Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Madrid se queda sin gol y sin Supercopa

El equipo de Del Bosque jugó mejor que el Galatasaray turco, pero Jardel sentenció con un 'gol de oro'

Un gol de oro, conseguido por Jardel en un absurdo despiste defensivo dejó al Madrid sin Supercopa, el único título que le falta. Dos veces bajaron el balón al suelo los turcos y marcaron. El Madrid lo intentó de todas las maneras posibles, pero con Morientes en su casa es un equipo sin gol y que levanta enormes dudas.Se le mire por donde se le mire, se le rodee de la fanfarria que se quiera, es imposible evitar que la Supercopa sea un torneo menor. Cuya conquista le venía bien al Madrid por aquello del romanticismo, al tratarse del único torneo que no ha encontrado hueco en su palmarés. Y le venía bien, sobre todo, por la necesidad de conocer cuánto crédito ha acumulado en tan movida pretemporada. Por lo demás, lo dicho: un torneo menor, que no es capaz de levantar la suficiente expectación como para llenar un estadio que tiene la misma capacidad que el de Vallecas. Más bonito, eso sí. Y de esos espectadores a los que le valió la pena desplazarse hasta Montecarlo, apenas 300 eran madridistas.

REAL MADRID 1 GALATASARAY 2

Real Madrid: Casillas; Geremi, Helguera, Iván Campo (Flavio, m. 65), Roberto Carlos; Celades (Salgado, m.100), Makelele; Figo, Guti (Munitis m. 53), Savio; y Raúl.Galatasaray: Taffarel; Bulent, Popescu, Capone, Ansal; Emre, Okan, Suat, Hagi (Bullen, m. 70), Davala; y Jardel. Goles: 1-0 M. 41: Jardel, de penalti, hecho por Iván Campo a Ansal. El brasileño engaña a Iker Casillas. 1-1 M. 79: Raúl, de penalti, tras rebotar el balón involuntariamente en un defensa después de un centro de Savio. 2-1 M. 112: Jardel remata un centro tras un fallo general de la defensa madridista, que descuida el marcaje al brasileño. Árbitro: Günter Benko (Austria) . Amonestó a Okan, Helguera, Makelele, Figo y Munitis. Estadio Luis II de Mónaco. Cerca de 14.000 espectadores, de los que la inmensa mayoría eran seguidores turcos. Apenas unos 300 seguidores madridistas. Al término del encuentro, el secretario general de la UEFA, Gerard Aigner, entregó el trofeo a Okan.

Del Bosque resolvió sus dudas dando entrada en el once a Geremi en el lateral derecho y a Guti como media punta. El camerunés no puso freno a su habitual derroche físico, estéril casi siempre, que sin embargo ayer le abrió en la banda derecha una vía de escape al Madrid que le vino de cine. Y como la posibilidad de que Hagi supere a en velocidad a Geremi, o a quien sea, no está escrita en guión alguno, pues bien pudo Figo olvidarse de lo que ocurría a su espalda. Más problemas tuvo Guti para entrar en contacto con el balón, ubicado unos metros detrás de Raúl, poco hábil para encontrar el hueco oportuno y con enormes problemas para acudir en auxilio de su compañero.

Tardó el Madrid en hacerse con el control del balón, quizá porque el Galatasaray fue avaro en aquello de echarle velocidad al tema. Sólo si regalaba el balón podría tener problemas el Madrid en aquel escenario. Lo regaló. Bajó la guardia un instante, combinó con criterio al borde del área el Galatasaray e Iván Campo sólo pudo detener a Hakan Ünsal con una zancadilla.Poco había hecho el Galatasaray hasta esa acción, en la que se demostró que el Madrid no ha asumido que ahora sólo juega con dos centrales, no tres, y que derivó en el gol de Jardel de penalti. Pareció cambiar entonces el argumento de un partido plácido para los blancos. Entre protesta y protesta el conjunto blanco se oscureció.

Necesitaba el Madrid velocidad, ésa que le echó Savio tras un prodigioso pase de Figo y que, de nuevo, quedó en nada porque al remate sólo acudió Raúl, rodeado además de enemigos. Poco después del descanso, Del Bosque optó por dar entrada a Munitis, una solución que se antojaba lógica dado el atasco del equipo. Igual de lógico fue que el retirado fuera Guti. Se colocó Munitis en punta y se retrasó unos metros Raúl. Pero el Madrid adoleció de continuidad. Figo no aparecía y todo el peso en ataque lo llevaba Savio.

Especialmente poco inspirado en aquello de la puntería, el Madrid dejaba escapar ocasiones incluso con empacho. Inspirado estuvo Munitis en aquella progresión por la izquierda (minuto 63), pero su centro atrás lo mandó arriba Raúl. El equipo buscaba a Figo, como pensando que n el momento en que el portugués se dejara ver la historia cambiaría. Del Bosque buscó frescura en el centro del campo con Flavio, pero lo hizo a costa de debilitar el centro de la defensa, con Celades junto a Helguera.

El 1-0 en contra, comentó a agrietar la imaginación del Madrid. Su rival se encontraba acunado en una victoria que no podía imaginarse ni en el más grato de sus sueños. Y por aquellas cosas del destino, el Madrid alcanzó el empate de penalti, tras una jugada, la enésima de Savio, cuyo centro golpeó en un jugador turco. El árbitro consideró erróneamente que aquello había sido mano, y al punto de penalti que se fue Raúl, con el recuerdo puesto en aquella pena máxima que mandara al limbo ante Francia, en la pasada Eurocopa. No se escondió el capitán madridista y el vértigo de las grandes ocasiones no le hizo daño alguno. Pero el gol de Jardel convirtió en anécdota el atrevimiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de agosto de 2000