La fabulosa historia de Jonatan Giráldez: de vender en la calle a entrenar al Barcelona
El técnico gallego, que llegó a Catalunya sin más dinero que para pagar un mes de alquiler, habla catalán y ha marcado el carácter competitivo de un equipo que busca la cuarta final de la Champions


”¿Quieres una historia de Hollywood?”, pregunta Markel Zubizarreta, director deportivo del Barcelona. “Habla con Jona”, resuelve el hijo del portero del Dream Team, mientras el Barça femenino golea al Atlético de Madrid, última parada antes de medirse hoy (13.30) al Chelsea en la ida de las semifinales de la Champions League. Jona es Jonatan Giráldez (Vigo, 31 años). ¿Su trabajo? Entrenar al femenino azulgrana. ¿Su vida? “Cada uno tiene su historia, supongo que Markel lo dirá por mis orígenes”, cuenta el preparador. Y se arranca: “¿Por dónde empiezo?”, ¿por el principio?”. Tiene nervio, pero habla con calma. Piensa en el futuro, pero no olvida el pasado. Siempre, claro, con la pelota como guía. “Llegué a Barcelona con 19 años. Tenía lo justo, solo para pagar el primer mes de alquiler: 800 euros. A partir de ahí a ganarse la vida”, recuerda Giráldez. Aparece la palabra ganar y, acto seguido, comienza el relato.
El deporte acostumbra a poner en el escaparate historias de superación, generalmente a partir de hijos de un talento extraordinario. No es el caso de Giráldez. No tiene ningún don natural que pueda ser comparable a un billete ganador de la lotería. Posee, en cambio, una determinación inquebrantable. “Encontré trabajo al segundo día”, explica. Después de bucear por InfoJobs, Giráldez halló una publicación en la que ofrecían un empleo ideal para estudiantes. “Justo lo que necesito”, pensó Jona, que había llegado a Catalunya para completar su formación como preparador físico y entrenador. No todo era ideal. Sin hablar catalán ni conocer gente, se plantaba en la calle para captar afiliados para la Cruz Roja y para la Asociación Española Contra el Cáncer. No era su única dificultad. “En cuatro horas tenía que recaudar el dinero que normalmente se hacía en ocho”. Acto seguido, se enorgullece: “Era una máquina vendiendo”.
Giráldez se había creado una estrategia. La misma que utilizaba para liderar los vestuarios, hasta entonces solo del fútbol base. “Si les dices ‘tienes un minuto’ no se para nadie. Yo buscaba captar la atención de la gente para después buscar generar la venta”, explica. Y pone un ejemplo: “Si pasaba un niño con una pelota, le decía ‘juego”. La experiencia le duró cinco meses. Después pasó a preparar postres en Gino’s y Vips. ¿El sueldo? Seis euros la hora. “Hacía profiteroles, brownies, tiramisús.” Pasó a Decatlón y hasta repuso bombillas y pilas en Leroy Merlin. Todo, sin perder el foco. “Quería dedicarme al fútbol, como entrenador, como analista o como preparador físico. El objetivo lo tengo claro desde que tengo uso de razón. Creo que es para lo único que valgo”, dice.

Finalizado un máster sobre rendimiento en fútbol, Giráldez hizo las prácticas en el Espanyol. Entonces, sonó el teléfono. Era Marc Vives, director técnico de la Federación Catalana. Había trabajo y no era para hacer de camarero ni de vendedor. Eran 200 euros para que ejerciera de preparador físico del sub-16 y del sub-18 de los equipos femeninos. “Lo hubiese aceptado gratis. Poco a poco la federación me fue dando diferentes cargos. Hice de analista, de profesor en la escuela de entrenadores y de seleccionador”, rememora. Aunque todavía se tenía que ganar la vida fuera del fútbol.
De nuevo, apareció Vives. “¿Cuánto dinero quieres para dedicarte solo a esto?”, le preguntó. Ya no hubo vuelta atrás. Hasta ejerció de comentarista de partidos en Mediapro, gracias al puente que le tendió Natalia Arroyo, hoy entrenadora de la Real Sociedad. Pero Giráldez no se conformaba, ni siquiera cuando lo llamaron del Barcelona en 2019 para que ejerciera de segundo entrenador. En 2021, después del histórico triplete azulgrana, Jona cogió las riendas del equipo. ”Le pregunté a Markel por qué me había escogido”. La respuesta de Zubizarreta no le sorprendió: “Aspectos futbolísticos”. Giráldez, sin embargo, tenía un plus que en el Barcelona necesitaba para el primer equipo. “Es el tío más competitivo que he conocido”, reconoce Markel. Hasta alguna futbolista se ha quejado de las entradas de Jona en los partidillos. “Hay que ganar, ¿no?”, reflexiona él.
Catalán en dos días
“Cuando llegué al Barça, en los entrenamientos se marcaba un gol y no se celebraba. Se ganaba un partidillo y no se celebraba. Hoy la gente celebra cuando gana y se cabrea cuando pierde. Eso es sentir el fútbol”, insiste. “¿El resultado por encima del juego? “Por supuesto que no. Pero en los partidos hay que aprender a gestionar momentos. Con un 1-0 a favor juegas distinto que con 0-1 en contra. Y la única manera de aprender a gestionar esas emociones es entrenándolas´, y para eso te tiene que importar siempre el resultado”. Hoy, en todos los ejercicios que realiza el Barcelona, las jugadoras compiten. Así han conseguido ganar 60 partidos consecutivos en la Liga. Una estadística de récord Guinness.
“Jona no para. Siempre quiere aprender, siempre quiere más. Si él dice que aprendió a hablar catalán en dos días”, explica Zubizarreta. “¿Dos días?”, replica Giráldez. “¡No!”, enfatiza, en broma, “lo aprendí en un día”. En cada puesto de trabajo, el técnico gallego se ha buscado un hombre de confianza para mejorar su catalán, ahora es Jordi Closs, jefe de prensa del Barça femenino. “Hay algunos vídeos en Youtube de mis primeras ruedas de prensa en el sub-16 de la federación. Mi catalán era un auténtico desastre. Pero no tengo vergüenza”.Su película, de Hollywood o no, no es solo suya. También es la del Barça femenino, que busca la cuarta final de Champions de su historia, siempre con Giráldez en el cuerpo técnico, primero como segundo entrenador, ahora como el líder. “¿Qué espero?”, remata; “Ganar, ¿para qué jugamos, si no?”.
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