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La ventaja de Kasparov sobre Karpov no es decisiva, según los expertos

La ventaja de un punto que el campeón mundial de ajedrez, el soviético Gari Kasparov, ha logrado en Londres tras las 12 primeras partidas de la revancha frente al ex campeón su compatriota Anatoli Karpov no se considera decisiva por los expertos. Los problemas de Karpov no son técnicos, sino psicológicos. Le falta confianza en sí mismo para vencer a un rival con el que ya ha jugado 87 partidas. El resto del encuentro se celebrará en Leningrado, desde la próxima semana, hasta un máximo de 24 partidas. Kasparov vence por 6,5 puntos a 5,5, tras dos victorias, una derrota y nueve tablas.

El comentario de Kasparov tras la undécima partida, que terminó en tablas, fue expresivo: "Si [Karpov] no ha sido capaz de ganarme hoy, creo que no lo hará nunca". En su carrera, Karpov ha ganado muchos torneos, pero rara vez ha arrasado.Una de las principales virtudes de Karpov es la de vencer, precisamente, en las partidas más importantes. El último ejemplo es la quinta de esta revancha, que ganó sólo un día después de perder la cuarta. No obstante, está claro que, frente a Kasparov, los engranajes de la máquina de ganar quedan atascados con demasiada frecuencia. Es cierto que el campeón contribuye a ello en gran medida. Así, fue admirable su reacción en la undécima partida, cuando debió enfrentarse a un estudio de laboratorio concienzudamente preparado por Karpov y sus asesores durante todo un fin de semana. Logró complicar la posición de tal forma que los especialistas no han encontrado todavía de qué manera el ex- campeón podría haber aprovechado su ventaja.

Ya en la séptima partida, Karpov fue incapaz de: convertir en victoria una posición asfixiante para su rival. Es como si Kasparov representara para él un muro infranqueable. Sus problemas psíquicos comenzaron, muy probablemente, en Moscú, a principios del año pasado, en su primer encuentro frente al actual campeón. Tras lograr un marcador favorable de 5-0, Karpov vio cómo su cerebro se debilitaba cuando sólo necesitaba una victoria más para ganar. La amenaza de Kasparov comenzó a gestarse hasta colocarse el marcador en 5-3. Entonces llegó el filipino Florencio Campomanes, presidente de la Federación Internacional, y canceló el encuentro sin vencedor.

Presiones federativas

En el mundo del ajedrez casi todos están convencidos de que la cancelación se realizó bajo presiones de la federación soviética, que quería evitar una derrota inolvidable para Karpov.

Ocho meses después, en el segundo encuentro contra Kasparov, Karpov recibió otro duro golpe para su estabilidad emocional. Tras recuperarse de su derrota en la partida inaugural, ganó dos seguidas. Como ocurre ahora con Kasparov, la ventaja de un punto en el marcador era en realidad de dos porque en caso de empate el campeón retiene el título. Sin embargo, en la undécima cometió un error probablemente decisivo para la pérdida del título. En una posición de clara igualdad, Karpov cayó en una trampa de principiante.

Karpov volvió a reaccionar, hasta el punto de que fue necesario jugar las 24 partidas previstas para decidir el vencedor. Pero el entonces campeón ya no era el mismo. Había perdido aquella frialdad de computadora que le hacía mantener la serenidad en las situaciones de mayor tensión. La octava partida de esta revancha es una clara demostración. Con menos de un minuto en su reloj para realizar 10 jugadas, Karpov quedó paralizado en su silla y perdió por tiempo. Su cerebro y sus manos quedaron desconectados.

Desde un punto de vista técnico, Karpov ha mejorado ostensiblemente su rendimiento en el encuentro anterior. Aunque en las primeras partidas dio la impresión de no haber mejorado nada su preparación de las aperturas, supo corregir a tiempo su obstinación con la defensa Nimzo india. Desde la quinta los problemas de Karpov no han nacido en las primeras jugadas. Incluso ha logrado claras ventajas dos veces. Tal vez en Leningrado, donde el ambiente y la Prensa no estarán tan a favor de Kasparov como en Londres, Karpov se relaje lo suficiente para lograr el único objetivo de su vida que aún no ha conseguido: vencerse a sí mismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de agosto de 1986

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