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Miguel Ángel López: “Íntimamente pienso en el oro”

El marchador español, bronce mundial hace dos años y campeón de Europa en 20km, cree llegado su momento

Miguel Ángel López, en Zúrich 2014.
Miguel Ángel López, en Zúrich 2014. AP

En ocho semanas de verano, junio, julio y agosto, entre la montaña pirenaica fresca de Font Romeu y el calor agobiante y húmedo de Barcelona, Miguel Ángel López ha recorrido a pie casi 1.200 kilómetros, 140 semanales en un camino de Santiago exagerado y acelerado, y del que ha salido tan contento que la víspera de llegar a su meta, un nada, 20 kilómetros en circuito cerrado en Pekín, dice: “Íntimamente pienso en el oro. No me conformo con la plata. Después del bronce de Moscú tengo que tirar para arriba. A priori, antes de la salida, no me veo luchando por algo que no sea el oro”.

Y no es el único que piensa que el oro está al alcance de sus zancadas. Su entrenador, José Antonio Carrillo, maestro de la escuela de Cieza, también lo piensa, por supuesto. “Tiene un saber estar único en carrera y técnicamente es el mejor del mundo”, dice. Y Ramón Cid, el director técnico del atletismo español, coincide, y hasta se emociona cuando lo dice: “Miguel Ángel es la bomba”.

Y López, un joven de 27 años, cuenta que apenas ha estado en casa con la familia, que pasa con Carrillo más horas que con nadie, pero que todas sus sensaciones son buenas, que no se ha lesionado, que se siente rápido y fuerte y que no teme para nada el doble liderazgo que se le ha asignado en Pekín, el de las esperanzas del atletismo español, compartido con Ruth Beitia, y el de una nueva generación de marchadores, que en España nunca faltan. “El saber que cuentan contigo no es presión extra, sino motivación”, dice el murciano, que llegó a la marcha precedido por el ‘boom’ catalán de Marín, Llopart y Massana, y luego Paquillo y su paisano Juanma Molina, y siempre, permanente, el lobo estepario Chuso García Bragado (cada vez menos lobo y menos estepario a los 45 años y plusmarquista mundial de participaciones: será el de Pekín el 12º Mundial del especialista en 50 kilómetros, que solo se ha perdido los tres primeros de los 15 organizados). Ahora manda él, pero ya siente cerca la aceleración de los dos jóvenes que le acompañarán esta noche (2.30 de la madrugada del domingo en España, una hora menos en Canarias) en la final: el extremeño Álvaro Martín y el madrileño Diego García, ambos de la escuela de Madrid, del grupo de entrenamiento de José Antonio Quintana. “Parece que no se acabará nunca la cantera. Siguen saliendo sin parar atletas jóvenes, que van muy fuertes y empujan, y nos motivan más a los que estamos arriba: crece la disciplina sin parar y nos obligamos a tener siempre objetivos más altos”.

Destaca también la presencia, a sus 45 años, de García Bragado en los 50km

Después de la purga de los nuevos dirigentes rusos, que no han inscritos a los marchadores de Saransk, en la lejana Mordovia, la escuela de Victor Chegin, extraordinario técnico que es capaz de igualar en casos de dopaje el increíble número de medallas ganadas, la marcha inicia en Pekín un nuevo camino, lo que a la vez alegra y fastidia a López y a Carrillo. “Me gustaría que estuvieran los rusos, a los que ya derrotó Miguel Ángel en el Europeo de Zúrich”, dice el técnico, “para que antes del final el trabajo estuviera más repartido entre todos y para que el grupo de cabeza fuera más compacto”. Recuerda el técnico que a falta de rusos habrá chinos, que marchan en casa, y japoneses y coreanos. “Serán muchos rivales y supongo que la prueba se decidirá al sprint, como en Zúrich”, dice Carrillo, quien recuerda que su pupilo, que cambió su preparación habitual bajando antes de la montaña para aclimatarse a la humedad, no teme ni a China ni a los chinos, ni a la contaminación ni a la humedad. “Que nadie olvide que su mejor marca la consiguió en una Copa del Mundo en China”.

También por razones meramente tácticas, a López también le habría gustado tener que pelear con los rusos. “Pero es un fastidio que te ganen los tramposos y que años después les quiten los títulos por doparse. Estoy totalmente en contra. Hacen mucho daño porque todos trabajamos y luchamos limpiamente por nuestros objetivos”, dice el marchador murciano. “Yo tengo la conciencia tranquila y puedo decir bien alto que nadie nunca tendrá que venir a quitarme las medallas que gano”.

 

La contaminación y Wanjiru

Los maratonianos, que inauguraron el Mundial la noche pasada, a la 1.30, temían la contaminación por lo que sufren sus bronquios y Pekín, sofocada, la teme por la mala publicidad, que se suma a la que China recibe estas semanas por el cianuro liberado en la explosión mortífera de Tinjan. Para paliar ambos problemas, los gases y la mala prensa, las autoridades han limitado a un tercio el tráfico habitual y los periódicos publican fotos en las que se ve el gran cambio producido y noticias que cuentan cómo estudios científicos publicados en ‘Nature’ reflejan que se ha sobredimensionado la contribución china al calentamiento global. Reconocen que es el país que más carbón consume, por lo que tiene las ciudades con el aire más sucio, pero, precisan, es de tan baja calidad y poder calórico el carbón chino que sus emisiones de dióxido de carbono, el gran enemigo de la capa de ozono, son mucho menores de lo que siempre se había estimado.

Este bravo esfuerzo publicitario se lo podrían haber ahorrado las autoridades, a quienes para convencer al mundo de que no es tan malo su aire les habría bastado con recordar la maratón olímpica de 2008, la carrera única e irrepetible de Sammy Wanjiru, un chaval keniano de 21 años que, sin temer a nadie ni a nada, desafió al calor, la humedad y la contaminación. Atacó pronto y corrió solo y muy rápido el keniano. Dejó con la boca abierta a espectadores y rivales. Ganó batiendo el récord olímpico con un tiempo espectacular: 2h 6m 32s. Pudo con todo. Su muerte, apenas tres años después después, no tuvo nada que ver con la contaminación que tanto temen sus herederos y adoradores, Dennis Kimetto y Wilson Kipsang, sino con sus problemas con las mujeres: se cayó por un balcón y la policía y los jueces aún no han concluido si fue suicidio, homicidio o accidente.

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