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Columna derecha y buen empeine

Víctor Ullate convoca a 75 niños para repartir siete becas en su escuela

Víctor Ullate, bailarín, coreógrafo, maestro y director de su propia compañía, anda siempre a la caza de bailarines varones para engrosar su equipo. Y como no es algo fácil, no deja pasar ninguna oportunidad. Algunas veces los recluta entre los familiares de las niñas matriculadas en su escuela: son los que entran en la academia para recoger a sus hermanas; él les invita a ver la clase, habla con ellos y les propone quedarse. Así ha conseguido más de un bailarín. Hace poco, a un jovencito que se le acercó en busca de un autógrafo le invitó a presentarse a las pruebas. La cita se celebró ayer en el teatro de Madrid, y allí estaba como un clavo este muchacho junto a cinco chicos más y 69 chicas, todos de 10 a 14 años de edad. Les había convocado Ullate, dispuesto a becar en su escuela a los seis mejores varones. Las mujeres lo tenían más difícil: sólo hay tres plazas para ellas.En el escenario del teatro se había colocado una barra y la mesa del jurado: el propio Ullate, el crítico de danza Roger Salas, María Eugenia Segarra, profesora de la escuela, y María José Mediavilla, gerente de la compañía. En el patio de butacas todo eran moños y mallas, venga moverse. Y en el hall del teatro esperaban ansiosos padres y profesores, a los que Ullate había prohibido presenciar las pruebas.

Muchos habían viajado durante toda la noche para que sus niños participaran en la prueba. Como dos profesoras de una escuela de Valencia que habían venido con 25 alumnas. Salieron a las cinco de la madrugada. Llegaron ayer a las diez de la mañana y tenían previsto regresar en cuanto terminaran las pruebas.

Ullate busca en los niños aptitudes para la danza y no conocimiento. Así se lo hizo saber a todos los aspirantes antes de que comenzara la prueba: "Me tenéis que demostrar que reunís las condiciones necesarias: delgadez, buenos empeines, columna derecha, elasticidad, sentido del movimiento y gracia", dijo. Para comprobar esas facultades comenzó marcando unos ejercicios básicos, que todos fueron repitiendo, de uno en uno o por parejas, a lo largo de la mañana en el escenario. A algunos se les pedía también que improvisaran, por ejemplo, un vals o una polca. Debían someterse también a un corto cuestionario: "¿Por qué te gusta bailar?", "Cuántos años llevas bailando? ¿Cuántos años tienes?". Aunque no era necesario haber recibido clases de baile antes, todos menos Jorge, Álvarez, de 11 años, tenían nociones de ballet clásico. Jorge contaba que la idea de presentarse a la prueba fue de su madre. No estaba muy seguro de querer ser bailarín, pero afirmaba que le gusta el ballet. Era el único también que no llevaba mallas ni zapatillas de baile. A su lado Raúl, de 13 años, aseguraba que él baila desde los seis años. "Mi madre no quería vernos en casa, así que decidió mandar a ballet a mi hermana y a mí con ella", contaba. Ahora quiere ser bailarín. Otros contaban que empezaron a tomar clase de baile para solucionar un problema de pies o para imitar a una amiga o hermana. El sueño de todos ellos ayer era entrar en la escuela de Víctor Ullate como becados. Saben que eso supone la posibilidad de formar parte de su compañía algún día. Los resultados se sabrán hoy.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de febrero de 1995