LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

La línea roja de Djokovic

El número uno, señalado de nuevo, defiende que su gira cumplía el protocolo mientras Coric y Troicki se unen al positivo de Dimitrov. Numerosos profesionales critican la laxitud del evento y el mal ejemplo

Djokovic posa con los voluntarios del Adria Tour en Belgrado, el pasado 14 de junio. / DARKO BOJINOVIC (AP)
Djokovic posa con los voluntarios del Adria Tour en Belgrado, el pasado 14 de junio. / DARKO BOJINOVIC (AP)

A Novak Djokovic le persigue una áspera fama procedente de sus años jóvenes, cuando tuvo algún que otro desliz en la pista y su actitud socarrona le granjeó un buen puñado de detractores. Sin embargo, quienes le conocen bien cuentan que además de ser un buen tipo trata de mantener un perfil bajo más allá del tenis. El serbio es educado, agradable en las distancias cortas y suele colaborar con los estratos sociales más bajos de Belgrado, su ciudad, sin publicitarlo ni jactarse de ello. “En el fondo es un gran desconocido. Tal vez, el hecho de que irrumpiera en la fiesta de otros dos [por Roger Federer y Rafael Nadal] no guste y eso le esté pasando factura”, asegura una fuente cercana al serbio. Un buen tipo, sí. Pero también muy singular.

Djokovic tiene una forma muy particular de ver la vida y es de ideas firmes. No se esconde, y eso suele tener un peaje. Encerrado en Marbella durante el confinamiento, deslizó que a él no le hacía ninguna gracia la idea de tener que vacunarse por obligación para que se reanudara el circuito, y empezaron a lloverle las críticas. Posteriormente, en cuanto tuvo luz verde se desplazó a su país para lanzar una gira por los Balcanes que tuvo una repercusión casi inmediata: mientras en la mayor parte del planeta se vigila escrupulosamente el protocolo (independientemente de la normativa) para frenar la expansión de la covid-19, desde allí han ido llegando imágenes y escenas cuanto menos sorprendentes.

Una pista desbordante, con 4.000 personas en las gradas. Ni rastro de mascarillas, ni geles desinfectantes ni de distancia de seguridad. Los tenistas que participaron en el Adria Tour, abrazándose y participando en actos lúdicos sin remilgo alguno. Djokovic, Zverev, Dimitrov y Coric rodeados de una multitud de niños en una plaza de Zadar (Croacia), y también bailoteando en una discoteca de Belgrado. Y luego, en una estrecha franja de horas, dos bombazos: los dos últimos anunciaron haberse contagiado, y también han trascendido (de momento) los positivos de Viktor Troiki y su esposa, embarazada; Marco Panichi, el preparador físico del número uno; y Christian Groh, entrenador de Dimitrov.

“Habíamos tomado todas las medidas prescritas por los gobiernos”, expone Djordje, uno de los dos hermanos de Nole. Sin embargo, desde el resto del mundo se contempla el desarrollo de la iniciativa como una temeridad, pero no tanto por el fondo como por la forma. En países como España, Francia, EE UU o Austria el tenis también ha ido despegando tímidamente el vuelo, pero siempre bajo estrictas medidas de control. “Fue un sinsentido seguir adelante con la exhibición. Este tipo de cosas ocurren cuando se ignoran todos los protocolos. Esto no es una broma”, reprochó Nick Kyrgios a través de las redes. “Liderazgo estelar”, ironizó el estadounidense Mitchell Krueger, el 195º del mundo, en referencia al cargo que desempeña Djokovic al frente del Consejo de Jugadores de la ATP. “Aparentemente hay una pandemia…”, se sumó el exnúmero uno Andy Roddick.

Otro antiguo líder del circuito, Andy Murray sigue peleándose con su cadera con el objetivo de sellar su carrera en las pistas y este lunes se refirió a la polémica gira de Djokovic en la antesala de la Battle of the Brits, una exhibición planteada por la Federación Británica. “Todos los países tienen diferentes reglas, pero creo que una vez que llegan al tuyo visitantes de otras naciones, jugadores y preparadores en este caso, debes asegurarte de tomar todas las precauciones necesarias para intentar evitar una situación como la que ha ocurrido allí. De alguna manera, esto es una lección para todos”, afirmó.

En ese mismo acto, también opinó el inglés Daniel Evans. “Ha sido un mal ejemplo. Aunque las directrices de ese país no te obliguen a estar a dos metros de distancia, creo que todos deberíamos hacerlo. Se ha despreciado totalmente todo eso”, recriminó el 28º del mundo en unas declaraciones recogidas por el Daily Mail. “Definitivamente, todos podemos aprender de esto. Y espero que esto no afecte al US Open…”, prorrogó Evans, muy crítico con Djokovic: “¿Si debe seguir como presidente del Players Council? No lo sé… Pero creo que si has estado bailando con otros jugadores, unos encima de otros, y luego dos han dado positivo, deberías sentir algo de responsabilidad”.

El domingo, conforme trascendía el de Dimitrov, se cancelaba el evento y se propagaba la sensación de irresponsabilidad, el gobierno de Aleksandar Vucic (del conservador Partido Progresista Serbio), el mismo que autorizó el Adria Tour de Djokovic, se imponía de forma contundente en las elecciones. “Fue el único lugar del mundo en el que hemos visto algo así”, comentó el francés Richard Gasquet, “pero él no es el culpable, sino el gobierno que le permitió meter a esos 4.000 espectadores en un mismo lugar. No está nada claro qué puede ocurrir en Nueva York...”.

En medio de la polvareda, las pruebas nocturnas revelaban que Alexander Zverev, Marin Cilic y Andrey Rublev, tres de los participantes, habían dado negativo e iniciaban la cuarentena de rigor. “Me disculpo profundamente ante cualquiera al que haya podido poner en riesgo jugando en este tour”, transmitió el primero de ellos. Mientras tanto, Nole se subía a un avión privado junto a su familia para hacerse el test por su cuenta, en Belgrado y un día después, según apuntaron los medios serbios. Jugando al límite, entre líneas rojas otra vez.

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