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La necesaria unidad de los socialistas

No sólo los militantes -aunque éstos especialmente- también simpatizantes, votantes fieles u ocasionales desean, exigen, que las disonancias y divergencias del socialismo valenciano dejen de ser espectáculo público y, en cualquier caso, las diferentes sensibilidades sirvan desde el interior del partido para generar unas propuestas sociales más ricas, plurales e imaginativas. Pero ese deseo, exigencia, no se reduce a una simple expresión formal sino al preceptivo mandato de actuación más clara, abierta y democrática en las futuras proposiciones del socialismo valenciano. Una propuesta que además ha de ser propia y específica sin espejismos forasteros ni lloriqueos provincianos. Una propuesta imaginativa y plena de esperanzas posibles. No cabe reducir la acción a un continuo lamento por lo que hace, o deje de hacer, la derecha conservadora, aunque lógicamente habrá que fiscalizar y denunciar aquello que sea condenable. No debemos olvidar que el PSPV -el socialismo español en su conjunto igualmente- perdió las elecciones por sus deméritos más que por los méritos de sus contrarios. Una propuesta, en definitiva, que sirva más al siglo XXI -¡pero si ya estamos plenamente en él!- que a proposiciones decimonónicas aunque sin olvidar que la historia también es ciencia. Y en esa propuesta no caben parcelas o parcelitas para éste o aquella en función de no se sabe qué familia o tribu -sobre todo ahora cuando las llamadas familias monoparentales son tan vigentes-. Cuando se habla de tal o cual candidato para presidente, secretario general o cualquier otro puesto de responsablidad hemos de ser conscientes que responsable ha de ser sinónimo de capaz. Evidentemente en el PSPV hay un considerable número de personas con capacidad suficiente para optar a esos cargos -Lerma, Ciprià, Asunción, Pla y tantos otros y otras- lo que facilita -elegir siempre es más conveniente que verse obligado a pechar con imposiciones -la tarea, aunque será el trabajo eficaz lo que avalará la elección de las personas. Pero aún siendo la elección de cargos trascendente no lo es menos la actitud y acción de los militantes. La pertenencia a una asociación -a cualquiera, sea civil, política o eclesiástica, militar, lúdica o deportiva- comporta una reducción, mínima si se quiere, de la libertad individual para tranformarla en libertad colectiva, en libertad del colectivo. En estos últimos tiempos algunos militantes han trastocado los conceptos y creído que la libertad, o posibilidad, colectiva podía convertirse en patente de corso de su actuación personal -sirva el ejemplo de la tránsfuga de Ceuta como modelo especialmente significativo- con lo que no sólo atacan un principio esencial de los grupos organizados socialmente sino demuestran su incapacidad -villanía (?)- para vivir en una sociedad democrática. La sociedad actual -y la valenciana posiblemente con mayor urgencia- precisa de proposiciones alentadoras para no ahogarse en esa pastosa balsa de aceite -probablemente hervirá a no mucho tardar- que intentan presentarnos como panacea única en el mundo presente. Ya han proclamado el final de la historia y no del mundo porque aún hay demasiado territorio para especular urbanísticamente. Éste es un momento singular para que la imaginación, la originalidad y la libertad sean ejes de la acción de un partido que pretende, y debe serlo, el eficaz transporte hacia un nuevo siglo con esperanzas, puertas y ventanas abiertas a toda la sociedad. Es un reto que exige unidad, y unidad responsable que aúne pluralidad e ilusión, que si el PSPV es incapaz de llevar adelante no sólo será un error histórico sino una grave transgresión del espíritu socialista.

Jesús Huguet es militante del PSPV-PSOE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 03 de septiembre de 1999.