Ir al contenido
_
_
_
_
TEATRO

El tango nunca muere

Para el autor es una obra que trata de la familia, y que "habla de un joven que se hace mayor y necesita marcharse para culminar su proceso de crecimiento como persona". Para mí es una sucesión de historias de parejas sexuales: la que más me interesa es la primera en la que Vicente Camacho y Sara Illán viven amor y desamor, mientras Alberto de Miguel comenta la situación, la revela de una manera excelente; entiendo de ella la enumeración de tangos y de su sonido me da una clave de comentarista, y la forma en que se desarrolla la acción en un decorado bonito y neutro, con unas escaleras que algún momento impensado se iluminan, como pasaba en los tiempos en que este teatro se dedicaba a la revista. Las otras escenas se repiten entre distintos personajes, y termina siendo Amparo Pamplona la que, con el mismo acierto, comenta la acción principal. A mí esto me gusta, este ciclo que no se cierra nunca; las paradojas de la escenografía, la exactitud entre las palabras y los gestos por la dirección de Juanjo Granda, la tristeza del amor, la repetición. Pero no encuentro relación con lo que explican autor y director, ni siquiera concordancia entre ellos.

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_