Jürgen Klopp, líder rebelde

En sintonía con una hinchada y una ciudad que jalean su militancia socialista y su espíritu crítico, el entrenador del Liverpool culmina su obra con la Premier más rápida de la historia

Jürgen Klopp celebra la victoria del Liverpool contra el Bournemouth en marzo.
Jürgen Klopp celebra la victoria del Liverpool contra el Bournemouth en marzo.Jan Kruger (Getty Images)

Cuando Jürgen Klopp se presentó ante sus jugadores en la sala de reuniones de Melwood, en octubre de 2015, cogió un marcador y estampó un mensaje en letras mayúsculas en el pizarrón blanco: “TERRIBLE”. Ante las miradas de incredulidad, el nuevo técnico les explicó que así era como se sentirían sus rivales a partir de ese día.

Casi cinco años después el Liverpool ha pasado de conformarse con clasificarse para los puestos de Liga de Campeones a convertirse en una referencia del fútbol mundial. La Champions alzada en 2019 y la Premier obtenida este jueves, la primera liga inglesa que gana el Liverpool en 30 años y la primera en la historia lograda con un margen de siete jornadas de antelación, reflejan el liderazgo de este hombre cristalino y misterioso.

No es normal que un entrenador manifieste abiertamente sus ideas. Mucho menos si son ideas políticas que le llevan a significarse contra el Gobierno del país que le acoge. Klopp hizo campaña contra el Brexit en pleno Brexit y no ha dejado de criticar la estrategia de Boris Johnson durante la crisis del coronavirus. “Aquí me siento un marciano”, dijo la semana pasada, cuando contó que había entrado en un establecimiento en Liverpool y había descubierto que era la única persona que llevaba máscara.

Michael Zorc, director deportivo del Dortmund, le felicitó ayer comparándole con un paradigma del deportista contestatario: “¡Eres el Mohamed Ali del fútbol!”.

En cualquier otra ciudad inglesa, Klopp se habría arriesgado a que le tacharan de ingrato, traidor o loco. Pero como advirtió Peter Moore, director ejecutivo del club, “esta es una ciudad socialista”. Constituida por la inmigración irlandesa, de mayoría católica, y marcada por la profunda huella que dejó el puerto en sus ciudadanos, Liverpool abunda en personalidades refractarias a la autoridad, sobre todo si la autoridad proviene de Londres.

Fue Mike Gordon, director de Fenway Sports Group (FSG), quien propuso a Klopp celebrar una entrevista en Nueva York a finales del verano de 2015. El ejecutivo de la empresa propietaria del Liverpool buscaba un entrenador que reemplazara a Brendan Rodgers y, tras valorar la contratación de Carlo Ancelotti, pensó en reunirse con el alemán para conocerlo mejor. Los informes hablaban de un tipo incontrolable que calzaba zapatillas Converse y no se dejaba persuadir por las directrices de los presidentes. Eso era precisamente lo que iba diciendo Hans-Joachim Watzke, el CEO del Dortmund, su antiguo jefe. Tras recorrer los despachos de Stamford Bridge y el Bernabéu, el rumor llegó al otro lado del Atlántico.

Gordon dice que descubrió a un carismático, no a un fundamentalista. Klopp sabía escuchar. Escuchó estupefacto cuando Gordon le desafió: “Decir lo que piensas y expresar tu disentimiento no solo está permitido en el Liverpool. ¡Es un requisito!”. Según The Athletic, el veredicto fue inmediato. Gordon llamó a John Henry, el dueño de FSG, y le invitó a fichar a Klopp señalándole que el hombre tenía madera de director ejecutivo.

“Este no es el destino final”

Henry había comprado el Liverpool en octubre de 2010. Siguiendo su olfato de inversor oportunista pagó apenas 440 millones de dólares. Tras años de propietarios antojadizos y directores deportivos incompetentes, el que fuera el club más valioso de Inglaterra era una ganga. Había tocado fondo. Bastó con la introducción de un modelo racional para elevar el rendimiento y el valor. El fichaje de Klopp, lejos de ser una apuesta emotiva, fue el resultado de un análisis ponderado. El presunto intransigente, tan denostado por los dirigentes tradicionales, era el hombre que mejor se ajustaba al espíritu de Anfield y de la ciudad que lo acogía. Lejos de litigar, se consolidó como un coordinador constructivo capaz de abordar problemas delegando responsabilidades. Si ahorrar en gastos disparatados es una señal antisistémica, Jürgen Klopp es un fuera de la ley: el gasto neto en fichajes desde 2015 ronda los 100 millones de euros.

”El Liverpool se ha quitado de encima una mochila pesada, la historia ya no es una carga, la historia es ahora nuestro maravilloso trasfondo, es la base de lo que estamos haciendo”, dijo este viernes Klopp en una entrevista concedida a Sky Sports. “Todos somos lo suficientemente jóvenes como para ir por algo más, este no es el destino final. Es un momento como el de la final de la Champions del año pasado”.

Heredero de Shankly de pleno derecho, a sus 53 años este alemán sentimental ya forma parte de la leyenda de una ciudad rica como pocas en folclore popular. Cuenta su agente, Marc Kosicke, que tras la primera entrevista con Gordon en Nueva York atravesó el Central Park como un penitente y se detuvo en la acera consagrada: frente al Dakota Building, donde fue asesinado John Lennon, el más célebre de los rebeldes del Mersey.

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