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Reportaje:INTERNET

La conspiración zombie

Un extraño fenómeno se está gestando en MySpace. Los muertos vivientes han saltado de las pantallas para reclamar su espacio en el mundo real. ¿Metáfora política, denuncia social, pitorreo o la más tierna inocencia? Mejor: las cuatro cosas a la vez.

Stoch Skowronski tiene 22 años y trabaja en Butera Market, una tienda de comestibles de Chicago. Nada fuera de lo común si no fuera porque Steve, además, es un zombi. De hecho, uno de los más populares de MySpace. Su alias: Zombie Boy. Los zombies viven de espaldas a la sociedad, explica por e-mail. Son la venganza ante tanta presión por tener que ir a la Universidad, por tener que conseguir un trabajo estupendo.

Algo tendrá que ver el videoclip de Thriller, de Michael Jackson. O el éxito de películas como Braindead o El amanecer de los muertos. O tal vez la creciente difusión vía eMule de cultos indies como Flight of the living dead. El caso es que la plaga ya es imparable. Hay que rendirse a la evidencia: ya ni siquiera hace falta que un zombi te haga el menor rasguño para que te contagien.

Los republicanos sueñan con un nuevo Reagan; los demócratas, con un nuevo Kennedy. ¿Por qué no devolverles a la vida? (Brett Dewey)

Julián González, JulianinZombie, diseñador gráfico de 35 años, también sintió hace unos meses la llamada del anarquismo utópico y libérrimo que corría como la pólvora en la red social de amigos de Tom. Ser zombi es el estado vital al que todos deberíamos aspirar. Son seres libres. No tienen que decidir qué se ponen por la mañana. Comen lo primero que pillan. No están obsesionados con encontrar pareja, ni siquiera con un polvo de una noche. Y lo más importante: no tienen por qué trabajar.

¿Una nueva tribu urbana? Sí, pero de puertas adentro. Están entre nosotros, a tu lado en el metro, en el mercado. Ser zombi es para ellos una actitud vital, pero también una soterrada protesta.

Cuando George A. Romero resucitó para el cine el lúgubre y ancestral mito de los zombies, jamás imaginó que, exactamente 40 años después del estreno de La noche de los muertos vivientes, algunos nietos de esos adolescentes que se agarraban las manos aterrorizados en las salas de proyección se iban a convertir en zombies, por propia voluntad y a través de una página de Internet. Y menos aún que lo harían en aras de una filosofía mal que les pese a muchos de ellos tan vitalista como la de vivir libres de ataduras.

Durante unos años tuve un perfil en MySpace, como todo el mundo, hasta que un día me di cuenta de que estaba harta de ser yo misma, declara por teléfono desde Portland Mrs Kat O Lantern, informática de 29 años, madre y zombi a la vez. Desde pequeña siempre me dieron mucho miedo estas criaturas. Aún hoy sigo pensando que no hay nada más terrorífico. Pero al mismo tiempo me caen simpáticos. No son malos, simplemente son así. Tienen una inocencia casi infantil. A Víctor Alonso, PepinoZombie, madrileño de 21 años y fotógrafo y estudiante de comunicación audiovisual, le inspiran igual ternura: Son gente despreocupada que sólo busca divertirse sin parar, sin necesidad de dormir para descansar. Es más: Víctor está convencido de que los muertos vivientes defienden mejor que nadie la idea de colectivo. Las películas de este género ensalzan valores bonitos como la amistad. Un zombi solo a lo mejor no puede hacer gran cosa, pero cuando se junta con sus amigos, la unión hace la fuerza, dice sin atisbo de ironía.

Lejos de alimentar ninguna clase de chiste, los fieles a este estilo de vida alegan que lo que pasa en MySpace no es más que una reacción ante lo que ocurre en el mundo real. ¿Una leyenda del terror convertida en metáfora política? Sí, pero sin pedantería ni falsos panfletos, aclara PepinoZombie. Por fuera parecerá una moda, pero encierra una protesta contra los convencionalismos, contra lo establecido. En un momento en el que la cultura del ocio te ofrece mil opciones distintas para ser como prefieras, ¿realmente es tan extraño que algunos elijamos ser zombies.

Brett Dewey y Mark Tavares son diseñadores de Humerus, una compañía de diseño gráfico de Santa Clara, California, y, desde hace unos meses, socios fundadores de zombiepresidents.com. Así resumen la filosofía de su página: Ningún candidato a la Casa Blanca representa a la mayoría de los estadounidenses. Los republicanos sueñan con un nuevo Ronald Reagan; los demócratas, con un nuevo Kennedy. Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿por qué no devolverles a la vida?. Deberían salir de sus tumbas y volver a presentarse como candidatos. De este modo nació uno de los portales online con más retranca del género, perfecto para quitarle hierro a la desidia política en la que nos vemos envueltos. En él, claro, venden camisetas para apoyar a tus presidentes muertos favoritos. Los zombies serán una alegoría de la desi¬lusión en la sociedad del bienestar, pero también son un buen negocio.

El discurso de Monique Motil, artista plástica de Chicago, es, en cambio, de todo menos político. Con su página web zombiepinups.com pretende explorar el lado sexy del asunto: las zombies pin-ups. Siempre he sido muy fan de la serie B y me preguntaba: ¿por qué sólo los vampiros pueden ser glamourosos?. Monique empezó un día cantando canciones de Cole Porter convenientemente disfrazada de muerta. Ahora prefiere hacer strip-¬teases. Y la última prenda que se quita es su propia piel. Si Betty Page levantara la cabeza sería zombi.

Pero, ¿qué pasa cuando estas criaturas toman las calles? Ohio, Cardiff, Buenos Aires o Alaska cuentan desde hace tiempo con sus propias marchas de cadáveres. Madrid celebró la suya el pasado 16 de febrero, fecha próxima al cumpleaños de George A. Romero, antes conocido como Día del Orgullo Zombi. R. P. Sephiroth, uno de sus organizadores, tiene 23 años, estudia imagen y sonido, escribe guiones y nos cuenta que se contagió del virus Z cuando en plena pubertad vio El día de los muertos vivientes por casualidad. Para él los vampiros representan la élite, mientras que los muertos vivientes son un reflejo de las masas. ¿Y qué diferencia a un no muerto de un vivo? Cuando veo en las noticias imágenes de macrobotellones o de marujas histéricas en las rebajas, veo zombies.

Zemi, 28, y Cris, 31, son novios residentes en Madrid. Y zombies. Pero no por ello se consideran una pareja demasiado particular. En el fondo todos somos zombies, aclara Zemi. Cuando cualquier persona no sabe muy bien qué hacer y va al centro comercial en busca de algo, hace un poco el zombi. Sin embargo, sí se pueden trazar ciertos hábitos de consumo comunes a todos los que practican a conciencia. Dicen escuchar tanto a Beethoven como a Marilyn Manson. Adoran el grunge de los noventa y el stoner rock. Leen a Bukowski, Stephen King, Lovecraft o Orwell. Pero, ¿cómo se alimenta un zombi vivo? ¿Sólo de cultura? Zemi nos tranquiliza: Yo como de todo lo que haya en la mesa. Y cuanto más, mejor. Como dice mi madre, me comería a mi padre por los pies.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de abril de 2008