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La sala de espera de Ruesga

El asturiano, campeón del mundo con España y excentral del Veszprem, recupera su nivel en el Barça tras una grave lesión

Carlos Ruesga. Ampliar foto
Carlos Ruesga. EL PAÍS

Sería lógico pensar que, tras una grave lesión de rodilla, con 30 años de edad y acabando contrato con su equipo, un deportista profesional se sintiese frustrado y temeroso de que su carrera hubiera llegado a su fin antes de tiempo. Sin embargo, el espíritu de superación de Carlos Ruesga, jugador del Barcelona de balonmano, no tiene límites y ha sido capaz de darle la vuelta a una situación de lo más adversa a base de optimismo, trabajo y sacrificio. El central gijonés, campeón del mundo en 2013, sufrió una rotura del ligamento cruzado de la rodilla derecha en mayo en un encuentro entre España y Alemania. Con el vencimiento de su contrato con el Veszprem, húngaro, a falta de un mes, decidió ponerse en contacto con el Barça para iniciar su rehabilitación: “Tenía la posibilidad de elegir dónde operarme al lesionarme con la selección. Opté por Barcelona por mi confianza con el doctor Gutiérrez, médico de la selección en la etapa de Valero Rivera, e inmediatamente después el Barça me ofreció realizar la recuperación con los servicios médicos del club. Se han portado de manera excepcional conmigo y todo ha salido a la perfección, incluso he vuelto a jugar antes de lo previsto”.

Xavi Pascual, entrenador azulgrana, siempre contó con el jugador: “Para poder hacer la recuperación en el club tuvimos que hacerle ficha con el filial. Más tarde, tras la lesión de Filip Jicha, intervenido de pubalgia en noviembre, se dio la posibilidad de que pudiera jugar con el primer equipo”, afirma el técnico.

“Es un chico encantador, con una muy buena dinámica de grupo y que entiende perfectamente para qué ha venido: para ayudarnos”, añade. “Recuperará su mejor nivel pero hay que tener paciencia”.

Tenía la posibilidad de elegir dónde operarme. Opté por Barcelona por mi confianza con el doctor Gutiérrez", dice el gijonés

“Era consciente de que para recuperarme primero tenía que estar bien mentalmente”, relata Ruesga. “Me he esforzado en ser optimista; para ello ha sido muy importante contar con el apoyo de mi pareja, mis compañeros y el equipo médico”. A la lesión y rehabilitación, hay que sumarle la adaptación a una nueva ciudad y a otro vestuario: “Por suerte, ya conocía a muchos de mis compañeros en la selección, así que la adaptación ha sido fantástica. En el mundo del balonmano nos conocemos todos”, afirma complacido el central.“Barcelona es espectacular. Estoy acostumbrado a vivir en ciudades pequeñas como Gijón, León o Veszprem, y es un cambio considerable. Y respecto al catalán, lo voy entendiendo”, prosigue. “Se trata de una oportunidad que pasa una vez en la vida. Debutar con el Barça es un sueño incluso teniendo 30 años”.

“Empecé desde muy pequeño a jugar en el colegio. Estoy feliz de haberme decantado por el balonmano, sobre todo por los valores que te inculca y por los amigos que he hecho”, comenta el asturiano, cuyo hermano es también profesional y su padre llegó a ser portero internacional en categorías inferiores. “Es una pena que, a diferencia de otros países, el balonmano esté tan poco valorado en España: no nos hemos sabido vender bien”, explica. “Me ha encantado mi paso por Hungría porque allí sí que es un deporte muy seguido y las aficiones son espectaculares”, añade.

Ruesga debutó en noviembre con el filial y ha jugado varios partidos de Champions con el primer equipo y el domingo logró su primer título como azulgrana: la Copa Asobal. “El parón navideño me va a venir muy bien para volver al 100% en febrero”, concluye el internacional, con contrato hasta final de temporada con el Barça.

 

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