CICLISMOGIRO

Pantani da su tercer golpe y aleja al ruso Tonkov

Marco Pantani es el héroe de este Giro. Una contrarreloj de 37 kilómetros el próximo sábado determinará si es Pantani o es Tonkov el triunfador final, dado que están separados en apenas minuto y medio. No será un trámite dado que el corredor ruso es mejor contrarrelojista que el escalador italiano, así que el asunto todavía mantiene ciertos niveles de indecisión. Pero, sin duda alguna, sentimentalmente este Giro es de Pantani. La verdadera montaña fue suya desde el principio hasta el final. La iniciativa fue suya desde que comenzó la carrera hasta ayer mismo. Es justo reconocer que Pantani ha hecho su trabajo y lo ha hecho bien. Ha cumplido con la parte del contrato que le liga a una afición italiana que ha tenido sobrados motivos para serle fiel. Tonkov se ha limitado a seguir a duras penas su rueda y limitar en lo posible los desperfectos. ¿Y Zülle? Zülle se perdió sin remedio ayer, desmoralizado, desfondado, incapaz ya de presentar la más mínima resistencia a la tenacidad de Pantani. El corredor suizo perdió algo más de media hora. El jueves reservaba a Pantani el último plato montañoso. Una etapa larga -243 kilómetros-, de las que obligan a estar casi ocho horas a lomos de la bicicleta. Tres puertos en su interior, el último de ellos en la meta. La larga jornada desveló en la subida del segundo puerto que Zülle sacaba bandera blanca: allí empezó su calvario, que se fue pronunciando tanto si el terreno era ascendente o descendente. Un asunto de dos La marcha de los acontecimientos dejó la situación en un largo diálogo entre los dos favoritos, Tonkov y Pantani. Colaboraron unos kilómetros para enterrar definitivamente a Zülle. Luego, sobre todo en la subida al último puerto, dejaron de hacerlo. Era un asunto entre dos. Y ese asunto tardó en decidirse. Tonkov se resistía a dar relevos, a pesar de algunas invitaciones de Pantani. Era lógico: el Giro era cosa de dos y nadie estaba dispuesto a interponerse en el camino. Así que Tonkov se impuso un guión: seguir la rueda de Pantani hasta el fin del mundo. La secuencia se hizo larga, muy larga, en la ascensión al último puerto. En esa ascensión, que quién sabe si será la decisiva de este Giro, Pantani demostró su madurez como corredor. No se guió de impulsos, no perdió los nervios. Sabía que Tonkov limitaba todas sus fuerzas a seguirle la pista, mientras sudaba y fijaba la vista en la bicicleta del italiano. Pantani esperó su tiempo, pero no fue una espera inútil. Puso ritmo, pero no fue a tirones. Dejó que Tonkov madurara lentamente, que confiara incluso que podía conseguir el objetivo final. Así hasta que faltaban tres kilómetros para la meta. Fue el momento clave. No hubo arrancada, sino un perceptible cambio de velocidad. Pantani se marchó. Ni siquiera miró hacia atrás. Estaba convencido de que su rival estaba gastado. Su camino hacia la meta fue todo un desfile. Tonkov fijaba la mirada en la nada: había perdido el objetivo. Los segundos iban cayendo paso a paso, hasta sumar 57 en la meta. Pantani dispone ahora de un caudal de 1.28 minutos para defenderlos en la contrarreloj.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 04 de junio de 1998.

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