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El zurdo que se inventó Van Gaal

Tras años en el olvido, Nano, gran promesa de la cantera del Barça, recala en el Calderón

"El Barcelona no contaba conmigo y el Atlético sí". Nano ya anunció que tenía los días contados en el Camp Nou cuando su nombre apareció en la lista de descartes del técnico, Frank Rijkaard, para la gira por Estados Unidos. A sus 21 años, Fernando Macedo da Silva Rodilla era consciente de que debía dar el salto definitivo a la élite y dejar el Miniestadi, su casa durante seis temporadas.

Futbolista de gran proyección, el gallego se convirtió en el jugador más joven en debutar en el Barça. Fue el 15 de agosto de 1999. Una noche especial para Nano. A sus 17 años, jugó por primera vez en el Camp Nou en un partido oficial. Lo hizo contra el Valencia y con el título de la Supercopa española en juego. Louis van Gaal, entonces el entrenador azulgrana, decidió alinearle en el puesto reservado a Rivaldo. Una decisión del holandés que sorprendió al no recurrir a Zenden, el relevo natural del brasileño.

Cosido a la banda izquierda, Nano se las tuvo que ver con Angloma, que le dobla en edad. El chico no se arrugó. Su físico, 1,85 metros y 80 kilos, le permitió aguantar el uno contra uno. Hubo más. Nano desplegó en su debú un buen repertorio de centros con rosca, sentido táctico y remate. El público quedó prendado de su juego.

Aquella noche, Nano vio cumplido su sueño. Hacía tres años que había llegado a La Masía, procedente del Ural, filial del Depor. Por entonces no tenía mayores perspectivas que las de jugar en el filial, en Segunda B.

Un año antes, en 1998, Arsène Wenger, el técnico del Arsenal, quedó prendado de Nano en el Mundialito sub 15 que la selección española disputó en París. El club inglés cursó una oferta irrechazable: un contrato de cuatro años, a 600.000 euros por cada uno, para el juvenil y un puesto de trabajo para su padre. A Nano le bastaba con cambiar de residencia para formalizar su traspaso. Pero, después de que el delantero se proclamara campeón de Europa sub 16 con España, el Barça abortó su marcha con dos decisiones: le ascendió al filial junto a Arteta y Reina, otros triunfadores sub 16, y le presentó un contrato hasta 2004. Una ficha cercana a los 600.000 euros convenció a los Macedo para que Nano se quedara de azulgrana blindado.

Tras su debú, ante el Valencia, Nano pasó del desván al escaparate. Pero una lesión en un tobillo paralizó su proyección. Además, el juvenil, convertido en millonario, ya fue advertido por el club azulgrana por llevar una vida privada irregular. Llorenç Serra Ferrer, entonces responsable del fútbol base del Barça, aconsejó al jugador que no llegara a los entrenamientos del filial con un Mercedes descapotable.

Nano volvió al desván, al olvido más absoluto, a jugar de nuevo en el filial, hasta que Radomir Antic lo recuperó meses atrás para el primer equipo, en el que llegó a jugar cuatro partidos. No fue suficiente. El club le dejó libre. Y con la carta de libertad llegó al Atlético, que le ha abierto sus puertas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de agosto de 2003