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Entrevista:JUAN GARCÍA LARRONDO | Dramaturgo | Signos

"Los escritores tenemos algo de exhibicionistas, no falta de pudor"

Juan García Larrondo (Puerto de Santa María, 1965) siempre se ha sentido escritor, pero es en la escritura dramática donde su trabajo le ha deparado mejores frutos. Entre sus reconocimientos más destacados figura el II Premio Internacional Teatro Romano de Mérida, mención especial en el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca, el Marqués de Bradomín 1992, un segundo Premio Ciudad de San Sebastián y el segundo de Teatro Hermanos Machado del Ayuntamiento de Sevilla. También obtuvo menciones especiales en el Premio de Teatro Tramoya de Veracruz (México) y en el de Teatro Colosseo D´Oro de Roma (Italia).

Larrondo acaba de reunir tres de sus obras en el volumen Teatro de la memoria, editado por el Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) de Cádiz. Dicho título viene a sumarse a otras piezas como Seré isla (Primer Premio de Teatro Doña Mencía de Salcedo, 1999), Zenobia, Mariquita aparece ahogada en una cesta, La cara okulta de Selene Sherry y Noche de San Juan. Recientemente ha trabajado como guionista en las series televisivas Vidas Cruzadas, Plaza Alta y Arrayán, emitidas por Canal Sur.

Pregunta. ¿Qué es Teatro de la memoria?

Respuesta. El libro reedita dos textos ya publicados, El último dios, inspirado en las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, y Celeste Flora; pero también incluye el texto inédito Al-Mutamid, que estrené en 1998 en el Real Alcázar de Sevilla, y que en su día pudieron ver más de 30.000 espectadores. Sé que Teatro de la memoria no es un título muy original, sólo trata de recopilar mis escritos de contenido histórico y épico.

P. ¿No está la memoria devaluada en estos tiempos?

R. Yo no trato de reivindicar nada, pero es bueno recordar que no hay nada inventado, que debemos conocer el pasado para no cometer los mismos errores en que otros cayeron... Y al mismo tiempo, entender que tampoco pasa nada si los repetimos, lo importante es aprender de ellos y saber perdonarse.

P. ¿Somos el animal que tropieza dos veces con la misma piedra?

R. La mayoría de las experiencias que podamos tener ya les han vivido otros antes, y en cierto sentido consuela sentir que no estamos solos. La vida es breve y no da para demasiado. El problema de la memoria es que hoy todo es muy efímero, la información es excesiva, somos muy egoístas y pensamos que podemos poseerlo todo, que tenemos derecho a poseerlo todo. No nos paramos a reflexionar por qué estamos aquí, qué hacemos. La memoria es un necesario y pequeño paso atrás para impulsarse y dar un gran paso adelante, que nos permita mirar las cosas con mayor amplitud.

P. ¿Por qué es el amor el hilo conductor de las tres piezas?

R. Porque todo lo que se comete en su nombre es perdonable. Incluido este libro.

P. ¿Seguiría sintiéndose dramaturgo si no estrenara?

R. Para mí, lo que hago es teatro desde que empiezo a escribir. La escena, qué duda cabe, redondea el trabajo, permite que el texto cobre su sentido absoluto. Pero me interesa mucho más la palabra escrita que el actor, el director o la compañía que vaya a defenderla. Esto es algo que echo de menos en el panorama escénico actual.

P. ¿Y si no publicara?

R. Bueno, el teatro hoy es visto como el género pobre, se supone que existe sin necesidad de ser publicado, pero para mí es muy importante publicar. Quiero pensar que mis obras tienen la suficiente calidad como para trascender el momento en que se estrenan. Luego, el añadido escénico puede mejorar lo que he dicho, o no.

P. ¿Se pone nervioso en los estrenos?

R. Enfrentarte con el patio de butacas es un poco como desnudarse. Después de haber escrito en la intimidad, es como si te volvieran los fantasmas y los expusieran a la vista del público. Cuando se descorre la cortinilla del telón te asustas, todo se te escapa un poco de las manos. Es abrirse el corazón y decir "aquí estoy". Por otra parte, es cierto que los escritores tenemos algo de exhibicionistas, que no falta de pudor.

P. Su obra tiene una vertiente canalla y otra introspectiva, ¿cuál le atrae más?

R. En ambas disciplinas me siento bien, porque soy de risa y llanto fáciles. Pienso que, al fin y al cabo, son dos caras de un mismo sentimiento. La palabra griega tragicomedia me parece magnífica.

P. ¿Piensa en el público cuando escribe?

R. Obviamente. Pero no en 300.000 espectadores, sino en uno solo, abstracto y multiforme. Lo más importante es saber que puedo transmitirle una emoción.

P. Pero nunca ve la cara que ese espectador pone...

R. No tiene cara, tiene una máscara, y es mutable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de noviembre de 2003