Los héroes de la última jornada

A las puertas del desenlace de LaLiga Santander, cuatro futbolistas recuerdan los finales agónicos que marcaron su carrera y les permitieron lograr un ascenso, un título liguero, la salvación o el acceso a puestos europeos

El exazulgrana Rivaldo celebra junto a Carles Puyol el gol que clasificó al FC Barcelona para la Champions League en la última jornada de la campaña 2000-01.
El exazulgrana Rivaldo celebra junto a Carles Puyol el gol que clasificó al FC Barcelona para la Champions League en la última jornada de la campaña 2000-01.Diario As

A partir de este fin de semana, algunos equipos de LaLiga Santander deberán definir en 180 minutos cuál es su destino esta temporada: si se quedan en la élite o caen en descenso y si se hacen con un billete para la Champions League, la Europa League o la Conference League. Algo que quizá no se decida hasta los instantes finales y tras ciertas dosis de sufrimiento y épica, como bien sabe Raúl Tamudo, uno de los mayores expertos del fútbol español en situaciones límite que esquivó hasta tres veces el descenso en la jornada 38. Dos de ellas, además, tocando la gloria en el tiempo añadido y obrando una suerte de milagro que llevó a su excompañero en el RCD Espanyol Barcelona y actual técnico del PSG, Mauricio Pochettino, a subir 12 kilómetros a pie hasta Montserrat para mostrar su agradecimiento a la virgen del famoso monasterio.

El exdelantero, ahora integrado en la secretaría técnica perica, recuerda cómo se viven sobre el césped los desenlaces agónicos, los momentos de todo o nada, junto a otras figuras que ganaron títulos o lograron ascensos a última hora. Cuatro relatos de esperanza para los aficionados y futbolistas que se la juegan este mes, a los que el espanyolista suma un consejo. “No sirve de nada echar cuentas. Siempre las haces a tu favor y nunca salen como esperas. Solo hay que concentrarse en el partido y salir a jugar”.

Insomnio. Preocupación. Necesidad de aislarse del mundo. Así describe Tamudo los síntomas en los días previos a los tres duelos que vivió por la supervivencia en la élite. Especialmente sus dos primeras veces, cuando defendía al club donde fue canterano y más tarde se convertiría en capitán y máximo goleador histórico. “Intentas no leer nada, concentrarte… pero cuando sales al campo sientes esa presión de no defraudar a 30.000 aficionados, a tu familia. Es inevitable”, afirma.

En 2004, una diana suya y luego otra del central Lopo allanaron el camino del Espanyol hacia la permanencia contra el Real Murcia. La contienda no tuvo demasiados sobresaltos y acabó con una invasión de campo donde él y la mayoría de sus compañeros se quedaron en paños menores, regalando prendas e intentando alcanzar el vestuario entre la marea de aficionados. Pero en 2006, la victoria no se presentó hasta el minuto 91, al aprovechar Ferrán Corominas un desplazamiento en largo prolongado de cabeza para alojar el balón al fondo de la red. Un tanto que desembocó en un gran alivio más que en una fiesta inolvidable. “Yo llevaba tal cansancio físico y mental que lo único que hice fue marcharme a casa e ir a reposar”, revela.

El exfutbolista Raúl Tamudo al final del partido que dio la salvación al RCD Espanyol de Barcelona en 2006.
El exfutbolista Raúl Tamudo al final del partido que dio la salvación al RCD Espanyol de Barcelona en 2006.Getty Images

Su oportunidad en los momentos decisivos con el cuadro perico quedó coronada en 2007, con una diana en el minuto 89 de la penúltima jornada que alejó al FC Barcelona del título y quedó para la historia con el nombre de Tamudazo. Entre sus numerosas gestas, sin embargo, la que llevó a un mayor éxtasis colectivo fue la que mantuvo al Rayo Vallecano en la máxima división en 2012. Saltó al campo a falta de un cuarto de hora para el final y aplicó su máxima. “Sean uno o 90 minutos, un delantero siempre tiene que estar preparado”. Con su habitual sentido para el gol, en el añadido olió un balón muerto dentro del área y lo empujó hacia dentro con la cabeza para luego quitarse la camiseta y salir corriendo como un poseso.

Al Valencia CF le valían tanto el empate como la victoria en la última jornada para llevarse el campeonato de 1971. Pero un gol tempranero del Espanyol, a quien visitaban esa tarde, les puso en un aprieto. Si FC Barcelona o Atlético de Madrid, sus inmediatos perseguidores, sacaban los tres puntos en el encuentro que disputaban entre ellos a la misma hora, los chés tendrían que decir adiós a su sueño de volver a levantar el título más de dos décadas después. En la grada, la marea valencianista desplazada estuvo casi más pendiente en la radio del partido en el Vicente Calderón que de lo que hacían los suyos en el antiguo Sarrià. Pero, ¿y en el césped? “Fue muy sufrido. No había manera de que el balón entrara e íbamos notando cada vez más la presión. Por suerte, cuando quedaban dos minutos nos dijeron que el otro partido había terminado en empate y pudimos respirar”, cuenta una de las figuras de aquel plantel, el centrocampista Pepe Claramunt.

