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LA VENTANA DE MILLÁS

Los anticuarios

Los dueños de la tienda de chuches de al lado de mi casa venden con rencor. Cada vez que les compro golosinas me duele la barriga. Mis hermanos y yo les llamamos 'los anticuarios'. Ellos a nosotros no sé cómo nos llamarán. Les molesta tanto que nos llevemos los Kinder-Sorpresa, tan cuidadosamente colocados en sus estanterías, que si por ellos fuera no los venderían. Y nosotros nos comemos los Kinder-Sorpresa pensando que es una antigüedad del siglo pasado. Nos juramos no volver a comprarles más, pero los puñeteros 'anticuarios' son los únicos que abren los domingos.

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