Reportaje:

Hachís en el estanco

El ascenso imparable del tráfico y consumo de cannabis coloca a la justicia internacional ante la disyuntiva de ablandar las leyes. Suiza legaliza la venta y la producción. ¿Cuándo se sumará España? Un periodista de EL PAÍS ha seguido la ruta del hachís, desde su cultivo a su venta

Hassan cruza las piernas, estudia al periodista durante unos segundos. Y pregunta:

-¿Estarías dispuesto a comprarme mil kilos de chocolate?

Chocolate para él, como para millones de personas en España, es sinónimo de hachís, resina solidificada que se extrae de la cannabis indica, también conocida como cáñamo o marihuana.

La estancia, en una diminuta aldea del norte marroquí, permanece sólo iluminada por una vela y la luz intermitente del móvil plateado de Hassan, un artilugio diminuto de 70.000 pesetas, único testimonio doméstico de los avances del siglo XX. La ropa se lava a mano y el pan lo cuece cada familia en su horno de leña. Las hermanas de Hassan, al verle, le han besado la mano y se han ido a preparar el té. Nos hallamos en el corazón del Rif, lo que los fumadores de hachís de toda Europa conocen como La Montaña.

EN DOS AÑOS SE HA PASADO EN ESPAÑA DE NO HABER TIENDAS DE SEMILLAS DE MARIHUANA A REGISTRARSE MÁS DE CIEN

Para llegar a las inmediaciones de Bab Barred, a 1.800 metros de altura sobre el nivel del mar, ha sido preciso atravesar dos controles policiales en la carretera y después ir sorteando a los vendedores que desde el borde de los barrancos te persiguen con sus coches, gesticulan para que te detengas y te ofrecen 'el mejor chocolate' de todo el Ketama y Bab Barred. Hace unos tres años esos automóviles acababan atravesándose en la carretera para que el extranjero apreciase el perfume, textura y color del material. Ahora todo es mucho más discreto. El Gobierno marroquí ha reforzado su lucha contra el tráfico de hachís aunque, paradójicamente, aún no ha movido un dedo contra el cultivo de la planta.

El pasado 9 de marzo, sin embargo, el Gobierno se comprometió por primera vez ante la ONU a terminar en un plazo máximo de siete años con todas las explotaciones de cannabis, una planta cuyo aroma se extiende en verano a lo largo de unas 65.000 hectáreas, según el propio Gobierno -85.000, según la agencia antidrogas de Estados Unidos- y de la que viven al menos unas 12.000 familias, una vez más, según fuentes oficiales marroquíes.

Pero mientras Marruecos declara que pretende cerrar su mano, Europa la abre. En Portugal se aprobó hace varios meses despenalizar el consumo privado, como en España. La misma actitud ha seguido Bélgica. En Francia, los principales diarios han emprendido una campaña para reformar las leyes, en vista de que el consumo cada vez va a más. Pero el paso más grande lo emprendió el Gobierno suizo el pasado 9 de marzo. Elevó una propuesta al Parlamento para que se legalizara no sólo el consumo y la venta -como en Holanda-, sino la producción, algo que revolucionaría, de aprobarse definitivamente, el mercado del hachís.

-Mil kilos, amigo. Si lo pruebas, repites.

Una tonelada de hachís, al precio 'negociable' que ofrece Hassan supone desembolsar unos 150 millones de pesetas, a los cuales se les puede extraer un beneficio hasta cuatro veces mayor una vez en España. Hassan no dispone de terreno suficiente para cultivar mil kilos, pero conoce mayoristas de confianza a quienes recurrir.

-Estoy hablando de un camión -continúa Hassan-. Yo lo pongo, un camión bien preparado. Al camionero, también. Y te digo una cosa: si lo haces una vez, seguro que repites.

Hassan ya se ha comprometido a que un trabajador de los suyos muestre el proceso por el cual esas ramas secas que se cosecharon el pasado verano se conviertan mañana en polen recién hecho, listo para vender, con el simple proceso de coger una palangana de un metro de diámetro, cubrirla con dos capas de plástico, como si fueran preservativos, y apalear las ramas con dos varas de un metro cada una, como si tocara un inmenso tambor. Incluso nos ha mostrado él mismo cómo se fabrica un caramelo de los de 160.000 pesetas el kilo. Hassan les prepara a sus 'amigos' -nunca dice clientes- franceses, españoles, belgas, británicos, suecos o italianos unas cien bolitas de 10 gramos, o 50 de 20 gramos, según el gusto del consumidor. Coge el polen, lo moldea con fuego, lo enfunda con un plástico fino y ya está fabricado el caramelo. Una vez pasada la frontera, el cliente de Hassan defecará el cargamento. Tal vez lo adultere con azúcar, harina, serrín o cualquier otro elemento y lo venda por el triple o el cuádruple de su valor.

