TENIS | ROLAND GARROS

Muguruza salva un día horroroso

La hispanovenezolana sobrevive en el debut ante Zidansek tras cometer 64 errores y ceder seis veces el saque en un partido desgobernado: 7-5, 4-6 y 8-6, después de 3h 01m. Se enfrentará a Kristyna Pliskova

Garbiñe observa la pelota durante el partido contra Zidansek.
Garbiñe observa la pelota durante el partido contra Zidansek.THOMAS SAMSON / AFP

El silencio manda y la tensión aumenta en la coqueta Simonne Mathieu, envuelta de plantas y una vidriera que se mimetiza con los Jardin des Serres, y donde a Garbiñe Muguruza la llevan mil demonios porque quiere y no puede. Su tenis, sencillamente, se traba. No atina, se enreda, se cabrea. Tamara Zidansek, a la que no se había enfrentado nunca, va enredándole hasta conducirle hacia el lugar que exactamente quería: la duda. Hay días grises y días luminosos, y también esos días raros en los que no se sabe muy bien hacia dónde se dirige la hispanovenezolana. Este último fue ni más ni menos que horroroso. Y aún así, Garbiñe lo salvó: 7-5, 4-6 y 8-6, después de 3h 01m.

Una de cal, otra de arena. Suspiros, alivio, un beso a Conchita. De buena me he librado, pasa por esa cabeza. “Ha sido un cúmulo de todo", explica luego; "la tensión de estar en un grande, del primer partido y ante una rival que no conocía. Creo que ella ha jugado a un nivel altísimo, durante las tres horas, así que estoy contenta de haber ganado el partido. Está claro que debo mejorar algunas cosas, pero las primeras rondas siempre son difíciles. Aunque haya sido largo y duro, estoy contenta”.

Su primer turno de servicio fue premonitorio. El juego se prolongó durante 15 minutos y cedió siete bolas de break hasta que la eslovena consiguió desequilibrar, e inclinar el terreno a su favor. Se planteó desde ahí un partido sin gobierno y sin control. No es nuevo: en ella misma está el origen, y también la solución. Salió destemplada Muguruza. Quería ejercer, pero el nerviosismo no le dejaba. Le faltó finura en los golpes y le sobró aceleración. Lo aprovechó Zidansek, que con muy poquito sacó mucho. Repertorio limitado. Devolver y esperar. Atraer a Garbiñe a la red e inducirle hacia el error. Hasta 64, en total.

Llevan veneno los estrenos en los grandes y la 15ª del mundo siguió metiéndose en un lío porque sufría con el servicio (tres dobles faltas de entrada) y se precipitaba en la definición. Cedió seis veces el saque, transcurrió el duelo a tirones y rescató el primer parcial a base de agallas. No pudo repetir en el segundo y arrastró la dinámica hasta el tercero, encajando seis juegos consecutivos. En la resolución estuvo muy cerca de darse un trompazo. Sin embargo, se enderezó a tiempo. De break en break, un escenario a evitar a toda costa, acabó saliendo airosa de una tarde para olvidar.

Conviene, en cualquier caso, resetear y quedarse con lo bueno. Lo pasó fatal, pero sobrevivió. De esto van los Grand Slams, bien lo sabe ella. Luchar, luchar y luchar, como ya hiciera la semana previa en el Foro Itálico de Roma. Salió adelante después de sufrir un mundo y París le exige ahora un salto más que considerable. Kristyna Pliskova (6-1 y 6-2 a Viktoria Kuzmova) por delante, el miércoles. Con apretar los dientes no será suficiente.


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