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RESULTADOS ELECTORALES

Pedro Pacheco, un político indestructible

EL PAÍS El alcalde andalucista de Jerez de la Frontera, Pedro Pacheco, que el miércoles logró su releccción con el 57% de los votos de su pueblo, saltó de la popularidad entre los jerezanos a la fama en toda España cuando, en diciembre pasado, fue condenado por desacato por la Audiencia de Sevilla, tras declarar que "la justicia es un cachondeo" a raíz de que la misma Audiencia suspendiera el derribo parcial del chalé del cantante Bertín Osborne. Jerezano ante todo, populista y audaz, Pacheco se ha convertido en un político indestructible en Andalucía. último activo del Partido Andalucista hasta ahora, tras el fracaso de las elecciones de 1986 se convirtió en presidente de la organización.

Pacheco, de 37 años de edad, natural de Jerez y andalucista de toda la vida, llegó a la alcaldía en 1979 gracias al apoyo de los sindicalistas de la vid, entre los que entonces era mayoritaria la central USO, gracias a su labor como abogado laboralista. Obtuvo para su partido la mayoría absoluta del Ayuntamiento de Jerez y la aumentó en los siguientes comicios de 1983. Después de su condena por desacato a la justicia, su popularidad aumentó aún más, como lo probó una masiva manifestación de sus paisanos contra la sentencia. La gente de Jerez reacciona así a lo que entiende como agresiones exteriores.

Este alcalde enlaza perfectamente con un talante especial que distingue al jerezano: su forma de hablar, de beber fino, su acendrada urbanidad, su ruralismo urbano. Por eso Pacheco enlaza con sus votantes por encima de esquemas de partidos o ideologías. Al frente del municipio, ha convertido el Ayuntamiento en referente obligado de cualquier iniciativa, de todo lo que se mueva en Jerez. Su éxito se apoya, según las personas de su confianza, en que es trabajador, emprendedor y ambicioso, por un lado, y por otro, en que no le importa enfrentarse a quien sea preciso, incluido cualquier otro poder de España.

Pacheco viene a prolongar la tradición de alcaldes de Jerez, la de Álvaro Domecq y Miguel Primo de Rivera, aunque con la ventaja de que son las urnas las que le han llevado al poder. Los tres dejan su pequeña pirámide: Domecq, la gran avenida de su nombre; Primo de Rivera, el parque González Hontoria, y Pacheco, de momento, el nuevo circuito de velocidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de junio de 1987