Hassan ha accedido a mostrar todo eso. Pero le resulta difícil creer que el supuesto periodista no pretenda comprar nada.

-El hachís no es como la coca o la heroína. Hay mucha diferencia, amigo.

Hassan no es el único que distingue entre drogas duras y droga blanda. A este lado de la frontera, juristas como la portavoz de Jueces para la Democracia, Monserrat Comas, o Adrián Salazar, portavoz de la Unión Progresista de Fiscales, o el magistrado del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín, se muestran a favor de la legalización. Para Monserrat Comas resulta inadmisible que la mera tenencia de hachís pueda acarrear multas por la vía administrativa. Sólo el año pasado, la Policía Nacional efectuó 22.102 denuncias por la simple tenencia de hachís. Pero las cifras de la Guardia Civil, reveladas esta semana durante una comparecencia en el Congreso del director general, Santiago López Valdivieso, resultan aún más ilustrativas: 'Durante el año 1997 se hicieron 40.093 denuncias [por la simple tenencia], aumentando a 42.200 en 1998 y a casi 54.000 en 1999 y alcanzando en el año 2000 la cifra de casi 59.000 intervenciones, lo que supone un incremento de cerca del 50% desde el año 1997 en este tipo de actuaciones'.

En España está penalizado el consumo público. 'El ejemplo claro sería el de desnudarse en casa y desnudarse en público. La ley sólo penaliza este último extremo', señala una fuente del Plan Nacional de Drogas. La tenencia de marihuana o hachís -la ley no especifica a partir de qué cantidad se convierte en tráfico- puede acarrear sanciones que van de las 50.000 pesetas al medio millón.

José Luis Félix, magistrado del Juzgado de lo Penal número 8 de Barcelona y portavoz en Cataluña de Jueces para la Democracia, cree que en cierta forma la ley promueve el cultivo privado de la marihuana. 'Desde que uno le compra hachís a un camellito en una plaza hasta que llega a su casa, puede ser detenido por la policía. La persona queda entonces al albur del juzgado que le toque en ese momento, quien determinará si se trataba de una cantidad para uso propio o para tráfico. Por tanto, para no correr riesgos inncesarios, el marco legal casi promueve la plantación en casa', concluye el magistrado.

Lo promueva o no, el hecho es que desde hace apenas dos años se ha pasado en España de no haber ni una sola tienda de cultivos -las que se conocen como grow-shop y dispensan semillas de marihua-na- a registrarse más de cien. El Interior, la tienda de J. Carulo Abellán, en Barcelona, es una de las pioneras. ¿A qué se debe esta eclosión tan reciente?

-La gente no se atrevía a abrir tiendas -contesta Carulo-. Faltaban cojones. Todo el mundo sabía que tener semillas era legal. ¿Pero quién se iba a atrever a venderlas? La gente las traía de Holanda o las compraba por Internet. Nosotros empezamos anunciándonos en la revista Cáñamo y al cabo de seis meses, le quitamos muchísimo miedo a todo el mundo. Venía gente de todas partes de España y de Francia también'.

Carulo adiestra a su clientela en los arcanos de la técnica conocida como mar verde, seagreen, basada en colocar muchas plantas pequeñas y ni un solo espacio libre. 'En un metro cuadrado, con 400 vatios, en caso de que sea cultivo interior, cada 45 días se consigue hasta 300 gramos de marihuana, lo cual da hasta para 10 petardos al día. Y el coste, vendría a ser de unas 48.000 pesetas con nuestra oferta o 70.000 sin ella. Ahí van semillas, equipo de iluminación, fertilizante, temporizador, preventivo antiinsecto, mezcla de tierras, macetas, termo, hidrómetro, etcétera, todo incluido. Y si se dispone de terracita, entonces sólo sale por unas diez o doce mil pesetas'.

En Estados Unidos los joint, o porros, se suelen fumar sin tabaco, todo marihuana. En la mayoría de los países europeos, sin embargo, se acompaña una pequeña dosis de hachís o marihuana con el tabaco de un cigarrillo.

En 1996 un total de 1.613 personas en España fueron admitidas a tratamiento por consumo de cannabis. La cifra ascendió a 2.825 en 1999. La edades de los supuestos adictos al hachís: jóvenes en torno a los 22 años.

Para Gaspar Fraga, director de Cáñamo -revista de publicación mensual y venta de 35.000 ejemplares al precio de 600 pesetas-, el 'truco' que se esconde tras las cifras de los 2.825 jóvenes 'adictos', es más que evidente: 'A los chavales se les da a elegir entre pagar una sanción administrativa que suele rondar las 60.000 pesetas, o someterse a un programa de desintoxicación', señala Gaspar Fraga. 'Y está claro que muchos eligen el programa'.

