasado martes en la Residencia de Tiempo Libre de Panxón (Nigrán) es el séptimo, y el primero que se desarrolla en Galicia.

El programa del evento se cierra con una manifiestación, mañana en Vigo

La organización celebra además un foro sobre soberanía alimentaria

Después de echar la vista atrás a una década de trabajo, la activista tiene una respuesta clara a una pregunta difícil: "La Marcha supuso un cambio enorme en el discurso acerca del feminismo. En 1998 parecía que las reivindicaciones ya no eran necesarias y el estar en una organización se había convertido en algo más técnico que político. La Marcha es un movimiento militante y activo que sale a la calle y que se posiciona en las cuestiones que nos afectan a todas y todos. Y aún hay otro asunto capital: luchar para no perder los derechos conquistados, especialmente, porque los ejerzan las mujeres que viven en el sur del norte". Unidas para redoblar el alcance de sus análisis para cambiar las reglas políticas, sociales y económicas, las mujeres de la Marcha introdujeron en la agenda del feminismo todos los puntos calientes de un mundo convulso: paz y antimilitarismo, bien común y acceso a los recursos, violencia machista y trabajo de las mujeres.

El calendario de su 7º Encuentro Internacional tiene dos vertientes. Una es la que tiene lugar en Panxón y que corresponde a los debates internos sobre el avance del integrismo, el aumento de la militarización y del neoliberalismo y la definición del contenido de su próxima acción mundial, prevista para 2010. La otra es pública y se desarrollará este fin de semana en Vigo. Incluye la manifestación prevista para el mediodía de mañana desde la Praza do Rei, la construcción de un milladoiro tradicional, un encuentro de jóvenes feministas en el Centro Social Caixanova y la presentación de un volumen que recoge las actividades de la MMM.

Además de ejercer como anfitriona, la delegación local de la Marcha se ha embarcado en la organización de un foro sobre soberanía alimentaria, que recoge el testigo del que se celebró en Malí en 2007, y que analiza el derecho de los pueblos a decidir su modelo alimenticio y sus modos de producción agrícola, ganadera y pesquera. Esta parte del programa pretende, como indica una de las delegadas de la coordinadora gallega, Ánxela Lagoa, "visibilizar este movimiento tan oportuno en un país de labradoras como es Galicia".

Con los parámetros de la soberanía alimentaria llevan años trabajando mujeres como Gladys Alfaro en comunidades indígenas de Chiapas (México), o Nana Aicha Cissé, de Malí. Ambas tomarán la palabra en el foro, que tendrá lugar esta tarde en el Auditorio del Centro Cultural Caixanova. Cissé relatará cómo la presión de las mujeres y del campesinado de su país consiguió que el gobierno modificase sus leyes para garantizar el autoabastecimiento de la población.

El Sindicato Labrego Galego también impulsa la celebración del foro. La responsable de su secretaría de la mujer, Isabel Villalba, remarca una paradoja: "Siendo las mujeres las productoras mayoritarias, sólo el 1% de la tierra les pertenece; son las grandes excluidas de un modelo de producción industrial que, además, afecta a nuestra salud". Villalba denuncia el abuso de las multinacionales, que expolian la tierra, fomentan el despilfarro energético, erosionan la biodiversidad con la extensión del monocultivo y abusan de los agrotóxicos con el beneplácito de los gobiernos "y de la Organización Mundial del Comercio o la Política Agraria Común de la UE, que impone importaciones a países de productos que tienen en excedencia". Su mensaje también es rotundo: "Sólo hay que desandar el camino y hacer políticas en otro sentido".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de octubre de 2008