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Reportaje:

Ronaldinho como síntoma

La situación del brasileño, ausente de los últimos ensayos, hace más vulnerable al vestuario y cuestiona el proceder del plantel

Al final de cada entrenamiento se sucede últimamente la misma pregunta en la sala de prensa del Camp Nou: ¿Y Ronaldinho?

Desde el servicio de prensa se informa reiteradamente de que Ronaldinho está en el gimnasio, aquejado de fiebre, siguiendo un plan de preparación especial; ayer se dijo que difícilmente jugará el domingo ante el Mallorca porque no le baja la temperatura de 37, 5º.

La respuesta, por repetida, provoca una cierta incomodidad, y más cuando se utiliza para chequear la situación de la plantilla del Barça. A saber: si Ronaldinho, y a veces también Deco y Eto'o, no están en el campo de prácticas quiere decir más o menos que las figuras se desentienden del trabajo colectivo en un momento en que el equipo precisa de la máxima implicación de sus futbolistas para remontar el vuelo.

"Estamos mejor que nunca, el ambiente no puede ser mejor", dice, enfadado, Belletti

En épocas de bonanza no se cuestionaban las respuestas del vestuario; ahora, en cambio, se pone un interrogante a ciertos mensajes, y más cuando los jugadores que marcan diferencias no comparecen ante los periodistas.

Ayer, Eto'o y Deco se incorporaron al grupo, que se entrenó con ganas bajo la dirección de un participativo Rijkaard. A voz en grito, se hizo escuchar el holandés, que insistía en la presión. A la gente, sin embargo, le continuaba preocupando Ronaldinho.

"Ronnie tiene mala cara. Estamos acostumbrados a verle sonreír, pero ahora no está bien", aseguró Belletti, molesto cuando se le pidió que detallara la sintomatología de su compatriota. "Su problema no es anímico, sino físico". Valdés se puso más serio: "No hay que hacer cachondeo". "Ha tenido mala suerte, sufre un proceso gripal y hoy ha pasado por el vestuario para que le vean los médicos. Espero que pueda jugar el domingo, porque es muy importante", añadió el portero, consciente de que el brasileño ha marcado 20 goles en 39 partidos, aunque sólo se le ha contado un tanto en los últimos seis encuentros.

No parece fácil que llegue a tiempo. Fuentes del club aseguran incluso que arrastra la gripe desde el pasado fin de semana y que ya jugó con fiebre en La Romareda. Ayer, el jugador se personó en el vestuario pero, ciertamente, tenía mala pinta: "Tiene los ojos hinchados, apenas puede tragar porque tiene el cuello muy dolorido. Está hecho un cromo", relataron quienes le vieron por el estadio.

Del estado físico del gaucho se habló casi tanto como de las manifestaciones de Eusebio en las que advertía sobre la conveniencia de cambiar el trato con la plantilla y abogaba en cierta manera por ser más exigentes. "A nosotros no nos ha dicho nunca nada de eso. Si tiene que hablar, que sea en el vestuario", le retó Belletti. "Estamos mejor que nunca, el ambiente no puede ser mejor", le reprochó el lateral, incómodo ante los periodistas La actitud de Valdés fue bien distinta: "Será que el cuerpo técnico ha hablado y pensarán que es bueno para el grupo. Nosotros obedeceremos sus decisiones como hemos hecho siempre".

Aunque Eusebio no habló de indisciplina, el ayudante de Rijkaard actuó como correa de transmisión de la charla que previamente habían mantenido el propio entrenador, el secretario técnico, Txiki Begiristain, y el presidente, Joan Laporta, preocupados por la falta de tensión competitiva del plantel.

No es la primera vez que desde el vestuario se desautoriza la denuncia de uno de sus propios miembros por utilizar a la prensa. Gudjhonsen fue reprendido después de la eliminatoria con el Liverpool por exigir una mayor complicidad y sacrificio, y Zambrotta también fue criticado por pedir más agresividad. Ahora, sin embargo, han tomado la palabra los técnicos porque se ha demostrado que los jugadores no han sabido corregirse y la autogestión de los problemas ha dejado de funcionar, A Rijkaard se le exige desde el club que intervenga para corregir las disfunciones, restablecer el orden y acabar con el conflicto de egos. Laporta ha pedido complicidad entre los futbolistas y compromiso con la entidad a fin de disputar la Liga y la Copa. Y, llegados a tal punto, se insta a cada jugador que actúe de acuerdo con sus responsabilidades. Ronaldinho, por ejemplo, es el tercer capitán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de abril de 2007