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La humildad voraz del Zaragoza

Los de Porfirio Fisac derrotan al Baskonia y se citan con el Barcelona en semifinales. El Madrid arrolla al Manresa y se enfrentará con el vencedor del ‘desempate’ entre Valencia y Unicaja

Los jugadores del Zaragoza celebran el pase a semifinales
Los jugadores del Zaragoza celebran el pase a semifinales acb photo

El Valencia resistió la presión del Martín Carpena de Málaga y, abrazado al carácter de San Emeterio, forzó el tercer partido en su eliminatoria de cuartos ante Unicaja (69-76). El Madrid, con Campazzo a los mandos, arrolló en su visita a Manresa (73-88) y verá con tranquilidad y margen el ‘desempate’ de este martes en La Fonteta en espera de su rival. El Barcelona pasó como un avión por Badalona (86-107) y pasaportó al meritorio Joventut impulsado por Heurtel (32 puntos, nueve asistencias, siete faltas recibidas y 44 de valoración). Pero la hazaña se escribió en Zaragoza, donde el Tecnyconta de Porfirio Fisac eliminó al subcampeón Baskonia y avanzó a la segunda semifinal de su historia. La grandeza humilde de los rojillos se cita con los de Pesic tras un rearme concienzudo y apasionante.

El pasado verano, tras lograr con apuros la permanencia en la Liga Endesa, el conjunto aragonés emprendió una reconstrucción radical. Pep Cargol, que había tomado la alternativa como primer entrenador para salvar al equipo en tres meses, prolongó su vinculación con el club pasando del banquillo al despacho, como director deportivo. Se ganó el sueldo a pulso buceando en el mercado.

Cargol dio la baja a 13 jugadores (Neal, Ennis, Blums, Stoll, Michalak, Bjelica, Mazalin, Suárez, Bellas, Triguero, Rey, De Jong y Dragovic), y fichó a 10 nuevos: McCalebb, Okoye, Seibutis, Radovic, Nacho Martín, Fran Vázquez, Justiz, Santana, Martí y Berhanemeskel —el base Schaffartzik se lesionó en la pretemporada y, en abril, llegó el pívot Latavious Williams como refuerzo de lujo—. Solo permanecieron en la plantilla Jonathan Barreiro y la joya Carlos Alocén, que antes de cumplir la mayoría de edad firmó contrato como jugador del primer equipo. Porfirio Fisac recibió la encomienda de dar forma al grupo en tiempo récord. El resultado ha sido una temporada histórica.

“Fue muy fácil llegar a este club y crear un vínculo con el director deportivo [Cargol]. Se hizo una plantilla encaminada a lograr la hermandad dentro del vestuario lo antes posible, que no es nada sencillo. La pretemporada fue buena y eso ayudó a encauzar el proyecto y darnos ese plus”, explica Fisac cuando rememora los días en los que se cimentó un milagro con nombres propios. “Jugadores como Fran Vázquez, Nacho Martín o Bo McCalebb no se dedican solo a jugar. Tenían una obligación dentro del vestuario y la han cumplido a rajatabla”, reseña el técnico segoviano, con un expediente tan baqueteado como el de los pilares de su caseta.

Porfi Fisac, de 54 años, comenzó su carrera en los banquillos hace 20 años en Extremadura y forjó su currículo en clubes modestos como el Peñarroya, Doncel La Serena, Tarragona y Algeciras. Llegó a la ACB en 2006 después de ganarse el ascenso con el Gipuzkoa, en su primera etapa en San Sebastián y, posteriormente, alcanzó hitos como la disputa de la Copa con el Valladolid y el Fuenlabrada. Pero, como la vida misma, la grandeza episódica alternó con las miserias.

En la temporada 2014-2015, de nuevo en la LEB Oro, Fisac saltó a la palestra para denunciar la situación que vivía el Valladolid. “Aquí hay hombres que solo tienen 200 euros mensuales de ficha y seis jugadores menos de 500 euros para vivir. Somos todos mileuristas. Ni eso nos pagan”, contó compungido. “Ahora mismo mi gran objetivo es que mis jugadores coman cada día. Yo por suerte tengo a mis suegros, a mi madre y a mi mujer, que trabaja y puedo tirar de ella”, fue su descarnado relato.

Fisac escapó de aquello con la vocación afilada, con tiempo para hacerse cargo de la selección de Senegal, a la que llevó hasta el bronce en el Afrobasket de 2017, y de volver al Gipuzkoa, con quien regresó a la élite de la ACB. En verano cambió San Sebastián por Zaragoza. “No vengáis tristes que ya hemos comido bastante mierda los últimos años como para ahora preocuparnos por entrar o no entrar. Disfrutemos del día a día, sintamos lo que vivimos, sintámonos orgullosos de Alocén...”, espetó cuando hace unas semanas le preguntaron por la presión de alcanzar los playoffs. “Lo que venga será caviar. Pero el plato de garbanzos lo tenemos ya encima de la mesa”, sentenció. Y llegó el caviar en forma de semifinales ante el Barça. Voraz Zaragoza.

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