El internacional español tuvo más motivos que nadie para definir esos 90 minutos como un auténtico calvario. Los últimos duelos de aquella campaña, incluido el último, los jugó con el dedo meñique del pie izquierdo roto. El míster, Alfredo Di Stéfano, le dijo que le necesitaba y él no le falló. “Jugué con la bota abierta por la hinchazón, pero creo que disimulé muy bien el dolor frente a los rivales. No se me notaba tanto, pero estaba en baja forma. Durante la semana no corría ni nada. Solo hacía abdominales y me ponía hielo”, rememora más de medio siglo después de la gesta.

El futbolista Pepe Claramunt en un encuentro con la camiseta del Valencia CF.
El futbolista Pepe Claramunt en un encuentro con la camiseta del Valencia CF.


La victoria podría calificarse de milagrosa en tanto que nadie contaba con el Valencia como candidato al título. No tenían, a priori, grandes figuras y el inicio del curso no había sido demasiado prometedor, con cuatro puntos de diez posibles en las cinco primeras jornadas. Además, el campeonato se decidió en una carambola de resultados nunca vista y que jamás se ha vuelto repetir. Quizá por eso Claramunt recuerda que se desató una locura colectiva entre la hinchada. “En la vuelta con el autobús cuando pasábamos por los pueblos toda la gente estaba en la calle esperándonos”, explica.

El exjugador del Córdoba CF Ulises Dávila confiesa que él y sus compañeros pasaron un poco de miedo en la vuelta de la final del play-off de ascenso a LaLiga Santander de 2014. No por ir perdiendo en el minuto 90, sino porque cuando aún no había sonado el pitido final algunos aficionados de la UD Las Palmas se lanzaron al césped del estadio de Gran Canaria, dando por hecho el triunfo de los locales. “Estábamos asustados porque no sabíamos qué iba a pasar”, rememora sobre unos momentos de confusión que zanjó el colegiado planteando una disyuntiva a los contendientes: terminar el partido o suspenderlo para dirimir el resultado en los despachos. Empujados por la “adrenalina del momento”, explica el centrocampista mexicano, optaron por lo primero y acabaron escribiendo uno de los giros de guion más inverosímiles de la historia.

A la desesperada, con todo el estadio pidiendo la hora, en el tiempo extra el portero del equipo andaluz mandó un balón al área rival que después de un rechace fallido y varios toques terminó en los pies de Dávila. Después de empujarlo a puerta vacía, dice que se le cruzó un pensamiento traicionero durante unos instantes. “No puede ser que haya sido tan fácil”. Así que primero giró la cabeza hacia el línea para comprobar si estaba en fuera de juego, luego miró hacia sus compañeros y al ver estos enloquecer ya sí se creyó el milagro. “Fue increíble porque ellos ya casi lo estaban celebrando. Tuvimos que salir corriendo y ya dentro del vestuario se desató la locura”.

Los futbolistas del Córdoba CF celebran el ascenso a LaLiga Santander de 2014.
Los futbolistas del Córdoba CF celebran el ascenso a LaLiga Santander de 2014.DIARIO AS

La camiseta que vistió esa tarde terminó en casa de sus padres, que habían viajado expresamente desde México para asistir a ese partido. Dávila, que entonces tenía 22 años y estaba cedido en el Córdoba por el Chelsea, se marchó de vacaciones dando por sentado que se quedaría un año más y que cumpliría su sueño de jugar en LaLiga Santander. Pero a pocos días del cierre de mercado en agosto el club le llamó para decirle que no habían podido llegar a un acuerdo con su representante. Al final tuvo que marcharse al CD Tenerife y se quedó sin ascenso. Un palo “muy duro”, asegura, al que el ahora capitán del Macarthur FC australiano solo encontró un poco de consuelo hace tres años, cuando regresó unos días de vacaciones con la familia a la capital andaluza y se dio cuenta que aún le reconocían por la calle. “La gente aún me tiene cariño allí”.

Una imagen en particular ha quedado grabada en la memoria del exfutbolista Gerard López al término de uno de los partidos más decisivos de su carrera: la calma en el vestuario de Rivaldo después de clasificar al FC Barcelona para la Champions League en la jornada 38 con tres goles, uno de ellos en el último minuto y con un remate de chilena desde fuera del área. “Todo el mundo estaba intentando felicitarle y él con una sensación de calma y de tranquilidad, nada eufórico. Era una persona reservada y discreta y lo recuerdo allí como si no fuera con él la cosa”, rememora.

Esa noche de 2001 hubo en el Camp Nou bastantes ingredientes para la épica –lluvia, alternancia en el marcador hasta llegar al 3-2 definitivo, gol en el último minuto– que terminaron en una de las últimas invasiones de campo que se recuerdan en el feudo azulgrana. El ahora comentarista de Movistar Plus+ lo vivió todo desde la grada por una lesión. Sin embargo, para él fue una cita especial porque el rival, y competidor con los azulgranas por la cuarta plaza, era su exequipo, el Valencia. “Cuando terminó el partido fui a su vestuario y estaban alucinados. Más que frustrados, se dijeron que contra tal golazo no se podía hacer nada”.

En un momento en el que los televisores y en los periódicos aún se trata de resolver el misterio de cómo el Real Madrid ha logrado sus últimas remontadas europeas, el analista cree que para decantar partidos decisivos en los instantes finales se mezcla un factor psicológico, “de saber crear un momento mágico, una chispa que el equipo sepa aprovechar”, con la necesidad de contar con jugadores de la suficiente entidad para llevar a cabo acciones determinantes cuando el pulso está más acelerado y las piernas más pesadas.



Archivado En:

Más información