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El Gordo cae en Becerril

El club del pueblo más pequeño que jamás jugó la Copa del Rey recibirá, pero en Palencia, a la Real Sociedad en una antesala navideña que será inolvidable para bastantes clubes modestos

Los jugadores del Becerril y sus familias festejan el emparejamiento con la Real Sociedad en un bar de la localidad castellana.
Los jugadores del Becerril y sus familias festejan el emparejamiento con la Real Sociedad en un bar de la localidad castellana. EFE

“Para estos equipos está pensada esta Copa del Rey”, planteó Luis Rubiales antes del sorteo. Al presidente de la Federación Española de Fútbol le ilusiona el nuevo formato del torneo, que ha recuperado no solo la eliminatoria a partido único, sino que integra a más equipos que en campañas anteriores, lo que ha abierto la puerta a que equipos muy modestos pueden afrentarse ahora a conjuntos de Primera División. Todo un cuento de cenicientas.

Superada una eliminatoria preliminar que dejó con la miel en los labios a 10 escuadras que militaban la pasada campaña en categoría territorial, la Copa la disputan 115 equipos. Cinco han quedado exentos en esa ronda inicial: los cuatro que jugarán la Supercopa (Barcelona, Valencia, Atlético y Real Madrid) y un quinto por sorteo (el Yeclano). Los partidos se celebrarán entre el 17 y el 19 de diciembre. Para muchos será el Gordo de Navidad. El sorteo se dirigió de tal manera que los equipos de Tercera tendrían que emparejarse con rivales de la liga profesional. “Nos tocase el que nos tocase iba a ser una ilusión”, explicó José Manuel Maya, directivo de El Álamo, un club madrileño recién ascendido a Tercera que recibirá en su campo al Mallorca. Al menos esa es su intención si consigue adecuar un par de graderíos supletorios y conformar las instalaciones según los requisitos federativos. No todos tendrán esa opción. Los navarros de la Peña Azagresa buscan campo para recibir al Celta. La hierba artificial de su feudo no es de última generación, la iluminación es insuficiente para el mínimo de un duelo televisado, no hay sala de prensa y un muro rodea el campo a una distancia que en estas instancias no se considera apta.

Para un modesto club organizar un partido contra un rival profesional genera sentimientos que fluctúan entre la ilusión y la responsabilidad. En el partido eliminatorio contra el Pedroñeras conquense, los directivos de El Álamo decidieron que sonase por megafonía el himno español, algo que solo ocurre antes de la final de Copa. Para ellos era una final. Pero lo que sonó fue la versión franquista de la Marcha real con la letra de José María Pemán. Las redes sociales ardieron, el club se apresuró a pedir disculpas y ahí entendió que estaba bajo los focos, y no solo los lumínicos.

La intendencia no es poca. En Logroño ya se anuncia una reunión en el Ayuntamiento porque habrá tres partidos en tres días consecutivos en Las Gaunas. SD Logroñés, UD Logroñés y Comillas ejercerán de locales. Los últimos, el equipo de la Universidad Pontificia, esperan en la Copa al Villarreal.

En Becerril de Campos, el pueblo más pequeño (apenas 754 habitantes, según el último padrón) en situar un equipo en la Copa, ya sabían que si superaban al Urraca asturiano irían al estadio de La Balastera palentina. Los palentinos lo lograron tras un partido en el que el refuerzo lumínico del campo que lleva el nombre del atleta Mariano Haro, gloria deportiva local, dijo basta a los cinco minutos de juego. Se jugó el partido gracias a un generador. Ahora esperan a la Real Sociedad y sueñan con llenar su estadio. El Becerril, que acaba de escalar categoría desde Preferente, recibirá 23.000 euros de fijo federativo. Es lo estipulado para los equipos de Tercera. Con la taquilla pueden cubrir, y de largo, el presupuesto anual, que no llega a los 120.000 euros. “Le daremos un premio a los jugadores, por supuesto, pero queremos que repercuta en mejorar las instalaciones en nuestro pueblo”, detalla el presidente, Juan Antonio Redondo.

Pero el premio lo sacó sobre todo el Atlético Antoniano. El único equipo de Tercera que se emparejó con un vecino de Primera. El Betis debería de visitar Lebrija pero, vista la expectación, los locales ya estudian jugar el partido en Jerez y sueñan con llenar un estadio de 20.000 espectadores. Nadie se guarda la ilusión, por más que Rubiales definiese la situación desde la paradoja: “Este era un sorteo en el que casi todos los equipos querían que les tocase el rival más poderoso”.

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