La iglesia católica y el Gobierno chileno llaman a cerrar las "heridas del pasado"

Hoy se espera la resolución de la Corte de Apelaciones sobre el recurso de Pinochet

Santiago de Chile - 06 mar 2001 - 23:00 UTC

Ante unos mil invitados en La Moneda, entre autoridades de los tres poderes del Estado y los jefes de las Fuerzas Armadas, el Gobierno ofreció en la noche (hora local) del lunes un homenaje al nuevo cardenal -el sexto en la historia del país- y arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz. En su mensaje, el cardenal, considerado de la línea conservadora de la iglesia católica, planteó que el perdón es el camino para lograr la paz y la reconciliación, aunque sin olvidar a las víctimas, porque también "es necesario hacer justicia, al menos en los casos más graves y emblemáticos".

Su convocatoria al perdón fue amplia, para restañar las "heridas que nos restan fuerza", entre las que recalcó los efectos de la violencia, y pidió no sólo recordar el dolor propio, sino también el de "los otros". El reencuentro de los chilenos debe basarse, añadió, en la verdad, la justicia, el perdón, el arrepentimiento y la clemencia, pues "la justicia y el perdón no son todo". "No se trata del olvido, sino del perdón", explicó y citando al Papa Juan Pablo II concluyó que "el único camino de la paz es el perdón".

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Al homenaje no asistió la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), que ha discrepado del planteamiento del cardenal de que no puede haber justicia en todos los casos de violaciones a los derechos humanos. Previo a las palabras de Errázuriz, el presidente, Ricardo Lagos, matizó que no se debe apresurar una salida al tema de los derechos humanos. "No hay que adelantarse a sembrar para cosechar. Este tipo de obras necesitan tiempo, y por eso es aconsejable ir paso a paso", dijo. El jefe del Estado resaltó que el "desencuentro" de los chilenos en el pasado fue responsabilidad colectiva.

Aunque la ceremonia instaló el asunto del perdón en el debate, éste parece difícil de concretar. Desde luego, quienes cometieron los crímenes en la dictadura, empezando por Pinochet, no están dispuestos a pedir perdón. Los actuales mandos de las Fuerzas Armadas, que en el momento del golpe militar eran oficiales de baja graduación, reconocieron parte de los crímenes que cometieron sus antecesores, pero no sienten compelidos a pedir un perdón institucional y advierten que su gesto de entrega de información no fue correspondido por la sociedad. Buena parte de la derecha, en especial quienes ocuparon cargos en la dictadura y los sectores más pinochetistas, comparte esta actitud.

Los parientes de las víctimas esperan que les pidan perdón, pero también aspiran a la justicia.

Por otra parte, fuentes judiciales esperan que hoy o mañana sea difundido el fallo a la apelación de Pinochet y se prevé que este será adverso al exdictador por dos votos (las magistradas Gabriela Pérez y Sonia Araneda) contra uno a favor (Cornelio Villarroel). Este último, que el año pasado votó por mantener el fuero parlamentario del ex dictador, se encuentra aún redactando su resolución mientras las dos juezas ya terminaron su labor. También las mismas fuentes creen factible que la primera sala de verano reduzca la responsabilidad penal de Pinochet de autor de 57 homicidios y 18 secuestros a encubridor. Una segunda apelación del ex dictador, a la negativa del juez Juan Guzmán de sobreseerlo por razones de salud, está a la espera del informe previo del fiscal.

Por otra parte, el magistrado Milton Juica aumentó ayer del grado de encubridor al de autor de secuestros y homicidios la participación del ex jefe de la CNI, general retirado Hugo Salas, en los doce crímenes de la llamada Operación Albania, una matanza en 1987 de militantes de un grupo guerrillero izquierdista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 06 de marzo de 2001.

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