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El presidente tiene 24 años

El argentino Franco Caselli, del Burgos, se convierte en el mandatario más joven en las tres primeras categorías del fútbol español

Franco Caselli, en un hotel de Madrid este viernes.
Franco Caselli, en un hotel de Madrid este viernes.

El primer regalo del 24º cumpleaños de Franco Caselli fue un equipo de fútbol. Con 23 años y 364 días, este argentino fue elegido presidente del Burgos CF en la junta de accionistas del pasado miércoles. El más joven de las tres principales categorías del fútbol español, Primera, Segunda y Segunda B. “Fue una alegre coincidencia”, comenta entre risas. Caselli, que estrena a lo grande su máster en gestión y derecho deportivo de la FIFA, asume con temple el compromiso de su cargo: “Es una prueba de que los jóvenes podemos involucrarnos y tener responsabilidades en este tipo de proyectos”.

El proyecto es reflotar al heredero del equipo histórico que militó seis temporadas en Primera División, venido a menos tras su refundación en los años noventa. El club, con 4,5 millones de euros de presupuesto, uno de los mayores de Segunda B, recorre ahora sin mucha gloria los campos de la categoría. Franco llegó al club castellano de la mano de su padre, Antonio Caselli, empresario argentino y exdirectivo de River Plate que decidió cruzar el charco tras perder tres veces seguidas las elecciones para presidir el club de sus amores. Los Caselli desembarcaron hace seis meses en Burgos con 2,8 millones de euros bajo el brazo. La familia se hizo con el 85% de las acciones del club y remató la faena en la última junta de accionistas, que reformó el consejo de administración, del que solo continúan dos miembros de la presidencia anterior.

Franco, que desde que acabó el colegio comenzó a seguir los pasos de su padre, pasó de la grada del Monumental a los despachos del estadio El Plantío, en los que se ha rodeado de gente de su confianza, como su hermano menor Bruno, que con 20 años ya es vocal del club. “Mi padre siempre dice que lo más sagrado es la familia”, explica orgulloso. No obstante, el joven presidente asegura que la relación con la directiva saliente es “muy buena” y recuerda que es el primer mandatario de la historia del club elegido por unanimidad por la junta accionarial.

Los Caselli han llegado al Burgos en un momento en que la figura del inversor extranjero millonario empieza a oscurecerse en el fútbol español, donde cada vez se mira con más preocupación al Málaga del jeque Al Thani o vuelve a la memoria el Racing de Ali Syed. Millonarios que abandonan la causa si no hay buenos resultados a corto plazo, dejando esquilmadas las arcas de los clubes. El joven Caselli, sin salir del discurso institucional, quiere alejar esos fantasmas: “Nuestro proyecto es serio, venimos para quedarnos y demostrar nuestro modelo de gestión”. Su idea es que el socio sea “el centro” del club, para lo cual ya ha tomado medidas como bajar el precio de los abonos. De hecho, ha conseguido enganchar a 5.500 socios, con los que incluso ha compartido algún encuentro en la grada de animación del Plantío.

Sin embargo, el equipo, decimocuarto del grupo II, no acaba de despegar pese a la revolución de los Caselli en la plantilla. “Es un equipo nuevo, con 17 jugadores de 22 que acaban de llegar, pero tenemos que apuntar alto”, afirma Franco, que adelanta que hará movimientos en el mercado invernal de fichajes. El joven mandatario tiene entre ceja y ceja que el Burgos recupere su reputación, aquella de “matagigantes” que se ganó el equipo de la temporada 1990-91. Real Madrid, Barcelona y Valencia fueron sus víctimas más destacadas en una campaña en la que el conjunto se quedó a cinco puntos de clasificarse para la UEFA. “Queremos volver a estar en el centro de discusión del fútbol nacional”, repite una y otra vez.

Mientras tanto, Caselli vive en Burgos con su pareja, que gestiona la reactivada fundación del club, y recibe la visita de su padre una semana al mes. El joven presidente se imagina algún día sentado en el palco del Bernabéu viendo al Burgos, pero, más cholista que su compatriota Simeone, no se fija un objetivo más allá del próximo partido.

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