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COLUMNA

Festa

Intangible o inmaterial. El calor húmedo de la basílica de Santa María, cada agosto, la condensa en Elche como una joya efímera desde hace seis siglos, en lo que constituye el auténtico misteri de la Festa. El drama lírico, que no auto sacramental como proclama erróneamente alguna divulgación apresurada, ha acumulado sobre su intangibilidad estratos centenarios de cultura musical y escénica, desde sus oscuros orígenes en el siglo XV hasta nuestros días. La Unesco la declaró el viernes patrimonio de la humanidad. Habrá que acompañar a los apóstoles cuando, al dar entrada al ternari, cantan: 'E anem tots ab amor i alegria'. Habrá que estar con los ilicitanos que celebran este reconocimiento simbólico como un éxito colectivo. Y habrá que hacerlo porque el acontecimiento va más allá de la distinción a 'un testimonio vivo del teatro religioso europeo de la Edad Media'. El organismo internacional, al fin y al cabo, ha incluido la Festa d'Elx en el patrimonio 'oral' de la humanidad. Lo que quiere decir que, en sus partes monódicas y en sus polifonías, cuyos ecos todavía resuenan en rincones del Mediterráneo como Cerdeña o Sicilia, en sus emocionantes restos de melodías medievales, en el contrapunto del arpa y la guitarra para los ornamentos vocales del araceli o en los pliegues de sus espectaculares melismas, descansa la palabra expresada en dos lenguas: una de ellas muerta, el latín de dos de sus salmos; la otra viva, la de la representación que se demora a lo largo de casi 250 versos. Se trata del valenciano, o lo que es lo mismo, de la lengua catalana en sus confines meridionales. Puso un énfasis especial el escritor Juan Goytisolo, presidente del jurado internacional, en la necesidad de preservar los 'tesoros vivos' de las 3.000 lenguas habladas en el mundo. El objetivo de la Unesco no se reduce a la arqueología. Y si hay que cumplir el compromiso, habrá que extenderlo a la sociedad que hace del Misteri la joya de un idioma todavía vivo. El País Valenciano asume, así, un deber ante el mundo respecto de la lengua que comparte con otros territorios. Sólo cabe exclamar, como ocurre en la Festa: Nosaltres tots ho crehem. Cantem senyors.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de mayo de 2001