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CARRERAS DE CABALLOS

Una carrera por el desierto de Abu Dhabi

173 caballos participaron en la prueba más larga del mundo, donde la experiencia y la resistencia son fundamentales

En la carrera de caballos más larga del mundo, 173 animales atravesaron 160 kilómetros del desierto de Abu Dhabi. Los jeques del petróleo pagan millones por este espectáculo.Acaban de pasar de nuevo por delante de un esqueleto de camello cubierto de arena. Sihdhi, el ejemplar de raza árabe comienza a relinchar nervioso. Su amazona, Uta Wilhelmi, de 38 años, le deja trotar suelto. El caballo ha divisado desde lejos el siguiente jeep de aprovisionamiento. Hace tiempo que lo ha. comprendido: el coche quiere decir bebida. El animal bebe ansioso cinco litros de agua. "Dadle también un poco de comer", ordena Wilhelmi, "en el camino ha mordisqueado algo de maleza".

Desde hace más de 50 kilómetros, Sihdhi lleva a su jinete a través del desierto, la mayoría del tiempo rodeado de una nube de polvo. El caballo ha vadeado dunas de arena tan blandas como la mantequilla y ha galopado por las pistas de piedra bajo el sol abrasador. EI sudor de Sihdhi podría haber llenado de líquido una bañera entera. Y todavía no se divisa el final de este esfuerzo.

El Campeonato del Mundo de monta de distancia es la carrera de caballos más larga y espectacular de las que se corren a lo largo del año. 173 animales y jinetes procedentes de 37 naciones compiten desde el amanecer hasta la medianoche atravesando el desierto de Abu Dhabi. La pareja vencedora del maratón equino será aquella que logre superar el tramo de 160 kilómetros de longitud sano y tan rápido como sea posible. En una carrera de resistencia de estas características, los jinetes necesitan caballos. extremadamente resistentes. Y la experiencia ha demostrado que los caballos de raza árabe son invencibles en este sentido. La superioridad de su raza llena de orgullo a los jeques del petróleo; según dicen, han pagado 400 millones para que el campeonato de distancia discurriera por el desierto. Y la televisión de Dubai la ha retransmitido al completo.

Desde sólo hace unos pocos años, los mandatarios árabes han fijado su atención en esta poco conocida disciplina deportiva que en la mayoría de los países es ejercida por jinetes aficionados. Los petroleros hacen manar sus millones para ayudar a poner en marcha esta especialidad. Aj jeque Mohammad lbn Raschid el Maktum le corresponde un papel fundamental en ello. En los últimos años, el príncipe heredero de Dubai, que se formó en Inglaterra, se contaba entre los mayores y más exitosos propietarios de caballos de carreras del mundo. Los casi 2.000 pura sangre de su familia viven en establos climatizados y disponen de piscina propia. "Recuperamos nuestra herencia árabe", declara el jeque. Al fin y al cabo, la cría de caballos comenzó allá por el siglo XVIII, cuando los ingleses cruzaron sus caballos originarios con tres sementales puros de raza árabe.

Ahora, Maktum ha descubierto su inclinación por los caballos de la propia raza, porque éstos fallan en muy pocas ocasiones. Por este motivo, el jeque, que es también Ministro de Defensa de los Emiratos Árabes Unidos, ha insistido en dirigir su propio equipo en el Campeonato Mundial de Distancia, lo que es lo mismo a decir que Rudolf Scharping toma la salida con el equipo Telekom en el Tour de Francia.

Por miedo a los atentados, sombríos policías militares vigilan con mil ojos el tramo del desierto. Al alba, el jeque Maktum toma la salida al galope, de pie sobre su montura, como es habitual en las carreras de distancia, con alejándose del campo que va pasando.

El itinerario del maratón, cuajado de banderitas, parece un trébol en la arena del desierto. Tras cada uno de los tramos del recorrido, de 40 kilómetros de longitud y forma circular, los jinetes vuelven a una ciudad artificial en el desierto rodeada de vallas de bambú.

