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Eurocopa 2004 | Una final inesperada

La transformación del Cíclope

Lento y torpe en sus orígenes, el central griego Dellas ha experimentado una mejoría espectacular

El Cíclope Dellas completó su metamorfosis en la noche del jueves. El gigante torpe y lento de sus orígenes se convirtió en el estadio Dragão en un defensa fino y elegante que coronó su cuento de hadas con un gol de plata en el minuto 116 de la semifinal ante la República Checa (1-0). "Ha sido el gol del pueblo griego", se apresuró a decir con voz suave y pausada Traianos Dellas desde sus imponentes 1,96 metros y sus 95 kilos.

"Es mi primer gol con la selección y espero marcar otro en la final", dice el héroe heleno

El Cíclope Dellas completó su metamorfosis en la noche del jueves. El gigante torpe y lento de sus orígenes se convirtió en el estadio Dragão en un defensa fino y elegante que coronó su cuento de hadas con un gol de plata en el minuto 116 de la semifinal ante la República Checa (1-0). "Ha sido el gol del pueblo griego", se apresuró a decir con voz suave y pausada Traianos Dellas desde sus imponentes 1,96 metros y sus 95 kilos. "Sí, es mi primer gol con la selección, y espero marcar otro en la final ante Portugal", sonrió mientras se ensanchaba su nariz aguileña y su brazo izquierdo sujetaba con firmeza el alargado trofeo que lo acreditaba como el mejor jugador de la semifinal. "Es el Coloso de Rodas", dijo de él su entrenador, Otto Rehhagel, en alusión a la estatua de esta isla griega que fue considerada una de las siete maravillas de la Antigüedad. Resultó inevitable: la noche se llenó de mitología, siendo como era Grecia la finalista y teniendo en cuenta sus nulos antecedentes futbolísticos.

Así que ahí estaba Dellas, de 28 años, con sus enormes pies que sobresalían de las chanclas, bien plantados en el suelo, disfrutando de la gloria con la máxima serenidad. "Rehhagel primero es un amigo y después es el entrenador", afirmó antes de explicar el momento sublime de su gol de cabeza. "Fui a rematar al primer palo porque sabía cómo centraba Tsartas. Lo conozco bien del AEK de Atenas".

Detrás de sus formas pantagruélicas, hay un espíritu gentil y delicado, amante de Roma y de la cultura italiana. Le encanta pasear por la ciudad eterna y frecuentar un bar del Trastévere donde se reúne con los amigos para tocar el piano y para cantar. El central griego habló el jueves en italiano, viviendo momentos de complicidad con los periodistas que siguen habitualmente al Roma, su club del último curso. Y no precisamente un gran curso. Sólo jugó ocho partidos, uno de ellos muy bueno ante el Parma, lo que no le sirvió para ganarse la confianza del técnico, Fabio Capello. ¿Y qué opina de la marcha de Capello al Juventus? De nuevo la sonrisa como mejor respuesta. Lo cierto es que Dellas sucumbió a la competencia de Chivu y del ya madridista Samuel, su gran amigo en el cuadro romano, prueba de que Dellas separa la rivalidad de la amistad. "Prefiero ser una buena persona a un buen futbolista", confesó.

El central heleno se precia de ser un hombre tranquilo y de palabra. La que le dio al Roma cuando estaba en el Perugia en 2001 y quedaba libre al final de ese ejercicio. Entonces el presidente del Perugia, Luciano Gaucci, llegó a un acuerdo para traspasarlo al Juventus. Pero él se negó, con todo lo que eso supone en Italia: que alguien le diga no a la poderosa Juve. De modo que Gaucci, un directivo que ha llegado a poseer tres clubes de distintas categorías, lo castigó sin compasión. El bueno de Dellas se pasó ocho meses entrenándose en solitario, alejado del resto del equipo. Ocho meses esperando que acabase la temporada para cumplir su sueño de jugar en el Roma.

Nunca le faltaron a Dellas ni el espíritu nómada ni las ganas de aprender. No se lo pensó cuando, estando en el Aris de Salónica, el club donde se crió, le llegó una propuesta del Sheffield United en 1997, que pagó por él tres millones de euros. Tenía 21 años y una carrera por delante. Se trataba de probar en la Segunda División inglesa y no se le iban a caer los anillos: ya había pasado antes por la Tercera griega cuando estuvo cedido en el Panserraikos. Dos temporadas en el fragoroso fútbol inglés le vinieron bien para curtirse. Entretanto, disputó la final del Europeo sub 21 que Grecia perdió ante España en 1998. Le costó tres años más debutar con la selección absoluta, ante Croacia, en abril de 2001.Para entonces ya había regresado a Grecia, al AEK de Atenas. Y como si no quisiera estar más de dos años en un sitio, volvió a marcharse y esta vez el destino ya sería la Primera División italiana: el Perugia.

Sus años en Italia coinciden con una espectacular evolución en su juego a pesar de que, entre el Perugia y el Roma, sólo ha disputado 16 partidos de Liga. Dellas llegó a Portugal con apenas 15 internacionalidades y el cartel de un defensa discreto sin nada a destacar. Pero lo abandonará metido en todas las alineaciones del campeonato y en compañía de Carvalho como la mejor pareja de centrales. Si Carvalho representa el central rápido y expeditivo por excelencia, Dellas será el tipo tranquilo que barre el área con seguridad y lanza a sus compañeros con grandes desplazamientos del balón. "Este triunfo servirá también para impulsar nuestros Juegos Olímpicos, que van a ser los mejores de la historia", proclama Dellas, consciente de haber dejado de ser un cíclope para convertirse en un dios griego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de julio de 2004