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Mireia Belmonte gana bajo el agua

La española ha desarrollado fuerza muscular y nado subacuático para economizar la energía necesaria que le permita dar el zarpazo al oro en 200m mariposa

Mireia Belmonte en los Juegos Olímpicos de Río 2016 Ampliar foto
Mireia Belmonte nadando bajo el agua en Rio. AFP

Mireia Belmonte lleva cuatro años preparándose para dar el salto de calidad que le permita ganar el oro en los 200 metros mariposa. En esta prueba de dos minutos de duración, fisiológicamente la más dura de la natación, ha fijado la española la práctica totalidad de su esfuerzo por conquistar el oro olímpico. La final de los Juegos de Londres, en donde atrapó una plata después de comandar la carrera hasta los últimos 30 metros, le ha servido a ella y a su entrenador, Fred Vergnoux, de referencia para diseñar una estrategia de trabajo a largo plazo. La idea central es ganar la final del miércoles bajo el agua.

Phelps: “Es triste que una dopada pueda nadar aquí”

CARLOS ARRIBAS

Aspiraba al oro en los 100m braza, pero al final tuvo que conformarse con la medalla de plata. Y le supo amarga. Las lágrimas empapaban las mejillas de Yulia Efimova, abucheada por el público en las gradas. “Yo siempre pensé que la Guerra Fría ya era una cosa del pasado. ¿Para qué volver a revivirla ahora utilizando el deporte?”, respondió ella a la prensa rusa. El dopaje, olvidado, parecía, desde los días previos a la competición y el protagonismo del TAS, recordó con éxito su derecho a ser protagonista. Nadaba la rusa repescada por el tribunal del deporte, después de que el COI no quisiera invitarla a Río por su pasado de relaciones con el dopaje. El público ruidoso y partisano se divirtió silbándola cuando la campeona del mundo terminó segunda en la final de los 100m braza.

Las nadadoras que la rodeaban en el podio, Lilly King y Katie Meili, no se callaron el desagrado que sintieron al tener que competir contra ella, ni el disgusto que sentían porque se dejara a la tramposa declarada participar de la fiesta olímpica. Y hasta Phelps, habitualmente tácito, se expresó. Lo hizo el ganador de 19 oros olímpicos después de terminar segundo tras el húngaro Tamas Kenderesi en la semifinal de los 200m mariposa. “Lilly King tiene razón y es una valiente al señalar a Efimova”, dijo el de Baltimore. “Es muy triste que una dos veces dopada pueda nadar aquí. Hay que hacer algo. Me molesta, va contra los principios del deporte”. A diferencia del atletismo y del ciclismo, que han atravesado más o menos con dignidad el desierto de la sospecha permanente que afecta a los que despuntan, la natación es el gran deporte olímpico que nunca ha padecido del mal.

Sin embargo, recordaba estos días un estudioso, los récords de atletismo conseguidos con dopaje en los años 80, como los de 400m y 800m, continúan inalcanzables: las marcas que se consiguen actualmente en las distancias son peores por varios segundos. En cambio, todos los récords dopados de la natación de hace 30 años, básicamente los de las alemanas del este, han sido batidos: las marcas de ahora son mucho mejores. Como la natación es un modo de movimiento muy poco eficiente, el margen de mejora sigue siendo amplísimo y dependiente del cada vez mejor conocimiento de las leyes físicas de la hidrodinámica.

“El estilo subacuático es muy duro de entrenar pero cuando lo haces bien te ayuda mucho”, observa Vergnoux. “Uno, porque debajo del agua encuentras menos resistencia que en la superficie y vas más rápido; y dos porque economizas energía. En un 200 mariposa, nadas cuatro tramos bajo el agua: en la salida y en los tres virajes. Si haces 15 metros de viraje en cada uno de los tres tramos, realmente nadas 140 metros mariposa. Es otro deporte. Otra cosa. Muchas veces, la nadadora más rápida en esos 140 metros de mariposa no es la primera, y la que gana es la que va más rápido por debajo del agua en esos otros 60 metros”.

