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Marcos Llorente vuelve a sonreír

Tras la llegada de Solari al banquillo del Madrid el canterano ha pasado a disputar el 57% de los minutos, triplicando sus números en la etapa con Zidane

Marcos Llorente celebra su gol al Al Ain. En vídeo, declaraciones del jugador del Real Madrid. GETTY | Vídeo: Atlas

“Risueño” y “bien peinado” seguramente sean dos de los adjetivos superficiales que mejor le definen. Marcos Llorente (Madrid, 23 años) completó durante la final del Mundial de Clubes una secuencia de escenas en las que un personaje secundario habitual como él acabó robando todo el protagonismo a los actores principales, incluso cuando su trayectoria no auguraba más de dos frases hasta hace solo unas semanas. Olvidado por Zidane y Lopetegui, la llegada de Solari al banquillo del Madrid, unida a la lesión de Casemiro, ha permitido a este jugador amante del cuidado físico y de la comida sana (es seguidor de la paleodieta: productos biológicos, pescado, carne, pollo, arroz, algunas legumbres y leche sin pasteurizar) despuntar en el tramo final de un 2018 en el que ya no contempla ninguna salida en el mercado de invierno.

“Todo cambia de la noche a la mañana y hay que estar preparado”, aseguró ante la prensa tras la victoria del Madrid ante el Al Ain, en la que anotó uno de los cuatro goles y fue elegido mejor jugador, sumándose así a los dos únicos españoles que lo habían logrado: Raúl, en 1998, y Sergio Ramos, en 2014. “No hay que bajar los brazos nunca, y cuando te llegan ocasiones como estas hay que aprovecharlas”, indicó el jugador, que durante la última temporada y media ha mantenido sus ritmos de trabajo personal a pesar de encontrarse en el más absoluto ostracismo deportivo.

Basta contemplar sus números para advertir lo atípico de su situación actual. Durante los 62 partidos que dirigió Zidane en su última temporada en el Madrid, la 2017-2018, Marcos Llorente solo disputó 20, menos de un tercio, completando 1.093 minutos de un total de 5.580, apenas el 19,5%. Cedido al Alavés el curso anterior, no solo contó con la confianza de Mauricio Pellegrino (lo alineó en 38 de los 47 encuentros, incluida la final de Copa ante el Barcelona), sino que sus registros individuales (recuperó 335 balones, el noveno mejor registro del campeonato) despertaron el interés de grandes clubes europeos.

Sin embargo, a pesar de su notable rendimiento en Vitoria, el francés mantuvo su confianza en Casemiro, que disputó 48 partidos aquella temporada, doblando holgadamente al único jugador que opositaba directamente al puesto del mediocentro. A pesar del panorama, Llorente, de honda estirpe madridista (hijo de Paco Llorente, sobrino-nieto de Gento), aceptó la propuesta de renovación que le ofreció el Madrid en 2017 y que le mantiene ligado al club hasta junio de 2021. La marcha de Zidane y la llegada de Lopetegui le abrieron un nuevo horizonte, aunque pronto quedaron al descubierto las preferencias del vasco, que se decantó por Ceballos en la línea de tres centrocampistas: once partidos disputó el andaluz por uno del madrileño.

Con Solari todo ha cambiado. El esguince en el tobillo que sufrió Casemiro en la victoria ante el Celta el pasado 11 de noviembre, y que le ha obligado a perderse siete partidos desde entonces, ha resultado la mejor excusa para que el argentino diera carrete a Llorente. En lo que va de temporada suma nueve participaciones en los 14 encuentros de Solari como entrenador principal, 725 minutos de los 1.260 totales (el 57,5%), y su participación en los dos partidos del Mundial de Clubes, el primer título en liza para el técnico, advierten de un estatus principal.

“Se lo dedico a mi familia porque son ellos los que me ayudan en el día a día y los que me aguantan cuando soy inaguantable”, indicó en Abu Dabi. Seguro que en 2019, si la racha se mantiene, no tendrá motivos para disculparse.

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