Gonzalo Robles, el delegado del plan, reconoce que no dispone de datos para corroborar cuántos de esos miles de 'adictos' acudieron huyendo de la multa.

En cualquier caso, el consumo de hachís, según reconocen los detractores de su legalización, no disminuye: 700.000 consumidores habituales en España desde hace más de cinco años. El tráfico ilegal, tampoco disminuye.

La reciente decisión del Parlamento catalán de llevar al Congreso la propuesta de legalizar el uso terapéutico de la marihuana resulta para algunos una clara muestra, 'aunque insuficiente y engañosa', según el magistrado Félix, de que las cosas están cambiando. Para otros, como el delegado del Plan Nacional de Drogas, Gonzalo Robles, es algo que no debe confundir y provocar un debate sobre su legalización. 'A nadie se le ocurriría legalizar el opio porque haya muchos medicamentos fabricados con opiáceos', arguye el delegado.

Pero puestos a entrar en el debate, Robles no rehúye ofrecer argumentos: 'Para legalizarlo se necesitarían estudios que nos digan que lo que hacemos no es lo correcto y además... que la alternativa es mejor. Las políticas restrictivas están siendo un éxito. Se prohíbe fumar en los trenes, se prohíbe la publicidad y la venta a menores porque ha quedado claramente demostrado que a mayor acceso a una droga, más consumo. Las hectáreas destinadas al consumo de opio a principios de siglo en el mundo eran mucho mayores que las de ahora. Y en consecuencia, el consumo ha disminuido. El crack está en declive y la heroína también. El hachís, estable. Pero, además, ¿somos tan ingenuos de pensar que iban a desaparecer las mafias con la legalización?', pregunta Robles.

De momento, se hace lo que se puede contra el tráfico ilegal. La Guardia Civil ha aumentado las dotaciones de perros en la costa que linda con Marruecos. Ahora son 60 y se espera aumentarlos en breve. 'Pero es muy difícil que el animal huela algo en unos camiones tan grandes con tanto olor a gasóleo', reconoce el coronel Atilano Hinojosa, del Plan Nacional.

-Lo que da olor, lo que de verdad huele, es la cara del que lleva la droga cuando ve que el perro se acerca adonde la tiene metida -señala Hassan-. Si se recubren bien de cera los huecos es imposible que el perro huela nada'.

Hasta hace pocos años eran lanchas motoras las que atravesaban el Estrecho. 'Ahora', relata el coronel Hinojosa, 'las embarcaciones son más potentes que nunca. Llegan desde el Rif a Girona, Alicante, Baleares y hasta a Italia con barcos que superan los 15 metros de eslora. En vez de 500 kilos, ahora llevan 3.000 de una tacada'.

Cada día, los agricultores como Hassan se apropian de tierras vírgenes en el norte de Marruecos, talan árboles centenarios de hasta 30 metros de altura y cultivan más y más cannabis. Existe una asociación ecologista en la ciudad de Chaouen (40.000 habitantes) que ha denunciado el esquilmamiento de los bosques a manos de los bisnistas. 'En 1960 había en la comarca de Chaouen unas 15.000 hectáreas de pinsapos, que es una especie de árbol autóctono. Hace 10 años pasaron a ser 6.000 Y ahora sólo hay 3.000', señala Mofadal el Merzguioui, coordinador de la asociación ecologista Talassemtane. 'Los habitantes de esta zona dicen que el terreno de los bosques les pertenece históricamente a ellos, porque los colonos españoles les cedieron títulos de propiedad. El Gobierno marroquí, sin embargo, no se siente responsable de esos títulos, dice que son de propiedad pública y les pone multas. Pero a los agricultores les compensa pagarlas. El resultado de todo esto es que hace 15 o 20 años, los martes, que es el día del mercado en Chaouen, la gente de La Montaña bajaba con la miel, la patata, el trigo y la menta. Ahora llegan con las manos vacías y la menta hay que comprarla en el sur de Marruecos. La gente se ha acostumbrado a trabajar sólo en marzo, que es cuando se siembra, y en julio y agosto, que es cuando se cosecha'.

Trabajo no les falta a los campesinos porque la demanda de marihuana no disminuye. Hasta en Francia, considerada por los fumadores de hachís el 'gendarme de Europa', el consumo va a más. El jueves 15 de febrero, Le Monde publicaba: 'La generalización en el uso del cannabis relanza el debate sobre su despenalización'.

