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El Barça se pierde en las áreas

El equipo azulgrana, al contrario que al inicio del curso anterior, concede demasiadas ocasiones y no afina tanto en el remate

Iborra remata ante Sergio Busquets. Ampliar foto
Iborra remata ante Sergio Busquets. Getty Images

Hasta que no consiguió recuperar el toque y el fútbol, el Barça se expresó el año pasado por su fiabilidad en las áreas. Piqué y Mascherano imponían su anticipación y corte al tiempo que Bravo atajaba en los momentos de apuro, del mismo modo que Messi y Neymar se las ingeniaban arriba para encontrarse y resolver los entuertos. No había pausas ni mezclas excesivas, sino que se jugaba en permanente transición, con las contras como cabecera y los resultados por definición, hasta el punto de que el Barça encadenó ocho encuentros seguidos sin encajar un sólo tanto —siete triunfos— para situarse de inicio en lo alto de la tabla. No era un juego excelso [como sí lo conseguiría al final del curso] sino que les alcanzaba con la superioridad en las áreas. Ahora, sin embargo, al Barça le ocurre lo contrario, débil a más no poder en la parcela que cobijan Ter Stegen y Bravo, y poco resolutivo en la contraria.

Desde que comenzara la pretemporada, a Luis Enrique le ha preocupado la poca intensidad que imprimen sus jugadores en la zaga y en sus inmediaciones. Resulta que no hay partido en el que los rivales no rematen una o dos veces dentro a un palmo del portero con tiempo suficiente para pensar y armar el disparo, también en ocasiones para tomarse un café. Y lo mismo da que sea en una contra, en una jugada dinámica o en otra de estrategia. “Ya sabemos dónde está el problema”, se contentó Luis Enrique hace un mes y medio, justo antes de empezar la competición. Pero no se ha solucionado porque el Barcelona ha encajado goles durante siete partidos seguidos y tanto da que esté Ter Stegen o Bravo bajo los palos; en la mayoría de las ocasiones quedan vendidos ante el delantero contrario. Así lo explicaron, sin ir más lejos, este fin de semana Krohn-Dehli e Iborra, futbolistas del Sevilla que remataron sin nadie que les echara el aliento en el cogote.

Una alineación para jugar de mil maneras

Las lesiones condicionan las alineaciones de Luis Enrique, que ha utilizado varios dibujos a partir de una formación muy versátil.

La opción inicial es el clásico 4-3-3, que pasa porque Munir o Sandro, los dos delanteros procedentes del filial, ocupen la plaza de Messi.

Una segunda alternativa es el 3-5-2 (o 3-4-3 o 3-4-2-1). Así utiliza a tres centrales y a dos laterales de largo recorrido, sobre todo para aprovechar el despliegue de Sergi Roberto o Jordi Alba.

Y el otro sistema que también puede utilizar es el 4-2-3-1, con Busquets y Mascherano en el eje de la medular, utilizando a Neymar de enganche para exprimir su pase en profundidad.

Desequilibrado el equipo por las sucesivas lesiones (Iniesta, Rafinha, Messi, Vermaelen, Bravo, Douglas, Alba, Alves...), hay futbolistas que no acaban de coger el tono y el equipo chirría. Piqué no tiene la jerarquía que se ganó el año pasado sobre el césped; Rakitic corre más que participa del juego; Busquets va y vuelve —exigido ahora porque Luis Enrique prefiere acumular músculo con Mascherano de mediocentro en vez de futbolistas con pie para la asistencia definitiva— sin lograr entregas que descuenten líneas de presión; y los delanteros fallan más que antaño, sobre todo porque la vida sin Messi —“es imposible de sustituir”, se lamentó el entrenador azulgrana— es mucho más complicada. El ejemplo también se sitúa en el duelo ante el Sevilla, donde el equipo remató en 28 ocasiones y se quedó con un único gol. “Es casi increíble irnos con un solo tanto”, se quejó Luis Enrique. “Si supiéramos las causas, haríamos más goles. Nos falta suerte a la hora de tener más puntería. Pero los jugadores debemos poner más de nuestra parte y buscar cambiar esta situación”, señaló Busquets. Con suerte, se refería, a los 12 palos que acumula el Barça en los 12 encuentros que ha disputado. Pero Luis Enrique lo tenía claro: “En eficacia no estamos en nuestros mejores números, pero esto va a cambiar seguro. No tengo ninguna duda”.

Una dinámica que tampoco se corrigen en la portería azulgrana, donde Ter Stegen y Bravo encajan como nunca: 17 dianas en ocho partidos el alemán y tres en cuatro el chileno. Así, no es extraño que el equipo de Luis Enrique haya empeorado sus registros; a estas alturas, el año pasado contabilizaba 12 tantos en contra por los 19 de ahora. Lejos quedan los clean sheets [porterías a cero] de Bravo, que en el ejercicio anterior cifró el récord azulgrana en 21 partidos. “Somos el mejor equipo del mundo y tratamos de evitar estos pequeños detalles”, reflexionó Luis Suárez cuando le cuestionaron por la facilidad con la que recibían tantos.

También encajan correctivos como el del Celta y el Sevilla, que recuerdan a la temporada 2003-2004 con Frank Rijkaard en el banquillo, última vez que el Barça perdió dos encuentros en las siete primeras jornadas. Queda mucho en juego, pero con flaquezas en las áreas y sin Messi, la pendiente es para arriba.

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