Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:MODA

Y LA BIBLIA DE MODA SE HIZO MODA

Visionaire es la exclusiva publicación de formato siempre impredecible que obsesiona a la élite fashionista. Su última encarnación, en colaboración con Lacoste, es una colección de polos diseñada por Pedro Almodóvar o Karl Lagerfeld. Stephen Gan, su fundador, desentraña el porqué de su éxito.

CUANDO Stephen Gan tenía 25 años, se pateó las librerías de Nueva York con un artefacto que había ideado junto a sus dos colegas, la modelo Cecilia Dean y el maquillador James Kaliardos. Nadie, ni los grandes templos del papel ni las tiendas independientes, sabía qué hacer exactamente con lo que aquel fotógrafo y diseñador filipino tenía en las manos. "Me preguntaban, ¿es un libro o es una revista? No querían vender nuestro trabajo porque no sabían en qué estante colocarlo. Aún hoy no sé cómo hemos conseguido todo esto". Abre los brazos incluyendo en su frase a algunos de los más memorables números de la revista-objeto Visionaire, esparcidos sobre una mesa de diseño. Han pasado 17 años, y Gan está tan cómodamente sentado en esta silla en la central de Lacoste en París, a dos pasos de Place Vendôme, como en la cima de la edición de moda.

Su hijo predilecto, ese artefacto, se ha convertido en una publicación de moda y arte de culto con precios astronómicos en la que colabora lo más selecto de la cultura contemporánea, de Martin Margiela a Kurt Vonnegut. Hoy presenta su encarnación número 54, que, de la mano de la casa francesa, da el salto definitivo: una revista de moda que se puede llevar puesta. El que compre Visionaire Sport no pasa páginas, sino camisetas. En cada caja, por 250 dólares, tres de los 12 polos Lacoste concebidos en total por otros tantos artistas.

Cineastas como Pedro Almodóvar, músicos como Michael Stipe y David Byrne, fotógrafos como Nick Knight o Peter Lindbergh y, claro, diseñadores como Karl Lagerfeld. "La idea de que una publicación deba estar impresa en papel me parece muy estrecha y limitada. Y si aspiramos a hacer esto otras 50 veces en el futuro tenemos que seguir empujando los límites. Tal vez un número esté hecho con imágenes en el agua. No sé si eso es posible, pero tal vez un día lo sea. Siempre quise hacer un número que se pudiera llevar puesto, en todo caso. Hace un par de años, Cecilia habló con Lacoste y se empezó a plantear la posibilidad de hacer algo coincidiendo con el 75º aniversario de la marca. Pero nos ha llevado dos años llegar a consumar esa idea".

La filosofía de Visionaire es concebir cada publicación como una fiesta con una lista de invitados variopinta y una puesta en escena siempre original. El número 11 trataba de resolver la paradoja de contar algo sólo usando el color blanco y se convertía en un soporte táctil, lleno de braille y de bordados; el 19 reflexionaba sobre la belleza con una portada-espejo acompañada de máscara de pestañas y pintalabios; el 24 era un diálogo con Tom Ford que tomaba la forma de una caja de luz autónoma en la que contemplar el trabajo de Sam Taylor Wood o Andreas Gursky; el 47 se preguntaba: ¿a qué sabe el poder? ¿y el orgasmo? Respondía con imágenes acompañadas de pastillas con sabor y olor; el 50 era una caja con toys-matrioskas concebidos por 10 artistas de la talla de Alex Katz o Robert Crump. "Lo asombroso es que durante mucho tiempo sobrevivimos vendiendo a gente que llamaba y luego se pasaba por mi apartamento para comprar los números", continúa Gan. "De hecho, así es como conocimos a muchos colaboradores. Un día descolgué el teléfono y era David Bowie. Preguntaba si podía venir a casa a por una revista".

La imaginativa escalada de Gan no se ha limitado a Visionaire. Junto a sus compinches creó en 1999 V Magazine, una revista bimensual más convencional que sólo se permite una sola extravagancia formal: es enorme. Les gusta decir que si Visionaire es la alta costura, V es el prêt-à-porter. En 2003 le dieron un acompañante masculino, V Man, y Gan compagina el ajetreo desde 2001 con su trabajo como director de arte de la revista Harper's Bazaar. Las limitadas ediciones de Visionaire (suelen oscilar entre 1.000 y 4.000, en función del proyecto) se han convertido por igual en un objeto de coleccionistas y en un reclamo para grandes marcas como Vuitton, Van Cleef & Arpels o, ahora, Lacoste. Para unos y otros, acercarse a Visionaire es comprar un billete rápido a la modernidad. Una fórmula que muchos han querido replicar después. "Creo que Visionaire ha tenido alguna influencia", admite. "No me gusta decirlo así, pero creo que hemos ayudado a que otras publicaciones se abran a la idea de unir a artistas de diferentes campos. Antes las revistas de moda eran revistas de moda, y las de arte, de arte. Punto. De alguna forma, Visionaire abrió la puerta a mezclar arte con moda en imágenes. El problema es que ahora encuentras muchas revistas que son sólo una imagen tras otra, que no significan nada juntas. Me gusta cuando las cosas tienen un poco de dirección. Es bonito tener libertad, pero también que todo junto tenga un cierto mensaje común". En todo caso, a Gan no sólo no le molestan las copias. De hecho, las echa de menos. "¡Debería haber 20 más haciendo lo mismo que nosotros! No entiendo por qué el sistema no incentiva que surjan más. Éste es un arte moribundo, pero no quiero que muera conmigo. Quiero ver cómo continúa".

El primer número de Visionaire se tituló Spring, y tenía una ingenuidad confesa que está a años luz de la lujosa operación comercial en la que se ha convertido el proyecto. Estaba inspirado por un libro de fotografías de flores de Irving Penn. Gan, Dean y Kaliardos (maquillador) querían crear un "álbum de inspiración, un nuevo inicio". Cada hoja era de un papel distinto porque se hizo con los restos de una imprenta.

Colaboraron amigos y conocidos, como el artista Rubén Toledo o la jefa de Gan en la revista Details (donde trabajaba como editor de moda). El proyecto, cerca ya de su mayoría de edad, ha cambiado mucho, pero sigue manteniendo la llama de la vivacidad inicial. Una energía que se sentía en la tórrida fiesta de presentación del número 54, la noche anterior a la entrevista. Un barco atracado a orillas de la Torre Eiffel, cargado con colchonetas de plástico, en el que la gente perdió muy pronto, y con muchas ganas, los papeles. Allí estaba Ellen von Unwerth fotografiando a un espontáneo ataviado únicamente con un flotador de patito, y Karl Lagerfeld y Stefano Pilati cuchicheando en cubierta reclinados en tumbonas de lo más kitsch mientras Santogold tocaba en la sala de baile interior… Hay algo romántico en seguir con cuerpo de fiesta después de tanto tiempo. Y en seguir tan empeñados en conseguir algo. "Damos la bienvenida a cualquiera si su trabajo merece ser publicado. Es nuestro único criterio", defiende Gan. "Hemos dado muchas oportunidades. Fuimos los primeros en publicar a Inez y Vinoodh o a Mert y Markus. Es necesario ser valiente y experimentar. Atreverse y poner a alguien que empieza al lado de Bruce Weber. Y ver qué pasa. Si no tomas esos riesgos, ¿cómo va a progresar el mundo? ¿Cómo se va a renovar?".

www.visionaireworld.com y www.lacoste.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de julio de 2008