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Necrológica:

Fernando Manzaneque, ciclista, ganador de tres etapas del Tour

Fernando Manzaneque (Campo de Criptana, como Sara Montiel, 1934-Alcázar de San Juan, 2004) llegó a ser maillot amarillo del Tour. Un amarillo fugaz en el último Tour de su vida. Fue en 1967, cuando los ciclistas españoles que nunca fueron Bahamontes se especializaban en fugas imposibles, en cabalgadas incandescentes, en puras demostraciones de genio o mal genio individual, sobre el derretido asfalto de las carreteras francesas. Manzaneque ya tenía 33 años, corría con la selección española B, llamada incongruentemente Esperanzas, y estaba de vuelta de casi todo. La víspera de la travesía de los Pirineos entre Toulouse y Luchon por los puertos menos conocidos pactaron los dos equipos españoles que Manzaneque atacaría de salida y luego esperaría el ataque programado de Julio Jiménez, el relojero de Ávila, que podía ganar el Tour si lograba que el francés Roger Pingeon doblara la rodilla. Era la última oportunidad y parecía que, por una vez, los españoles, eternos cainitas, iban a ofrecer una lección de unidad, de táctica moderna, de trabajo en equipo. En efecto, Manzaneque se escapó de salida y, pedaleando desaforadamente, haciendo honor al apodo con que se le conocía -La Yegua le llamaban- acumuló minutos y minutos de ventaja hasta convertirse en maillot amarillo virtual. Fue entonces cuando su director, José Serra, se acercó con el coche a su lado y le gritó: "Levanta el pie, Fernando, espera a Julio". Porque Julio Jiménez ya había atacado, había partido dispuesto para la gloria. Pero Fernando Manzaneque no estaba por la faena. "Leches", le respondió a Serra. Dijo leches y aceleró más, aunque las fuerzas se le iban acabando. Resistió lo justo para ganar la etapa, pero ganó por la mínima, cuando ya se había desvanecido su ilusión amarilla, cuando ya Julio Jiménez perdió también su sueño.

Fue la tercera victoria en una etapa del Tour de Fernando Manzaneque, un ciclista poderoso y fuerte. Fuerte de piernas y fuerte de carácter. Peculiar y peleón. Manzaneque, cuyo hermano pequeño, Jesús, también se hizo ciclista, había debutado en el Tour muy joven para las costumbres de la época, cuando tanto costaba llegar a la selección española, en 1958, cuando tenía 24 años. El año siguiente formó parte del equipo que rodeó a Federico Bahamontes hasta su paseo de amarillo por los Campos Elíseos y en 1960 ya ganó su primera etapa, escapado al pie de los Alpes, entre Aix les Bains y Thonon les Bains. En 1961 logró terminar sexto en la general final. En 1962 el Tour se corrió por equipos comerciales, no por selecciones nacionales, y el ciclismo español aún no estaba preparado para mandar ningún conjunto. Sí lo hizo en 1963, cuando el Ferrys de Damián Pla, un maillot rosa de vanguardia, se lanzó a la aventura. Al frente del Ferrys, que instauró, a su pequeña escala, un star system a la española, estaban dos poderosos ciclistas conocidos por sus malas pulgas, Manzaneque y el cántabro José Pérez Francés. Aquel año Manzaneque, quien preconizaba para el invierno su tranquila vida en Campo de Criptana, sus partidas de julepe y parchís en el casino, sus castos paseos y visitas a la casa de su novia, quien le daba charla mientras bordaba, también ganó una etapa, entre Grenoble y Val d'Isère.

Después de dejar el ciclismo como corredor profesional, Manzaneque intentó variadas aventuras empresariales de variado éxito. Tan pronto se hacía millonario como se arruinaba. Era, decididamente, un hombre de excesos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de junio de 2004