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Mireia Belmonte: “Ir a un Mundial es bonito pero si no voy a estar en el podio no quiero estar”

La campeona olímpica española, que suma 1.000 días de entrenamiento en altura en la última década, reflexiona sobre su modo de preparar y afrontar Gwangju 2019 y Tokio 2020

Mireia Belmonte corriendo en la cima del Veleta, el pasado junio. Ampliar foto
Mireia Belmonte corriendo en la cima del Veleta, el pasado junio. EL PAÍS

El cerro Veleta es un cuchillo elevado a 3.400 metros por encima del mar por efecto del choque de las placas tectónicas de Europa y África. El ventarrón persistente ha pulido la cima hasta mostrar la piedra desnuda: un gigantesco micasquisto metamorfizado, brillante como la plata y pesado como el hierro, todavía salpicado de placas de hielo. Dos cabras salvajes patrullan la senda que recorre el filo bañado por el sol. Parece el lugar más inadecuado para preparar un Mundial de Natación cuando Mireia Belmonte pasa corriendo junto al fisiólogo Iñigo Mugika, que le canta las pulsaciones: “¡Ciento treinta y cinco!”. Una semana antes, corriendo a la misma velocidad durante 50 minutos en el mismo lugar las pulsaciones de la nadadora llegaron a 150. Dice Fred Vergnoux, el entrenador, que esto puede ser indicio de una “adaptación” fisiológica a la altitud, consecuencia del aumento de producción de glóbulos rojos.

Mireia viene de nadar ocho kilómetros esa mañana, lo que suman 101 kilómetros en los últimos siete días en la piscina del CARD de Sierra Nevada, situado a 1.000 metros más abajo. Le quedan por nadar al menos otros 300 antes de viajar a Corea a disputar los Mundiales que comienzan hoy en Gwangju.

“Correr en la cima del Veleta me hace sentir especial”, observa la badalonesa. “Muy poca gente puede aguantar días así: nadar ocho kilómetros por la mañana, correr en el Veleta, nadar ocho kilómetros por la tarde... Es un día duro. Pero cuando vas a un Mundial o unos Juegos a nadar un 400 estilos por la mañana y un 400 estilos por la tarde, te encuentras ante el mismo dolor. Nuestros días de entrenamiento son tan completos que cuando tienes que nadar una sola prueba te sientes aliviado”.

Mireia suma un total de 142 semanas de entrenamiento en altura, entre Sierra Nevada y Font Romeu. Casi 1.000 días, tres años, en un periodo de una década. La altitud pasó de ser un terreno experimental a constituir la base de su preparación camino de sus cuatro medallas olímpicas entre 2012 y 2016. Rumbo a los Juegos de 2020, los Mundiales de Gwangju no la encuentran especialmente afinada pero serán el punto de referencia de una puesta a punto cuya meta se fija en un año en la piscina olímpica de Tokio.

Sigo con las mismas ganas que antes de ganar el oro en Rio

“Hoy estoy mucho mejor”, advierte la nadadora, que pasa las noches en una cámara de hipoxia que simula una altitud de 3.000 metros para estimular la producción de eritropoyetina y así mejorar la oxigenación, la resistencia y la eficacia muscular. “Ayer dormí fatal y el día fue horrible. Pero hay que aprovechar los días que estás mal para hacer un simulacro de competición; porque si un día me encuentro mal durante la competición tengo que saber competir. A veces te despiertas descompuesta y en vez de quedarte en la cama dices: ‘Voy a hacer el día como toca, y si en competición me encuentro tan mal como ahora ya sabré cómo llevarlo”.

“Normalmente, duermo unas ocho horas”, dice. “Pero ayer dormí cuatro. En la cámara tienes dolores de cabeza por la baja presión atmosférica. Te despiertas mucho. Yo duermo en cualquier parte pero a veces el cansancio acumulado no ayuda”.

Pocas veces en la historia de la natación femenina se abordaron programas más amplios que los que afronta la española desde 2012. A sus 28 años no piensa cambiar. En Gwangju aspira a tirarse en el 200 y 400 estilos, el 200 mariposa, y los 400, 800 y 1.500 metros libre. “Yo entreno todas las distancias y todos los estilos”, avisa, cuando le preguntan por las pruebas que ha preparado mejor, “porque nunca sabes cómo te va a salir la competición. A veces te preparas para una cosa y te sale otra. La prueba en que he sido más regular es el 200 mariposa, y quizás sea porque suele estar al final de la semana de campeonato, que es cuando mejor voy encontrándome”.

Necesito nadar muchos kilómetros; cuanto más compito mejor me siento

“Yo no puedo hacer una puesta a punto sin mucho volumen como otras nadadoras más específicas”, explica. “Yo necesito nadar muchos kilómetros hasta el día antes de competir. Si no el cuerpo no aguanta esas 16 veces que puedo tirarme al agua a competir en una semana. Acumulas metros en el cuerpo y si no te entrenas para aguantar te pasa factura. Yo noto que cuanto más compito mejor me encuentro”.

“Estoy entrenando muy bien”, dice; “solo me falta la gran prueba que es el Mundial. Sigo con las mismas ganas, el mismo hambre que antes de ganar el oro en los Juegos de Rio. Ir a unos Juegos o a un Mundial a participar no merece la pena. Ya he estado en tres Juegos y cinco Mundiales y la competición es muy bonita pero si no voy a estar en el podio no quiero estar”.

Pálida y seca, más delgada que nunca, Mireia afrontó el grueso de su última concentración en altura en el límite del agotamiento. Después de un otoño sabático, llega a Gwangju sobrecargada, lejos de su punto más dulce. La espera la semana más complicada de su carrera. Pero se ha preparado para lo peor.

“Sueño con ser abanderada en Tokio, en reconocimiento a las mujeres pioneras”

Mireia Belmonte debuta en los Mundiales de Gwangju en la primera sesión matinal del campeonato, los preliminares de los 200 metros estilos, que comenzaron a disputarse la pasada madrugada en Europa Central. La prueba que peor se le da —y la que peor se ajusta al esquema de su preparación actual— será el primer paso de la última recta de su carrera. No se quita de la cabeza los Juegos de Tokio, a donde llegará con 29 años cumplidos y el sueño de abanderar al equipo olímpico español en la ceremonia inaugural.

“La verdad es que me hace mucha ilusión ser abanderada”, dice la nadadora. “Es otro sueño por cumplir en mi carrera deportiva. Me gustaría representar a todas las mujeres olímpicas de España. Creo que por méritos me lo merezco. Si es por número de medallas olímpicas somos tres las españolas que más ganamos —cuatro medallas— con Andrea Fuentes y Arantxa Sánchez-Vicario. Pero hay gente que ha sido pionera en determinados campos que debemos reconocer: no solo se trata de medallas. Me hace ilusión ser abanderada por las mujeres pioneras. Hay que reconocer a las mujeres españolas que hicieron primero una final, o a las primeras olímpicas en un deporte. A partir de las que dieron el primer paso, las demás pudimos seguir haciendo nuestro deporte. Pero lo que más ilusión me hace es que sea una mujer. Hace muchísimos años —desde Atenas 2004, con la yudoca Isabel Fernández— que no hay una mujer abanderada”.

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