Reportaje:TOUR 2007

Una bonita postal

El inicio de 'la grande boucle', un éxito sin precedentes tanto por la organización como por la participación y la seguridad

El Tour vivió ayer un prólogo maravilloso. La culpa la tuvo la incomparable ciudad de Londres, que se volcó en el evento. Hubo suerte, además: despertó el día resplandeciente y el pueblo se echó a la calle. Ya lo decía Leblanc: "El Tour es de la gente". En consecuencia, el inicio de la 93ª edición de la grande boucle resultó un éxito sin precedentes. De organización, de participación y porque la seguridad marcó en todo momento la jornada. Difícilmente vivirá el Tour un prólogo tan bonito como el de ayer.

Según la BBC, más de un millón de personas vivieron a pie de carrera el paso de los 189 corredores a pesar de que en Hyde Park resultó imposible diferenciar entre los que acudieron a ver el Tour, muchísimos, y los que sólo se acercaban para tomar el sol, hacer un picnic o pasear. Nadie vio asomarse a la reina al balcón de Buckingham Palace, pero, si vio el espectáculo por la tele, puede sentirse orgullosa a pesar de los atascos.

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Sonreía Ken Livingstone, el alcalde de Londres, mientras se acercaba a la rampa de salida. Eran las tres de la tarde y, a su lado, Bertrand Delanöe, el de París. Ellos dieron el pistoletazo de salida, que, a decir verdad, había empezado mucho antes. A las diez de la mañana ya había tramos del recorrido donde era imposible coger sitio, repletas las zonas de partida, en Trafalgar Square, y llegada, en The Mall; atestadas muchas zonas de Serpentine Road. Pagaron los caballos, a los que se les prohibió ayer circular por el parque. Era día de bicis y muchos aficionados aprovecharon las calles cerradas al tráfico para pasear. Los hubo muy ruidosos, como el español que, bandera rojigualda al cuello y megáfono en una mano, animaba a Contador; muchos vestidos con maillots de lo más coloristas y alguno con aspecto despistado, como un tipo que a las siete de la tarde abandonaba Kensington Park del brazo de su novio preguntando quién era, finalmente, el nuevo campeón del mundo. Y es que, aunque lo pareciera, no todo Londres miraba hacia el Tour. "¿El Tour? ¿Eso no pasa por Francia?", le preguntó Cristina Blanco, de Madrid, a su amiga Julene Bernaola, de Durango, poco después de las cinco de la tarde, cuando Klöden lideraba la prueba y ellas buscaba el camino de vuelta a Brighton. Según el dependiente de Merc, en el Soho, las ventas no disminuyeron ayer respecto a cualquier otro sábado del año.

Ayer, como siempre el 7 de julio, los niños de Saint George School cumplieron la tradición y sacaron a subasta benéfica sus cosas en el parquecito Lord Moon of the Mall. Por 50 peniques vendieron un libro infantil para aprender las horas en inglés; por una libra, Lisa, la mejor dibujante de la escuela, ponía a prueba al paseante en un emocionante duelo pictórico.

No era el Tour, pero también era Londres, la ciudad que ayer se convirtió en la mejor postal de sí misma y le regaló al Tour un día inolvidable.

Un corredor pedalea frente al Big Ben y el Parlamento británico.
Un corredor pedalea frente al Big Ben y el Parlamento británico.ASSOCIATED PRESS

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