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Cesc Fábregas, el líder enmascarado

Cesc se acerca a los 100 partidos con La Roja y su protagonismo crece

Fábregas, en el partido ante Costa Rica.
Fábregas, en el partido ante Costa Rica. EFE

Basora es un mito del barcelonismo y de la selección, aunque solo sea porque jugó con Kubala y le cantó Serrat. Cesc Fábregas lo será del fútbol español, si no lo es ya: dos veces campeón de Europa, suyo fue el pase que Iniesta convirtió en gol aquella noche del 11 de julio de 2010 en Johannesburgo. El pasado jueves, en León, marcó su 14º gol con la selección y superó a Basora. Ya es el catalán que más goles ha cantado en La Roja. Con 96 partidos internacionales, a los 28 años, va camino de convertirse en centenario antes de que acabe 2015. Se dice pronto. Lleva nueve años en la selección, que lideró en León, enmascarado, tras la operación del tabique nasal a la que fue sometido hace bien poco.

“Me siento importante”, comentaba tras el entrenamiento de la selección en el mismo estadio donde capitalizó el juego de La Roja. Marcó, dio una asistencia y, al día siguiente, un recital con la palabra en la sala de prensa. “Nos vamos haciendo mayores”, reconoce. “Ya son nueve años en La Roja. He jugado con Raúl y Morientes, con Villa, Xavi Puyol y Casillas. Y ahora llega una nueva generación con la que afronto nuevos retos. Llevo 96 partidos, debería haber jugado más, pero espero cumplir muchos más, porque cada vez que me llamen voy a venir, me gusta estar en la selección”. Menos de portero y defensa, ha jugado de casi todo. “Si puedo elegir, juego donde ayer: libre, en el centro del campo. Me siento cómodo, es lo que he mamado desde pequeño”, confesó el volante del Chelsea, el futbolista español mejor pagado, con un sueldo de 18 millones de euros brutos al año, según la revista Forbes.

A la espera de su segundo hijo en menos de un mes, se declara feliz en su vuelta a Londres pero no niega, que pese a ganar la Premier y la Capital One, ver al Barcelona llevarse el triplete, quiera o no, le ha dejado un cosquilleo en el estómago: “He visto todos los partidos porque soy del Barça y me alegro mucho por ellos. Me hubiera hecho ilusión vivirlo, pero no me he arrepentido en absoluto de volver a Londres”, explicó, todavía pasmado al comprobar cómo la rivalidad entre Barça y Madrid puede con todo, incluida la unidad de la afición con La Roja.

 

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