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Muere Conchi Paredes, 17 veces campeona de España de triple salto

La exatleta ha fallecido a los 48 años "tras una larga enfermedad", según ha confirmado este sábado la Real Federación Española de Atletismo

conchi paredes
Conchi Paredes, en un campeonato en Salamanca en 2002.

Cuando la campeona de Europa Ana Peleteiro comenzó a saltar triple, su ambición primera era batir el récord de España de Carlota Castrejana, lo que consiguió este invierno (14,73m); Castrejana, por su parte, no paró hasta conseguir superar el récord de Conchi Paredes, y lo logró hace 12 años (14,64m); Paredes, cuando empezó, no tenía a nadie delante ni detrás. El triple era entonces, en la década de los 90, una disciplina nueva para la mujer y ella era una pionera, una mujer decidida a ocupar su puesto sin pedir permiso a nadie, una jovencita de Palencia que a los 19 años mandó una carta al triplista Santiago Moreno, el plusmarquista nacional (16,93m): quiero ser saltadora de triple, quiero ir a Ávila para que me entrenes tú.

Cuatro años después, una tarde de verano en Segovia, un 28 de junio del que dentro de seis días hará 25 años, la joven de Palencia que no dudó en irse a vivir a una residencia en Ávila, la primera atleta becada por la Junta de Castilla y León, saltó 14,30m, una marca de gran nivel internacional: la marca de referencia del atletismo español durante más de una década. La marca que abrió camino. “Estaba sola. Si Castrejana hubiera llegado antes, si hubiera habido otra triplista de gran nivel en España que la forzara a ir más allá, habría saltado mucho más, porque su talento era tremendo, y era muy disciplinada, y trabajaba muchísimo”, dice Moreno, quien también era atleta cuando la entrenaba, e iban juntos a las competiciones. “Y el sábado la dirigía técnicamente en sus saltos y el domingo saltaba yo”.

“Esta era Conchi, valiente, decidida, una mujer que se lanzó sin miedo. Era admirable”, dice Moreno, recordándola sin poder evitar la emoción el día que conoció la temprana muerte de su atleta, que falleció este viernes en Madrid. Tenía 48 años. Y Ramón Cid, triplista histórico y durante muchos años máximo responsable técnico del atletismo español, la recuerda así: “Llevaba más una década enferma, con altos y bajos, sesiones de quimio, peluca, dolor, pero siempre con una sonrisa, siempre de buen humor. Era una chica maravillosa, una persona excelente”.

Alrededor de Paredes, fascinados por su capacidad, con ella –“era una triplista natural, era muy triplera”, dice Cid. “tenía un gran rebote, no mucha velocidad pero sí un gran sentido del ritmo, la clave del triple”—trabajaron algunos de los mejores técnicos españoles. Empezó como saltadora de altura (1,77m) y longitud (6,30) en el Puentecillas, el club de Palencia en el que la entrenaba otro histórico del triple, Luis Ángel Caballero (el actual técnico del cuatrocentista Óscar Husillos). Allí, suponen los técnicos, mostraría tal capacidad en los multisaltos, una de las pruebas que sirven para discernir el talento atlético, que decidió lanzarse al triple, una prueba que aún balbuceaba en categoría femenina y que no entraría en el programa olímpico hasta Atlanta 96 (y allí compitió Paredes); después de casi una década en Ávila, entonces en centro del triple español (por allí andaba también Raúl Chapado, actual presidente de la federación española) y de 17 títulos nacionales, la saltadora se casó y se fue a Barcelona, donde la entrenó el saltador de altura Roberto Cabrejas (2,26m en 1983, récord de España). Cuando este murió en un accidente de moto, la entrenó Antonio Corgos, el saltador de longitud que había llegado a 8,23m en 1980.

Conchi Paredes, “alegre, dicharachera, encantadora”, como la recuerda Moreno, no tuvo referencias, pero alcanzó la plenitud a los 23 años. Más de 20 años después de sus 14,30m, aún recordaba como si la acabara de vivir la tarde segoviana en la que sintió que volaba, y así se los contó a Miguel Villaseñor para la revista Atletismo Español: “Hacía un día perfecto para competir, me sentía muy bien, relajada, centrada y dispuesta a todo. Realicé varios talonamientos y aún sentía un gusanillo en el estómago. Ese día era el mío y, ¡boom!, salió 14,30m. Durante el salto se te pone la carne de gallina, y todavía me pasa cuando lo recuerdo. Me fui a casa tan contenta. Cuando llegué, ya estando sola, lloré de felicidad”.

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