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Copa del Rey Dieciseisavos

FINALIZADO

El Barça de recambio no pasa de una mala copia

Los suplentes azulgrana no dan la talla y Lenglet marca sobre la bocina para superar a una Cultural mucho más ambiciosa

Denis Suárez controla el balón ante Iván Garrido. En vídeo, declaraciones de Ernesto Valverde.

Cillessen atrapó el balón con las manos, lo retuvo unos pocos segundos por si se decantaba por el pelotazo y acabó por plantarlo en el suelo ante la avidez de los rivales por recuperar el esférico y la indiferencia de sus compañeros en pedirlo. Acabó por jugarlo en corto e, instantes después, el Barça perdió la posesión. Ocurrió en el minuto 22, pero fue un claro ejemplo de la puesta en escena azulgrana, tan torpe y caótica en la creación como nula en la agitación y el remate. Resulta que el cóctel de Valverde quedó agrio: la defensa no salió jugando; los medios no se subrayaron en el pase; y los puntas fueron a la suya.

Mérito también de la Cultural Leonesa, que era el pez chico (Segunda B) pero pareció lo contrario; defendió y atacó mejor que su pareja de baile, pero careció de la puntería que se requiere para derrocar a un grande, al campeón de la Copa de los últimos cuatro años. Para su desdicha, apareció Lenglet en el descuento y remató una falta frontal de Dembélé que definió el resultado, que no el fútbol de ambos equipos.

Condicionado por las normas —debe haber siete jugadores del primer equipo en el tapete—, Valverde optó por renovar la zaga con los jóvenes Cuenca y Chumi de centrales [solo Piqué y Lenglet siguen en pie]; y con Miranda por la izquierda tras no tener oportunidad alguna durante el curso, por más que desde el área deportiva se descartara fichar a otro para la retaguardia. También jugó Samper en el eje, primer duelo oficial desde agosto de 2016 (cedido en el Granada y Las Palmas y lastrado por las lesiones), entonces en la Supercopa frente al Sevilla. Para su infortunio, duró media hora, lesionado en la pierna derecha, pero anónimo mientras estuvo porque no supo deshacerse del marcaje al hombre de Aridane. Un visto y no visto.

Demasiado individualismo

El tono de Samper, sin embargo, fue idéntico al de los demás a excepción de Arturo Vidal, único en dejarse la piel y en transmitir voracidad. Pero se quedó solo porque sus compinches se mostraron tan apáticos como desafortunados en la mezcla, al punto de que por primera vez en mucho tiempo el fútbol del equipo no fue reconocible. Así, el Barça no fue un equipo sino un conjunto de estrellas deslucidas, quizá el peor de los adjetivos porque a la que el balón llegaba al campo contrario, todos quisieron evidenciar en una jugada lo que no logran en los entrenamientos. Munir, Dembélé y Malcom trataron de hacer la jugada homérica, esa de portada, y se dieron de bruces con la realidad porque completaron el partido sin disparo alguno.

Cultural

4-4-2 (D.P.)

Víctor Cea

1

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Palatsí

2

Cambio Sale José Manuel Alonso Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Saúl González

3

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Dionicio Escalante

6

Cambio Sale Toño Calvo

Vicente Romero

4

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Iván Garrido

10

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Jorge Ortíz

7

Tarjeta roja Tarjeta roja

Sergio Marcos

8

Liberto

5

Jesús Bernal

11

Cambio Sale Hugo

Zelu

9

Aridane

13

Cillessen

27

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Juan Miranda

36

Chumi

2

Nelson Semedo

33

Cambio Sale Clement Lenglet

Jorge Cuenca

6

Denis Suárez

16

Cambio Sale Aleñá

Sergi Samper

22

Vidal

11

Ousmane Dembélé

14

Cambio Sale Arthur Melo

Malcom

19

Munir

Barcelona

4-3-3

Ernesto Valverde

Presumió de lo contrario la Cultural, mucho más intensa y feroz. Con una presión avanzada y con marcajes al hombre por todo el campo, le bastó con el robo y la contra para asustar al Barça con Zelu como catapulta. Lo probó desde la derecha y se le marchó fuera; y lo intentó desde la izquierda, tras una pérdida incomprensible de Semedo, con un disparo con rosca que solo el gadgetobrazo de Cillessen pudo despejar.

Aleñá trató de dar criterio y fútbol al Barça, algo posible también porque Munir empezó a despegarse de los centrales para recibir de espaldas, para guardar el balón y entregarlo a las carreras de los extremos, que sacaban centros sin éxito. Por lo que se repetía la tónica, con el Barça desnortado y con la Cultural en combustión, capaz de valerse de nuevo a la contra para sobresaltar a Cillessen, como ese chut de Ortiz, ese eslalon de Liberto o el disparo de Saúl que el meta desvió a tiempo.

Lo intentó con ganas pero sin la chispa necesaria la Cultural y se quedó de brazos cruzados el Barça, insípido e inocuo, una mala copia de sí mismo hasta que Lenglet y su cabezazo dijeron lo contrario.

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