Aquí, los caballos, como si estuvieran pasando la ITV, son examinados detenidamente por los veterinarios. El pulso, que incluso después de un esfuerzo baja rápidamente a 60, es para los caballos lo que para un automóvil son los frenos. Ello indica si el animal todavía está en las condiciones adecuadas. También se comprueba si la pérdida de líquidos se mantiene dentro de los límites aceptables. Para ello, el veterinario toma un pliegue de la piel del caballo entre los dedos índice y pulgar: en dos segundos, la piel deberá volver a su estado natural, es decir, quedar lisa de nuevo. Los caballos sólo podrán volver a la carrera después de este chequeo médico (Vet-Gate) y de una pausa obligatoria de aproximadamente 40 minutos.

El jeque Maktum alcanza por segunda vez el Vet-Gate a trote tranquiloyse deja caer de la silla. A su alrededor se arremolina una tropa de personas vestidas de blanco. Con su traje de entrenamiento azul y el casco de montar, el mandatario pasa en silencio al lado de sus subordinados. Ellos tampoco hablan apenas, y algunos apuntan una reverencia. Los cuidadores se ocupan mientras tanto de su caballo.

Este privilegio no sólo lo ostentan los príncipes del desierto. También los corredores de distancia habituales, como es el caso de Uta Wilhelmi, son atendidos por una muchedumbre de ayudantes. A mediodía, a las doce, ella y Sihdhi ya han superado casi la mitad del recorrido. Cinco personas rodean al semental como lo hacen los asistentes de Schuhmachet con el coche de carreras cuando entra en boxes. La veterinaria Claudia Zerlik le toma el pulso, la fisioterapeuta Helle Kleven le da masajes en el lomo y otros cuidadores refrescan al cansado animal con trapos mojados a la vez que le ponen ante el hocico un cubo lleno de, zanahorias.

Del mismo modo que el corredor de fondo se prepara para el maratón, el jinete de distancia prepara, al menos una vez en la vida, una carrera de las cien millas (160 kilómetros). "Pero yo siempre tuve un sueño mucho mayor", relata Wilhelmi, "hacer una carrera de las cien millas a lomos de un caballo árabe y en el país de sus antepasados".

Incluso el trayecto hasta allí puede acabar en tragedia. Antes del espectáculo, 72 caballos de resistencia procedentes de toda Europa fueron enviados a Francia y desde allí, en cajones especiales, se les embarcó en la barriga de un Jumbo. Esos transportes aéreos implican un riesgo. Para evitar caídas, se sedó a los caballos que se ponían nerviosos en el trayecto. Se consiguió evitar problemas en el vuelo al Golfo Pérsico, pero al desembarcarlos, un caballo danés se escapó y se fue galopando a través de las pistas. Durante casi una hora, el aeropuerto de Abu Dhabi tuvo que ser cerrado.

Hace 40 años, los americanos comenzaron con las carreras de largo recorrido como deporte de alta competición. Este grandioso país parece hecho a la medida para tal disciplina deportiva, por ello, los seis Campeonatos Mundiales de larga distancia fueron ganados por jinetes americanos.

En el maratón del desierto también una americana acabó situada en los primeros puestos. Con una clara ventaja, Valerie Kanavy llegó a la meta poco antes de la puesta del sol montando a High Winds Jedi. De nada le sirvió al jeque Maktum gastarse 120 millones para recuperar al campeón Nelson: al final, el Ministro de Defensa estaba, fuera de la carrera, había abandonado antes de tiempo.

En el momento que Kanavy llega a la meta, Uta Wilhelmi y Sihdhi todavía tienen por delante casi 50 kilómetros. Como si alguien hubiera apagado la luz, de repente se ha echado encima la oscuridad. Para orientarse, ella lleva una linterna en el casco y parece un minero en su trabajo.

Poco antes de la medianoche, la señorita Wilhelmi conduce a su caballo al último chequeo médico obligatorio. El caballo parece acabado. Pero las apariencias engañan. "Es algo que agrada ver", es la alabanza de la veterinaria, "que un caballo esté tan fresco al final de la carrera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de enero de 1999

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