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El siempre hábil Bartomeu

El despido de Valverde y fichaje de Setién ahondan en la sensación de que el Barça es un club en el que reinan Messi y el desgobierno

Josep Maria Bartomeu, llegando este lunes a la ciudad deportiva.
Josep Maria Bartomeu, llegando este lunes a la ciudad deportiva. EFE

Hay un detalle bastante significativo en el tríptico electoral con el que Josep María Bartomeu se presentó a las últimas elecciones: él, como candidato a la presidencia, figura en dos de las fotografías seleccionadas para ilustrar el documento mientras que Messi, el verdadero sostén de su proyecto, aparece en cuatro. Así las cosas, y admitiendo que nada es trivial ni gratuito en el mundo de la publicidad, no parece demasiado aventurado concluir que de los 47.270 socios que aquel sábado 18 de julio ejercieron su derecho al voto, 25.823 no dudaron en depositar su confianza en el argentino. También en Bartomeu y su junta directiva, evidentemente, aupados al olimpo de los buenos gestores por un triplete de proporciones históricas, la renovación a contrarreloj de Luis Enrique y, lo que son las cosas, el fichaje estratégico de Arda Turán.

Desde entonces, al flamante presidente se le han ido cayendo los embellecedores por el camino, incluido el de aquel idilio suyo con Messi que nadie fue capaz de contradecir durante la campaña. Lo intentó Joan Laporta hasta el último momento pero el apoyo explícito del argentino nunca llegó a producirse. Mientras tanto, un siempre hábil Bartomeu se dejaba fotografiar con el personaje más cercano a Dios de todo el entorno azulgrana, Sor Lucía de Caram: funcionó como una especie de señal divina. El famoso tridente, otro de los cebos principales en aquel pasquín electoral, también saltó por los aires al poco tiempo. La marcha de Neymar Jr. intentaría enmendarla el propio Bartomeu este mismo verano, pero la negociación fallida con el PSG solo sirvió para aumentar las dudas sobre la salud económica del club, amén de reabrir viejas heridas: las de un fichaje que terminó con el club condenado por delitos fiscales y sus posteriores complicaciones judiciales, incluida una demanda del propio jugador que sigue su curso en los tribunales.

El Espai Barça, la otra piedra angular en la propuesta electoral del hoy presidente, sigue sin concretarse mientras el coste inicial del proyecto no deja de crecer a medida que pasa el tiempo. Tampoco la cantera ni las secciones polideportivas pasan por su mejor momento y, sin embargo, nada de esto parecía hacer mella en su reputación de buen administrador hasta la desastrosa gestión en el despido de Ernesto Valverde y la posterior contratación de Quique Setién: un paso en falso que lo ha llenado todo de viejos cristales rotos, como en los peores divorcios.

Toda su argumentación posterior del caso -que sonó improvisada y un tanto necia en algunos puntos- no ha hecho más que ahondar en la sensación de que el Barça es hoy un club en el que reinan Messi y el desgobierno. Tampoco parece el peor de los escenarios, por otro lado, sobre todo si uno lo compara con etapas pretéritas. No hay que irse muy lejos para recordar a Enric Reyna blandiendo un sobre lacrado ante la Asamblea de compromisarios, como si fuera el Santo Sudario, o a Joan Gaspart investido como presidente con 25.181 votos, tan solo 642 menos que el propio Josep María Bartomeu, lo que pondría en solfa gran parte de la argumentación anterior: mejor ni pensar en que ese es el valor real de las cuatro fotos de Messi.

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