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El Valladolid recobra el pulso

El equipo de Sergio González destila un fútbol de muchos quilates para desmontar a un Girona anémico y sin recursos

Valladolid Girona
Joaquín Fernández (d) y Pere Pons, del Girona, en una acción del partido. EFE

La afición del Valladolid armó la marimorena antes del encuentro para contagiar su aliento e ilusión a sus jugadores, asombrados por el recibimiento que tuvo el autobús a su entrada al estadio José Zorrilla. Cánticos, bengalas que supuraban humo violeta, bufandas al viento y jarana tremenda la que organizó la hinchada, recompensada después a lo grande porque sus futbolistas, con un juego de muchos quilates, se impusieron a un Girona anémico que se mete de lleno en la zona de la quema.

Valladolid
VAD
1
-
0
GIR
Girona
Valladolid
Masip, Nacho, Calero (Joaquín, min. 63), Kiko, Javi Moyano, Míchel, Rubén Alcaraz, Óscar Plano (Toni Villa, min. 76), Waldo Rubio, Sergi Guardiola y Enes Unal (Hacen, min. 87).
Girona
Bounou, Muniesa (Doumbia, min. 75), Bernardo, Juanpe, Pere Pons (Pedro Porro, min. 86), Ramalho, Alex Granell, Raúl García (Douglas Luiz, min. 63), Portu, Borja García y Stuani.
Goles
1-0 min. 66: Míchel .
Árbitro
Juan Martínez Munuera
Kiko (min. 90), Rubén Alcaraz (min. 62), Óscar Plano (min. 12), Enes Unal (min. 23), Muniesa (min. 22), Juanpe (min. 33) y Stuani (min. 90).
Estadio:José Zorrilla

Volvió a los orígenes Eusebio, al 5-3-2 que impuso su predecesor Machín y que tan buenos resultados le dio al Girona, que nunca se las tuvo que ver con el fantasma del descenso desde que se atornillara en Primera. Pero la ecuación ya no era así, condenado el equipo con el 4-2-3-1 tras caer ante el Celta y firmar la quinta derrota consecutiva, por lo que la amenaza de caer al foso era (y es) latente. Así, el ídolo Stuani reclamó desde Balaídos y ante los micros que regresaran al planteamiento táctico anterior, por más que alabara la capacidad del técnico en validar otros sistemas que trataron de dominar sin éxito. Aceptó Eusebio el consejo de su goleador, pero el Girona no jugó a nada, acaso a ponerle la pausa al partido o cantarle una nana, también a abrigarse en su área con la única idea de saltar como un resorte al contragolpe. Pero no funcionó y el balón y el protagonismo recayeron en un Valladolid mucho más valiente y de juego atildado, incongruente a todas luces con su necesidad clasificatoria.

El Valladolid llegaba por las bandas, por los pasillos interiores y hasta en profundidad, pero le faltaba ingenio en el último pase y precisión en el disparo. Se expresó como un equipo en combustión, con muchos recursos y rampas para llegar hacia el gol, lejos de ser un conjunto que se bate con desespero frente al descenso. Lo intentó en un inicio con balones largos a las espaldas de la zaga rival, toda vez que el Girona jugó en los primeros compases con una flema de lo más británica, como si quisiera domar al contrario con pases en la retaguardia, sin prisas por adentrarse en campo ajeno. Pero como el argumento del Valladolid funcionó con una carrera de Sergi Guardiola –logró rematar pero Bernardo se corrigió a tiempo para desviar el esférico a córner- y otra de Unal -sufrió un gatillazo a última hora-, el Girona se replegó cerca del área, hasta el punto de que en ocasiones había ocho jugadores dentro de la casa de Bono. Y ahí es donde encontró el sendero hacia el tesoro porque aprovechó la verticalidad de los carrileros rivales (Ramalho y Raúl Carnero) para atacar al espacio. Lo hizo Waldo, todo un incordio, con un recorte y un disparo seco demasiado centrado, también con una pared con Unal que Bono se encargó de desactivar con su salida. Y también lo intentó Óscar Plano por la derecha, con centros que no encontraron rematador. Entre otras cosas porque con tres centrales, al Girona le sobraban centímetros.

Poco o nada replicó el Girona, incapaz de enlazar con Stuani ni con Portu, que parecían batallar contra molinos de viento. Ni siquiera pudo subrayarse a balón parado como acostumbra, poco fino Granell en los golpeos y mucho más intenso el Valladolid, que ganó las batallas aéreas y las segundas jugadas. Por lo que el fútbol corría al otro lado de la red, donde Sergi Guardiola y Unal se esmeraban en los desmarques de apoyo y ruptura para abrir a la abigarrada zaga rival. En una de esas, con un pase de cuchara de Unal que fue una delicatesen, Guardiola logró controlar y chutar cruzado a las mallas. El colegiado, sin embargo, advirtió fuera de juego y el VAR le dio la razón. También la tuvo Unal tras una jugada de laboratorio, pero cruzó en exceso el balón y, probablemente, el mismo VAR le negaría el festejo porque se ayudó del brazo para someter al balón.

Sin otro argumento del Girona que no fuera achicar espacios y subir la cremallera, persistió el Valladolid en su intentona por las alas. Como ese centro de Plano que se paseó por el área chica y ese chut de Waldo que Bono acurrucó. Pero la tenacidad tuvo su premio porque en una de esas, Waldo asistió por dentro a Unal, que recibió con un control orientado de tacón y media vuelta para absorber a tres rivales y dar un pase hacia atrás a la llegada de Míchel, que levantó la cabeza y metió el interior del pie para colocar el esférico ben ajustado al palo y lo suficientemente lejos de las manos de Bono.

Pudo incluso ampliar el resultado el Valladolid con tiros desviados de Unal, de Plano, de Sergi Guardiola, otro más acrobático de Moyano y uno último de Villa que chutó desviado y desde la medular sin oposición alguna porque Bono subió a rematar un córner, puesto que el Girona pretendió recuperar en un suspiro lo que tiró durante todo el encuentro. Pero no hubo más dianas y los vallisoletanos celebraron un triunfo que les saca del atolladero al tiempo que condena al Girona al fango cuando quedan cuatro encuentros para cerrar el curso.

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