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Historias de plumillas

Como no llevan ninguno de sus chistes o viñetas pegados junto a su cara, Máximo y Calpurnio Pisón pueden deambular casi como dos auténticos desconocidos. Desde luego, son muchos más los que tienen noticias de sus personajes o protagonistas, que diaria o semanalmente publica EL PAÍS, que quienes les identifican por su rostro. Así, su goce de la fama es el ideal. Tampoco proliferan los encuentros, charlas, mesas redondas y conferencias que tengan como ponentes a los autores del Diario Regio y El Bueno de Cuttlas. Pero ayer, en Castellón, con cierta dosis de engaño, la Asociación Amics de la Natura los reunió detrás de una mesa de la Fundació Caixa Castelló. "A mí me parece que lo que tengo que decir lo digo en los cómics", dijo Calpurnio. "No soy un opinador personal", siguió diciendo. "Tengo una facilidad pasmosa para dibujar, pero no para expresarme", acabó. La idea de Máximo no es muy diferente: "Lo que decimos está dicho en los dibujos", mantuvo. "No debemos ampliarlos con una explicación. Si no se entienden...", concluyó. A ninguno de los dos le importa si los lectores comprenden todos sus chistes. "Yo antes pedía perdón y, ahora, quien no los entienda, allá él", dijo Máximo. Calpurnio piensa que sus viñetas sí se entienden: "Yo intento no ser obvio para permitir distinas lecturas". Tampoco piensan que se les considere en serio. Y lo agradecen. "De lo contrario sería estar a punto del coma profundo", ironizó Máximo. Máximo y Calpurnio se conocieron ayer. Uno alaba el trabajo del otro y el otro el del uno. Sintonizan pese a sus diferencias de edad, ciudad en la que viven, estatura, color y cantidad de pelo, dioptrías y forma de vestir. También dialogan de distinta forma. Calpurnio refleja su incomodidad ante un micrófono, aunque intente sobreponerse llamándolo "pintalabios". Máximo inicia sus frases con cierto tono serio al que añade una sonrisa y que, casi siempre, acaba con "esto es una tontería" o un "no sé si quería decir esto". Cada pregunta es el inicio de un debate. Entrecruzan opiniones que, en la mayoría de los casos, acaban en un mismo punto de confluencia. Pero Máximo y Calpurnio son distintos porque su trabajo es distinto. "Tenemos puntos de contacto", aseguró el creador de Cuttlas. "Bueno... guardando las distancias", añadió, para a continuación enumerar las semejanzas: "Ninguno de los dos busca la carcajada con sus chistes sino la representación de estados de ánimo, los dos dibujamos con plumilla y tenemos un espacio para rellenar en un mismo periódico". "Además, Máximo también hace monigotillos alrededor del obelisco...", argumentó. Ante la extracción de estas coincidencias, Máximo decide rememorar su etapa en Triunfo. "Yo dibujaba El círculo del cuadrado con un personaje simple pero lo eliminarion porque los consejeros no lo entendían". Calpurnio no desaprovechó ni un minuto para desentrañar sus dudas sobre cómo se enfrenta Máximo al papel en blanco cada día. Pero no se había planteado, hasta el momento, qué le preguntaría Cuttlas al Dios de Máximo. "Le diría que cómo lo hace tan mal", señaló Calpurnio. Mientras, el diálogo del Diario Regio plasmaría su interés por saber si Cuttlas es monárquico o no. Para Calpurnio, El Bueno de Cuttlas es un personaje que refleja su estado de ánimo. Máximo piensa que sus chistes tienen algo de sí mismo aunque reconoce que "hay veces que la idea llega como un flechazo, como una donación". "En el caso del Diario Regio trato de introducirme con respeto y modales porque no es un rey imaginario, sino un Juan Carlos imaginario". La pretensión de cada uno a la hora de ponerse a dibujar podría resulta algo definitoria de su personalidad. "Yo pretendo pensar yo. Me gusta que gusten pero no es lo que busco. Busco explicarme yo mismo", trató de explicar Calpurnio. Por su parte Máximo no fue más claro: "Yo lo hago para tratar de entender lo que ocurre. Lo mío es un teatro o una foto inventada. O quizá una versión marginal del resto del periódico. O ¿quizá complementaria? Bueno... esto es una tontería".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de noviembre de 1998