Mientras en Bélgica el pasado 18 de enero se autorizaba el consumo privado, y en Portugal la ley se adaptaba a la española, despenalizando el uso privado, en Francia aún continúa vigente una norma de 1970 que prevé condenas de un año por consumo de marihuana. El resultado de ese contraste entre ley y realidad provoca situaciones surrealistas. Michka, una cultivadora francesa de cannabis presentó el pasado mes en la feria de los agricultores de París su libro Por qué y cómo cultivar el cáñamo. Los policías le confiscaron todos los ejemplares. 'Después de pasar por comisaría y de ser interrogada por la Brigada de Estupefacientes', declaró Mich-ka a EL PAÍS, 'recuperé los libros al día siguiente y los volví a presentar en la feria. Ante mi sorpresa, llegó de nuevo la policía y me dijo que el libro podría venderse, pero... ¡sin ser expuestos! Con lo cual, los tuve que cubrir con una cartulina'.

El suceso trascendió a los medios. El domingo 24 de febrero, el diario Libération titulaba en portada: 'Cannabis: la prohibición trasnochada'. Y debajo, el siguiente subtítulo: 'Mientras que sus consumidores aumentan cada vez más y los países vecinos se aprestan a despenalizarlo, Francia mantiene una legislación represiva'.

Así que antes de que el libro Por qué y cómo cultivar el cáñamo apareciese en las librerías, cosa que ha ocurrido esta semana, la autora vendió in situ, en la feria de agricultura, y con los libros tapados por una cartulina, 3.000 ejemplares.

Pero el gran paso lo ejecutó la semana pasada el Gobierno suizo al aprobar una propuesta de regulación del consumo, la venta y, lo que es inaudito, la producción. Ahora el Parlamento deberá debatir la propuesta del Gobierno. Y en caso de que sea aprobada, deberá someterse a referéndum. En tres años, Suiza puede convertirse en el primer país del mundo que regule todo el proceso de plantación, distribución y venta de hachís.

En la ciudad suiza de Berna se celebró hace tres semanas la feria internacional del Cannabis Trade. Allí, donde hoy por hoy permanece prohibido el consumo de cannabis, cientos de jóvenes fumaron marihuana procedente de todas las partes del mundo.

François Reusser, presidente de la Coordinadora Suiza del Cáñamo y principal conferenciante de la feria, supo durante esas jornadas que había sido condenado a 14 meses de cárcel por vender marihuana en Zúrich. 'Sé que no voy a ir a la cárcel. Y los jueces también lo saben. Para cuando termine de recurrir la condena, el consumo y venta de hachís será legal en este país. Tengo 43 años y tres hijos. Me dedico a la política desde hace al menos 20. Los policías que vinieron a comunicármelo a mi tienda me dijeron que lo sentían muchísimo. Todo el mundo en mi ciudad sabía que yo vendo hachís desde hace cuatro años. Pero la actitud de algunos jueces, ante los cambios les hace cometer acciones propagandísticas como ésta'.

Mientras Suiza avanza hacia la legalización, el Gobierno marroquí promete a la ONU que en siete años habrá terminado con las plantaciones de hachís. Pero los humildes productores del Rif, tienen mucho más poder que dinero. Es precisamente de la falta de dinero de donde sacan su poder.

Basta echarle un vistazo a la zona de La Montaña, al barro casi medieval de sus calles, para darse cuenta de que son muy pocos los cultivadores de hachís que consiguen hacerse ricos. Sólo un porcentaje muy pequeño, ¿uno por ciento, uno por mil?, logra escapar del barro y de la niebla de la montaña para montar un hotel, una cafetería o una gasolinera en Tánger. Entre ese escaso número se encuentra el hermano de Hassan, quien conoció por tres años las cárceles marroquíes y ahora es un respetable hombre de negocios que acude cada tarde a su local para codearse con la alta burguesía de la ciudad.

Ataviado con chilaba morada y sentado en su butaca, rodeado de más de 15 camareros, empleados suyos, el hermano de Hassan explica: 'En 1983 el Rey ya intentó acabar con las plantaciones de La Montaña. Pero fuimos todos a Rabat a decirles que si nos quitaban la planta tendrían que darnos algo con lo que comer. La cosa se quedó así. La gente no se ha hecho rica, pero vive mejor que antes. Cuando yo era pequeño, los techos eran de paja y la gente iba siempre con botas de goma. Ahora, las casas son de cemento y las botas sólo se las ponen para cultivar. No es mucho, pero es algo'.

-¿Por qué sólo unos cuantos agricultores logran hacerse con dinero?

El hermano de Hassan, reclinado en su butaca, responde:

-Porque se necesitan mucho poder y mucho dinero para hacer llegar la droga a donde tú quieres. Y eso, sólo lo tienen unos cuantos.

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Sobre la firma

Francisco Peregil

Redactor de la sección Internacional. Comenzó en El País en 1989 y ha desempeñado coberturas en países como Venezuela, Haití, Libia, Irak y Afganistán. Ha sido corresponsal en Buenos Aires para Sudamérica y corresponsal para el Magreb. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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