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El Atlético, un modelo que traspasa fronteras

Amanda Sampedro, capitana del equipo rojiblanco, y cuatro compañeras extranjeras hablan sobre las diferencias entre el fútbol español y el de sus países

De izquierda a derecha: Elena Linari, Kenti, Amanda Sampedro, Aurelie Kaci  y Viola Calligaris.
De izquierda a derecha: Elena Linari, Kenti, Amanda Sampedro, Aurelie Kaci y Viola Calligaris. EL PAÍS

“El mayor cambio que hemos tenido es pasar de entrenar a las ocho de la tarde, que aquí en Majadahonda en pleno invierno es una locura, y de llegar a casa tiritando a las 22.30, a entrenar por las mañanas. Si hay doble sesión, la podemos hacer porque con las mejoras económicas y el salario mínimo podemos dedicarnos 90% al fútbol. Este salto ha marcado un antes y un después en el Atlético”, cuenta Amanda Sampedro, capitana del Atlético, el equipo que lleva dos años seguidos ganando la Liga Iberdrola. Ella tiene 25 y desde 2002 viste de rojiblanca. “Al principio no era tan bonito como es ahora”, dice. Ha pasado por todas las etapas del club en su camino hacia la profesionalización. Desde tomar prestado el escudo y la ropa de los chicos, hasta formar parte del organigrama. “He vivido aquí de todo y me hace feliz y orgullosa que el Atlético se haya convertido en el espejo en el que mirarse y que sirvamos de modelo para otros”, añade.

A su lado, en la sala de prensa de la Ciudad Deportiva, están la italiana Elena Linari, la mexicana Kenti, la francesa Aurelie Kaci y la suiza Viola Calligaris. Vienen de diferentes países, de otra forma de ver, vivir y entender el fútbol. Charlan antes del entrenamiento sobre por qué han elegido España y el Atlético y sobre los prejuicios con los que se encontraron en sus países. Kaci lo ganó todo en el Olympique, uno de los referentes europeos en el fútbol femenino, con cinco Champions. Tiene 28 años, es centrocampista y firmó su primer contrato profesional con 19, nada más terminar los estudios (en Francia la liga femenina es profesional desde hace más de 10 años). En 2017 fichó por el Atlético. Quiso probarse en otro fútbol y en otro país. Eligió España. “Por la cerveza”, le vacilan sus compañeras.

“En Francia hay tres equipos por encima del resto, Olympique, PSG y Montpellier. Después de tantos años quería irme al extranjero y el proyecto del Atlético me gustó, por la Champions y porque me dijeron que querían desarrollarse y progresar. Al llegar aquí reviví la profesionalización que se llevó a cabo en el Olympique. Pero aquí la cultura del fútbol es mucho mayor que en Francia, televisan todos los partidos de la Liga femenina. En mi país, donde el campeonato lleva años siendo profesional, han empezado a retransmitirlos sólo este año”, cuenta.

Elena Linari tiene 24 años y recuerda todavía como a su abuela María eso del balón no le gustaba nada porque ensuciaba mucho la ropa. Tiene 24 años, es defensa y empezó a jugar con cinco. Ha llegado este verano de la Fiorentina. “En Italia a las futbolistas nos dicen que somos marimachos. Se creen que por jugar al fútbol y llevar el pelo corto eres lesbiana. Aquí nadie habla de eso y a nadie le importa tu vida privada. Me siento libre y feliz y sé que en este club puedo crecer más”, explica en perfecto castellano.

Cuando aterrizó le asombró la profesionalidad del fútbol femenino español. “En Italia en los últimos dos años ha habido una mejora, hay una Liga profesional. Pero está lejos de la española en competitividad y profesionalidad. Yo, por ejemplo, he llegado a tener un cuerpo técnico y médico de no más de siete personas. Aquí hay un entrenador, un segundo, dos preparadores físicos, dos fisios, un médico, un analista de vídeos… Eso marca la diferencia. Además, fichan a extranjeras, hacen rápida la integración y sube el nivel. El ritmo, la intensidad y profesionalidad que me he encontrado aquí no los he tenido en Italia”, añade.

Viola Calligaris es suiza y tiene 22 años. “¿Tú en que quieres trabajar?’, me preguntaban en el colegio. ‘Quiero ser futbolista’, contestaba. ‘Venga, dime un trabajo de verdad’, era la coletilla de los profesores”, relata. Llegó en 2017 de Young Boys. “En Suiza no se puede vivir del fútbol, en ningún equipo. Si ganas la Liga, te pagan algo, pero no cada mes. Así que tienes que trabajar de 8 a 17.00 y luego vas a entrenar a las 18.00. Si quieres mejorar, con 20 años te tienes que ir fuera”, apunta. ¿Por qué el Atlético? “Me gusta el fútbol de aquí, se juega de forma diferente. Se mima mucho el balón. No se puede comparar con Suiza: allí si te presionan, pelotazo largo; aquí jugamos al toque incluso cuando nos presionan en nuestra área”, dice.

Kenti es mexicana, de padre catalán. Tiene 27 años, se crio en México y llegó a España con 12. Empezó a jugar en el Espanyol. “Hace años era el que ganaba todos los títulos, la mayoría nos tuvimos que ir por temas de presupuesto, no podían pagar”, explica. Llegó al Atlético en 2015. Es internacional con su país. “En México la Liga nació hace dos años y está a años luz de la española. Sólo pueden jugar cuatro mayores de 25 años, no están admitidas las extranjeras, ni siquiera las que han nacido en Estados Unidos de padres mexicanos. Están impulsando a las más jóvenes y al producto mexicano, y está bien, pero si quieres hacer una Liga competitiva tienes que aceptar gente de fuera”, afirma.

“Me alegra que las de fuera se sientan así de bien en el Atlético. Es importante que valoren lo que se está haciendo en el club. Subimos a Primera y en su día se luchaba para estar entre los siete primeros, ahora llevamos dos Ligas seguidas además de una Copa de la Reina. Es fruto de un trabajo que ha ido buscando la profesionalización”, resume Amanda.

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