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Reportaje:CAMPEONATO DEL MUNDO | BALONMANO

'Todos fallamos, hasta Barrufet'

Duishebáiev rechaza que el fracaso español ante Yugoslavia se debiera al marcaje que sufrió

La selección española de balonmano seguirá un Mundial más sin colgarse una medalla del cuello. También esta vez, sin Urdangarín en el equipo, y con otro entrenador en el banquillo, César Argilés. España llegó con posibilidades al último tramo del encuentro ante Yugoslavia, en los cuartos de final, pero entonces se sucedieron los errores: Masip forzó una falta en ataque, Garralda se precipitó con un lanzamiento imposible para el empate... En esta ocasión, los miembros de la selección no se han agarrado a la actuación arbitral para justificar la derrota (24-26), pero sí hablan de la 'mala suerte' en el último minuto y de los ocho fallos que se cometieron en los lanzamientos desde la zona de los seis metros. Y dudan de que el marcaje especial al que fue sometido Duishebáiev, otra de las cantinelas que acompaña a la selección en sus derrotas, fuera decisivo. El caso es que tras llegar a las semifinales en seis de los siete últimos grandes torneos, España, sólo puede aspirar ya en París al quinto puesto, reto que afronta hoy (frente a Ucrania, 9.30, la 2) y mañana (contra Rusia o Alemania).

'Aunque yo estaba muy marcado', dice Duishebáiev, 'y el juego era tosco, se hicieron buenas fintas para lograr tiros claros en la línea de los seis metros, pero fallamos muchos, a pesar del brillo del portero yugoslavo. En realidad, todos fallamos; incluso Barrufet, que no estuvo tan brillante como es habitual'.

En el desayuno, los jugadores de la selección española hablaban ayer como si estuvieran en un confesionario. No se vieron sonrisas, tímidas, hasta la hora de comer. Masip, el capitán, tampoco cree que fuera la clave, pero sí hay cierto consenso en elogiar la estrategia de Pokrájak, el seleccionador yugoslavo, centrada en anular a Duishebáiev.

'El marcaje sobre Duishebáiev era previsible', dice Juan de Dios Román, el predecesor de Argilés en el banquillo de la selección, 'pero, por muy entrenado que esté, siempre existe la inercia de jugar bajo su dirección. Los yugoslavos aprovecharon mejor sus recursos, y pudieron vivir de rentas cuando las fuerzas les flojeaban. Ahora, si alguien no tiene la culpa, ése es Argilés'.

El fatídico minuto final

El caso es que los últimos minutos siguen siendo una asignatura pendiente de España: el tiro en vaselina de Guijosa que no entró frente a Suecia en el Mundial de Japón 97; la tarjeta roja a Barrufet contra Rusia en el de Egipto 99; los fallos a bocajarro contra el portero Gentzel en el Europeo de Croacia 99... Masip, sin embargo, no cree que la derrota de España se pueda ubicar en un minuto concreto: 'Yugoslavia jugó mejor en 50 de los 60 minutos. Pero los diez últimos fueron nuestros, hasta que a Bojínovic se le apareció la virgen y nos hundió con dos goles'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de febrero de 2001