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España naufraga en Gwangju

El equipo que abandera Mireia Belmonte apenas consigue nadar tres finales y la cosecha de medallas en disciplinas olímpicas se limita a las dos platas del waterpolo

Mireia tras la preliminar de 1.500 en Gwangju. Ampliar foto
Mireia tras la preliminar de 1.500 en Gwangju. EFE

Los 400 metros de estilos combinados, la prueba que mide a los nadadores más finos, más técnicos y más completos del mundo, discurrió a un ritmo relativamente lento y tuvo un desenlace inesperado cuando por detrás del japonés Daya Seto (4m 8,95s), el estadounidense Jay Litherland (4m 9,22s) y el neozelandés Lewis Caleburt (4m 12,07s) irrumpió el español Juan Lluís Pons, alias Bisbal. El mallorquín rozó el bronce mientras establecía el récord nacional en 4m 13,30s y sacaba al equipo de las profundidades deprimentes que lo atenazan desde que Mireia Belmonte dejó de ejercer de salvadora.

Todos quieren a Pons en la expedición española que regresa de Gwangju. Unos, por su buen humor, otros por su predisposición al trabajo, y otros porque les hace gracia que un chico con un físico tan poco común entre los tallos que frecuentan la piscina, de apenas 1,70 de altura, sin la potencia ni las palancas de los nadadores que colman las finales, tenga tanto talento para fluir en el agua a la velocidad de los mejores. Era objeto de simpatía hasta que la última jornada del Mundial le convirtió en el nadador más sobresaliente de la actuación de España con el cuarto puesto en la final de 400 estilos. En el viaje de regreso de Corea del Sur, además de hacer mucha gracia, Pons fue el más respetado.

“El récord de España de Juanllu nos da alegría para irnos mejor”, dijo Fred Vergnoux, el jefe de entrenadores, con el tono preocupado de quien lo ha visto negro. “Tiene mucho mérito estar aquí una semana como él, sin competir hasta el último día. Y cuando toca, nadar en una final haciendo su mejor tiempo y haciendo récord nacional. Esto es muy potente”.

Bronce en el Europeo de Glasgow de 2018, Pons se ha ganado una reputación de competidor solvente desde que batió su mejor marca personal —hizo 4m 16,48s— en los Juegos de Río para nadar la final de 400 estilos. En Corea del Sur, a sus 22 años, ofreció su mejor versión para maquillar una actuación general que condena a España a reflexionar. Por excelente que sea la actuación del mallorquín, la mejor marca de su vida solo le permite ocupar el 48º puesto del ranking mundial de los mejores nadadores de estilos de todos los tiempos.

Que Pons sea la manifestación más ilusionante del equipo a un año de los Juegos de Tokio revela el estado de necesidad en que se encuentra la natación española. Aspirar a medallas cuando han habido 47 nadadores más rápidos en una especialidad es perseguir un objetivo remoto. Si con 28 años Mireia Belmonte ha comenzado su declive —y si no lo ha comenzado, no tardará— los Juegos de 2020 amenazan con un desierto.

Mireia Belmonte fue durante años una de las mejores 10 nadadoras del ranking mundial de 100 mariposa, 400 estilos y 800 libre. Un caso fabuloso. Una excepción única en la historia de la natación de un país que solo produce figuras de manera esporádica. En junio Vergnoux advirtió que Mireia llegaba al Mundial sin la preparación adecuada después de haberse tomado un año medio sabático en 2018. El precedente del Mundial de Kazán —que Mireia se saltó debido a una lesión— a un año de los Juegos de 2016 obliga a dar crédito a la nadadora de Badalona. Pero los estudios estadísticos indican que será muy poco probable que en Tokio la española mejore sus marcas de Río.

Última carrera

La última carrera de Mireia en Gwangju fue la preliminar de 400 estilos, este domingo por la mañana. No pasó a la final. Quedó 13ª con 4m 42,16s. Fue la clase de tiempo que invita a la preocupación. Mireia no baja su mejor tiempo en 400 estilos (4m 31,21s) desde los Mundiales de 2013. Su mejor marca en 200 mariposa (2m 4,78s) también se remonta al Mundial de 2013, y a pesar de que ostenta el oro olímpico en esta especialidad su registro en Gwangju (2m 12,72s) no le permitió entrar en la final. El mismo patrón se observó en el 800, en donde acabó al final en el último puesto con un crono (8m 25,51s) que la aleja peligrosamente de su mejor marca personal (8m 15,55s), lograda en los Juegos de 2016.

El pobre rendimiento de España se completó con el naufragio de Hugo González. Junto con Juanllu y Mireia, Hugo, de 20 años, era el nadador más dotado de la delegación. Sus clasificaciones, 31º en 200 espalda y 34º en 200 estilos, le sitúan a kilómetros de sus mejores marcas y denuncian una preparación deficiente.

La caída respecto a los Mundiales de Budapest, considerando todas las disciplinas, es alarmante. En 2017, España participó en seis finales de natación en línea, y obtuvo un oro y tres platas en todas las disciplinas olímpicas, considerando el waterpolo femenino. En estos Mundiales el equipo ha participado en tres finales de natación en línea y ha logrado dos platas en disciplinas de categoría olímpica, correspondientes a los torneos de waterpolo masculino y femenino. Las tres medallas logradas por el equipo de sincronizada —incluidos los solos de Ona Carbonell— corresponden a disciplinas sin categoría olímpica.

“Los resultados no son lo que esperábamos”, asumió Vergnoux; “pero esta es la foto de la natación española y no tenemos un día que perder para preparar los Juegos de Tokio”.

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