Ruge el Calderón
'Este partido hace tres meses lo hubiésemos perdido; está claro que el equipo va para arriba', dice Marcos
Estremecedor. Emocionante. El espectáculo de los 55.000 espectadores que asistieron ayer al Calderón poniendo a prueba la remozada estructura del campo con sus saltos, sus cánticos, su entusiasmo por participar en eso que algunos llaman fiesta del fútbol, se ajusta como un guante a los adjetivos más estridentes de la lengua española. Los 50.000 seguidores rojiblancos que ayer abarrotaban el estadio, y en menor número - unos 3.500 - los del Betis, llenaron el campo no sólo de presencia corporal, sino de color, de ganas y, sobre todo, de un ambiente insuperable. Un ambiente de primera o de competición europea, lleno de confeti, rollos de papel higiénico volando, y retumbar de palmas y petardos. 'Esto es alucinante, parece el Maracaná', se regocijaba un aficionado atlético antes de comenzar el choque. Un ambiente que a pesar de la división, la Segunda, en la que transitan el Atlético y el Betis, es marca habitual de una afición que sigue sorprendiendo.
Euforia, eso que a los entrenadores tanto les asusta, es lo que se vivió en el Manzanares. Una euforia de la que el técnico madrileño, Marcos Alonso, trató de huir como de la peste al concluir el encuentro. 'En los jugadores no puede haber distracción, ellos son conscientes de lo que nos falta'.
Marcos Alonso, sin embargo, concedió el derecho a disfrutar del bullicio y la alegría los hinchas: 'A la afición hay que dejarla disfrutar'. El entrenador rojiblanco también destacó la mentalidad de los suyos y afirmó que 'este partido hace tres meses lo hubiésemos perdido, está claro que el equipo va para arriba'.
Otro discurso bien distinto era el del técnico bético, Fernando Vázquez, quien la víspera había restado importancia a la importancia del encuentro. Vázquez insistió en que 'no es tan trascendente, de momento el Atlético no es un rival directo del Betis. El ascenso no pasaba por aquí'.
Sin embargo, la masa social de los rojiblancos vivió el encuentro como un ultimátum: ganar o despedirse del ascenso. Por eso se rindió ante el portugués Dani, autor del segundo tanto rojiblanco, y le tributó una ovación con reverencias incluidas cuando fue sustituido. Ayer, para los aficionados del atlético, el Calderón era Maracaná y Dani, Pelé.
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