El maestro que pudo ser

Miguel Mateo, Miguelín, tuvo considerable cartel al final de la cada de los años cincuenta y los años sesenta. Algunos dicen que fue precursor de El Cordobés, porque hacía un toreo tremendista; pero, a diferencia del famoso espada de Palma del Río, era un profundo conocedor del toro y su lidia, con dominio de las suertes en dos los tercios.En banderillas lucía unas facultades fuera de lo común y en toreo de muleta una espectacularidad en cierto modo heterodoxa que era fruto de su poderío.

Sin embargo Miguelín no parecía tomarse muy en serio su categoría torera, ni quiso reafirmar la maestría que tenía innata, por lo que su vida profesional transcurrió con muchos altibajos.

De cualquier forma, nunca aceptó la hegemonía de El Cordobés y una tarde, en Las Ventas, se tiró de espontáneo mientras este diestro toreaba de muleta. Se fue Miguelín al toro, a cuerpo limpio, lo citó con la mano, lo hizo girar en torno suyo cuantas veces quiso, se abrazó a él, y gritó, para que lo oyese el público: "¡Esto es una burra.'"

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El torero Miguelín se abrió el vientre con unas tijeras en su casa de Algeciras

Lo detuvieron, se produjo un gran escándalo pues aquel excéntrico suceso constituía una denuncia en toda regla sobre los toros manipulados que toreaba El Cordobés, y pocos días más tarde, también en Madrid, intervino en la corrida de la Prensa.

En una época en la que era habitual que saliesen burras por los chiqueros, para Miguelín sacaron toros de cuajo y trapío. Se supuso que las influencias del diestro humillado procuraban así su venganza, pero si tal fue el caso no pudo satisfacerla, pues Miguelín, por rara vez en su vida profesional, se empleó a fondo, aunó pundonor con torería y obtuvo un triunfo sensacional. Cortó todas las orejas cortables y salió a hombros por la puerta grande.

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