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Francia desfonda a Escocia

La delantera da el primer triunfo a al ‘XV del Gallo’ ante un rival que resistió hasta el tramo final sin su capitán (22-16)

Loann Goujon durante el Francia-Escocia.
Loann Goujon durante el Francia-Escocia. EFE

Dos jornadas en el Seis Naciones y un candidato al Grand Slam. Cayó por agotamiento la peligrosa Escocia en París y solo Inglaterra tiene a su alcance el pleno de victorias. Con todas las aristas de su reconstrucción, Francia tiene la grandeza en el escudo. Por eso la Escocia más prometedora en años se marchó con las manos vacías de la guarida gala, donde no gana desde 1999 –el último Cinco Naciones-. Toda la chispa ofensiva que le falta al XV del Gallo le sobra en contundencia. Su delantera se adueñó del juego y enjauló a un rival que resistió tras la lesión de su capitán pero apenas tuvo espacio para despegar.

Francia buscaba la previsibilidad, cocinar al rival con su delantera, su gran satisfacción en la apurada derrota en Twickenham. La primera melé, con introducción escocesa, acabó en un suspiro en un golpe de castigo para los locales. Mal síntoma para Escocia, necesitada de lo inesperado. Y así lo integra en su esquema. Es un equipo que cree posible la intercepción en cada pase a campo abierto.

Ya fuera por virtud o responsabilidad, Francia inclinó el territorio. Sin fogonazos, su trasera movió el balón con fiabilidad y abrió canales para su tercera, comandada por un Louis Picamoles que hace valer cada zancada. Conseguida la solidez, al XV del Gallo le falta veneno en los metros finales; demasiadas indisciplinas y manos blandas, aunque la circulación mejora con un Baptiste Serin con hechuras de gran jugador. No le pudo la responsabilidad de la bisoñez para orquestar con paciencia el ensayo galo. Gael Fickou, el centro encargado de la creación tras la lesión de Wesley Fofana, encontró un hueco en la banda ante unos contemplativos Maitland y Hogg. Camile López sacaba pecho tras canjear entre palos una transformación exigente y Francia parecía separarse (13-5).

La primera parte fue un ejercicio de supervivencia para Escocia, que imitó la fórmula en su victoria ante Irlanda y sacó réditos en casi todas las internadas reseñables. Apenas mandó dos minutos en el marcador tras el ensayo de Hogg, su tercera marca del torneo aprovechando la superioridad en el costado. La patada posterior de Greig Laidlaw, que se estrelló en el travesaño, le sirvió de premonición al capitán, que pasada la media hora ya veía el partido sentado en la banda con muletas para cuidarse el tobillo. La primera aportación de su recambio, Alistair Price, fue un empujón con el juego parado a López. Y aun así, se fueron a vestuarios a dos puntos.

No le faltó confianza al XV del Cardo, que completó su remontada en los primeros compases del segundo acto en una patada a seguir del ala Tommy Seymour cuyo bote no supo leer el zaguero galo, Scott Spedding. Seymour se reencontró con el oval y Tim Swinson posó a placer. La alegría fue incompleta y efímera para Escocia porque Russell falló estrepitosamente la transformación –colocó mal el balón y se le escurrió bajo palos- y Francia niveló con otro golpe.

Ni Hogg ni Spedding, los cañoneros para patadas de larga distancia, pudieron romper las tablas. En un final tenso, Francia decantó la balanza con sus delanteros –también los suplentes-y ganaba cada pulso de potencia. Así se plantó en campo rival y rechazó por dos veces un tiro cómodo a palos para buscar el ensayo. No hubo premio y Picamoles aprendió del error. El siguiente golpe escocés, por retención, lo aseguró López a palos y puso a Francia por delante a falta de ocho minutos.

Escocia estaba a tres puntos, pero el lastre que arrastraba en la melé exigía un milagro. Antes de pensar siquiera en percutir la retaguardia rival, encajaron tres tantos más por la misma receta: hundir melé, derribar maul. Aun así, el ensayo convertido salvaba a los escoceses, que pudieron soñar con lo imposible en una patada imprudente de Nakaitaci que le cayó con espacio a Hogg. Aceleró el zaguero y quebró dos placajes, pero no encontró apoyos y Huget le arrancó el oval de las manos. A Francia solo le quedaba gastar el reloj en los últimos 90 segundos, como el futbolista que araña el minutero junto al córner. Dos décadas después, al XV del Cardo solo le espera el desamor en París.

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