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Necrológica:

Un funcionario de hoy

Miguel Vidal fue un militante de la pedagogía ciudadana

Acaba de fallecer, en su pueblo de adopción, Cercedilla, Miguel Vidal Ragout, cuando todavía le faltaban tres años para cerrar la serie de los 40. Sucedió ayer, a causa de un infarto. Era hombre de exigencias altas pero andadura tranquila, que lograba hacer convivir dos rasgos difíciles de emparejarse: brillantez y responsabilidad, providal y eficacia.

Y además las ejercitaba en una actividad injustamente desconsiderada por la opinión pública popular: la funcionarial.

Miguel Vidal, una vez finalizados sus estudios universitarios en Periodismo e Historia, se incorpora al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado en febrero de 1990, y en menos de dos décadas cubre un notable periplo profesional muy concorde con estas cualidades.

Ese mismo año asume la dirección provincial del Instituto Nacional del Empleo de Madrid, para pasar a la Subdirección General de Relaciones Laborales de la Función Pública, siendo nombrado después subdirector general de Recursos Humanos en el Ministerio de Agricultura y acceder luego a la Subdirección de Planificación en el Ministerio de Administraciones Públicas, del que el pasado mes de mayo fue nombrado director general de Organización y Procedimientos. Para ello tuvo que dejar su cargo de director adjunto de administración del Museo del Prado, que había ocupado dos años antes. Miguel Vidal fue un militante de la pedagogía ciudadana que él practicaba en cursos y seminarios sobre recursos humanos en el sector público.

Miguel se extrañaba mucho del poco interés que suscitaba en la gente la competencia gestora, por no hablar de la honradez de los funcionarios, que eran quienes administraban los dineros públicos, es decir, los de todos. Miguel, el mayor de mis hijos varones, era un moderado de progreso que en más de una ocasión me repitió que hay tres ámbitos en los que el correr demasiado y el querer ir demasiado lejos suele pagarse caro: en la carretera, en la profesión y en la política. Miguel, hijo, estés donde estés, en estos momentos quiero que sepas que quedas en la memoria colectiva de los españoles como un hombre cabal que nos ha ayudado a fortalecer el prestigio colectivo, la excelencia social de los administradores públicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de agosto de 2008