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Luis Salom: Padre Nuestros, mariachis y muchas risas

El piloto vivió agradecido por dedicarse a su gran pasión desde que su abuelo le dio una Rieju para correr

Salom celebra la victoria en Brno en 2013.
Salom celebra la victoria en Brno en 2013. REUTERS

La tez morena, los ojos marrones y un lunar encima del labio. El pelo corto, el cuerpo tatuado, casi ni un centímetro de piel libre. Su madre, María, también en su piel y en el centro de sus pensamientos; siempre a su lado, en cada viaje (de Palma a Barcelona y de allí a medio mundo), en cada gran premio, cada día de entrenamientos, en cada cura, cada masaje en la clínica móvil de cada circuito del calendario. Su padre, también Luis, siempre aguardaba en Mallorca, junto al hijo pequeño, Jaume, el otro rey de la casa, de 16 años y con parálisis cerebral. Y su hermana, Toñi, la mayor, embarazada de pocas semanas. De hecho, dio la noticia a la familia tras el pasado gran premio de Italia.

Vivaracho, simpaticón, charlatán. Creyente. O como mínimo, de rituales fijos: santiguarse cada vez que se subía a la moto, rezar un Padre Nuestro antes de cada carrera. Apodado el Mexicano, aunque nacido en Mallorca 24 años atrás, a Salom le costó tanto desvelar de dónde le venía el apodo que el día que lo hizo tuvo miedo de no cumplir con las expectativas al explicar la historia. No había mariachis implicados. Lástima. Pero siempre había risas si el relato dependía de Luis. “Viene por mi mánager”, se arrancó.

Y siguió: “Su hermano, tenía un caballo de carreras negro, en Argentina, se llamaba Mexicano. Pero no le salió como él esperaba: resulta que en una carrera se quedó parado en la salida. Cuando el hermano me conoció y vino a unas cuantas carreras, empezaron con la broma, y a decirme que a ver si yo iba a ser como su caballo y me iba a quedar clavado en la salida”. Pero no lo hizo. De hecho, aquel día contó la historia de Mexicano rodeado de periodistas y tras subirse al podio. Subcampeón de Moto3, el salto a Moto2 le costó un poco más, aun así sumaba tres podios en estas últimas temporadas y era el décimo clasificado de la general de este año.

El 2012 fue su año: siete victorias, doce podios en total. Sólo un avezado Maverick Viñales le impidió convertirse en campeón del mundo de Moto3. Siempre fue el favorito de una temporada magnífica, competida, en la que se doctoró en victorias en la última vuelta. Pero, ironías de la vida, perdió el título en la última curva de la última carrera.

Se mordía las cutículas, pero nunca las uñas. No tomaba café. Ni leche. “Sólo zumos”. Y se enorgullecía de un adelantamiento doble que firmó en Indianápolis sobre el propio Viñales y Sandro Cortese, dos campeones del mundo, en aquel magnífico 2012.

Su abuelo Toni Salom, el instigador, a quien hay que buscar en Palma si se quiere uno comprar una moto, el que se llevaba a sus nietos (también a David y Toni) a montar en moto de pequeños y a entrenar al circuito de Calafat, de Palma a Tarragona, poca broma, con una Rieju, seguro que también recuerda aquel adelantamiento.

Le encaminó bien Toni. Era feliz. Decía Salom, el nieto, con su gracia particular, que no sabía que hubiera sido de no ser piloto: “Lo que sé es que no tendría la vida que tengo, estoy agradecido. Supongo que hubiese estudiado más, pero no tenía muchas alternativas. Y no me gusta más deporte que este. Un poco el boxeo, pero no tenía ganas de destrozarme mi cara bella”. Puro estilo Salom. No le apasionaba otra cosa. Pero su pasión acabó con su cara bella.

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