La técnica subacuática de Mireia se fundamenta en una inmersión abrupta, un desplazamiento lineal a un metro de la superficie, y una salida veloz, en el ángulo justo que permita ganar impulso. “Son sensaciones que no sé explicar”, dice ella, que mide la profundidad y la distancia por intuición. “En mariposa lo noto muchísimo. Yo no sé medir a qué profundidad estoy, si a medio metro o a un metro. Pero como hacemos nado subacuático cada día adquieres una sensibilidad. Cuando subes vas notando la superficie porque sientes que se va acabando el agua. Sabes que te tienes que salir y muy pocas veces fallas. Cuanto más profundo te sumerges más rápida nadas, pero tampoco te puedes ir al fondo; tienes que buscar el punto medio para que la salida no sea tan larga”.

El ejercicio extremo en apnea somete al cuerpo a una exigencia máxima. Para sobrellevarlo, los nadadores del grupo de Vergnoux se concentran periódicamente en el Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada, en donde hacen dos trabajos básicos: en el gimnasio aumentan la fuerza, y en la piscina estudian sus propios movimientos con vídeos que emiten imágenes con 30 segundos de retraso en monitores al borde de la piscina. A fuerza de repetir gestos y medir los resultados van adquiriendo un hábito.

“Phelps”, explica Vergnoux, “entrena en 25 metros para ensayar los virajes. Nosotros cuando estamos en Sierra Nevada bajamos una vez por semana a Granada a entrenar en la piscina de 25 metros del biomecánico Raúl Arellano, en la Universidad de Granada, para hacer muchos virajes. Para darle al cuerpo un nuevo dinamismo. Porque así el cuerpo se despierta un poco”.

El subacuático es un recurso de administración energética. El objetivo es lograr que Mireia pueda exprimirse sin agotarse en los últimos 30 metros, como le ocurrió ante la china Jiao Liuyang, en Londres. Mireia lo tiene muy presente: “Nunca había empezado tan fuerte como en Londres. Y al final lo pagué, pero descubrí que también puedo empezar fuerte. Sé que puedo hacerlo y ahora tengo que saber cómo aguantar el ritmo y mejorar al final. Eso sería la bomba”.

Hace falta una condición física extraordinaria para ganar un oro en 200 mariposa. Sin unos músculos eficaces la técnica en el agua resulta insuficiente. “El trabajo de fuerza en el gimnasio nos ayuda a mejorar la economía de nado”, señala el experto en preparación física del CAR de Granada, Javier Argüelles. “Esto te permite llegar a las fases finales de la prueba con una ventaja energética. La economía de nado es ir a la misma velocidad gastando menos gasolina. Eso te permite el plus final. Y depende del rendimiento muscular. De cómo trabajen tus músculos. De cómo de eficientes sean. El símil del coche. Yo puedo ir a 100 kilómetros por hora con un consumo o con otro y llegamos igualados al último kilómetro y a mí me queda en el depósito para darle gas y a ti no”.

Polea con motor

“Una de las claves del entrenamiento de fuerza de Mireia, es que en el gimnasio puedes llegar a tensiones musculares que en el agua son imposibles”, dice Argüelles. “Para mejorar la fuerza tengo que estimular al músculo más allá de lo que me requiere el gesto del nado. Eso en el agua cuesta trabajo. Para integrarlo, estamos haciendo un trabajo con poleas con motores que tiran de los nadadores hacia atrás para que ellos se esfuercen en el agua. Individualizamos las cargas para cada uno. Si tienes como objetivo mejorar el nado subacuático los primeros diez metros trabajamos con estas cargas procurando que el límite del peso simule el gesto de competición del nadador, cuando va fatigado”.

Mireia recuerda su sufrimiento en Londres como quien toma una dosis de estimulante cada vez que se somete a las duras sesiones con Argüelles. “En la piscina no lo vi”, dice, “pero en la tele se vio que en los últimos 30 metros fue cuando la china empezó a cogerme. Ahí fue el momento en que te dices: ‘¡Que llegue ya la pared, por favor!’. Agónico. Porque la mariposa, como la braza, cuando pillas la pájara, es tremenda. Te quedas en el sitio. Y por mucho que quieras darle y darle no avanzas. Te pones vertical. Eso tiene que pasar siempre porque si vas a tope el estilo debe perderse en los últimos diez metros. Nadie acaba bien… ¡Pero no en los últimos 30!”.

La musculatura escapular de Mireia revela un cambio importante respecto a 2012. Es como si le hubieran crecido aletas para desplazarse mejor. Por encima y por debajo del agua.

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